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Leandro Erlich En El Grand Palais

Leandro Erlich en el Grand Palais

Uno de esos artistas que puede atrapar a un público menos versado en el arte, mayores y niños, es el argentino Leandro Erlich (1973) que desafía nuestra percepción.

Trabaja para la galería Prat Nogueras Blanchard donde ya había tenido oportunidad de ver su obra en alguna ocasión. La muestra del Grand Palais nos permite no sólo conocer algunas de sus piezas más emblemáticas, sino descubrir sus entresijos, los trucos e ilusiones ópticas con los que confunde y sorprende al espectador.

Encontramos nubes ingrávidas formadas a partir de quince láminas de vidrio intercaladas que con la luz generan sensación de volumen. Le interesa estimular nuestra imaginación. Las nubes nos retrotraen a nuestra infancia cuando jugamos a imaginar las diferentes formas que pueden adoptar, como si se quisiéramos acercarlas a nuestro mundo.

Leandro Erlich

“La nube” (2018)

Emplea instalaciones, escultura y arquitectura que construye a escala humana, como esta piscina en la que en vez de agua hay una imagen de agua azul en movimiento. Por debajo la gente puede entrar y mirar hacia arriba mientras los de la parte superior se asoman a la piscina y creen ver a personas vestidas andando bajo el agua tranquilamente sorprendiéndose de que nos les limite la respiración.

Leandro Erlich

“Agua blanda” (2003)

Unas ventanas con una persiana veneciana dejan entrever el edificio de enfrente en el que se observa cómo personas desconocidas hacen su vida con diferentes ritmos. Una pareja discute, un grupo de amigos se divierten en una fiesta o un pintor pinta tranquilamente en su estudio. Es como si espiáramos a nuestros vecinos inmiscuyéndonos en su intimidad a modo voyeurista, recordándonos a la película “La ventana indiscreta” de Alfred Hitchcock. Consigue transformar la realidad.

Leandro Erlich

“La vista” (1997)

Por otra parte, encontramos la construcción de un jardín con una ventana a la que te puedes asomar para ver sus plantas. Un juego de espejos consigue que no sólo el jardín parezca infinito, sino que en vez de verte de frente te ves en un extremo como si estuvieras espiando. Además, si alguien se asoma en el otro lado aparecerá también en una posición imposible engañando la vista. Es una instalación experiencial.

Leandro Erlich

“El jardín infinito” (2025)

Son instalaciones inmersivas en las que se transforma la arquitectura cotidiana, siendo el espectador parte de la obra. Utiliza técnicas como la del fantasma de Pepper que aplica a un salón. El espectador se sienta en otro salón contiguo separado por un cristal. Mientras el lado del público está iluminado, el otro permanece oscuro. La luz sobre el vidrio actúa como espejo y el espectador se ve reflejado semi transparente, como si fuera un fantasma, en el salón contiguo.

Leandro Erlich

“Le cabinet de Puy” (2005)

Juega con la escala, la perspectiva, espejos y trampantojos que nos desorientan y modifican nuestra percepción del espacio. Destaca un espejo monumental suspendido a 45 grados que refleja la fachada de un edificio que está colocada en el suelo. El público puede tumbarse sobre la fachada y reflejarse en el espejo simulando que cuelga de ella. De esta forma, hace posible lo aparentemente imposible. No pude resistirme a participar tumbándome como si me cayera de una ventana.

Leandro Erlich

“Edificio” (2004)

En definitiva, una exposición que desafía nuestros sentidos en la que la interacción del público define la obra y nos hace cuestionar la realidad.

Hasta el 6 de septiembre de 2026

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