“La señora Dalloway” de Virginia Woolf
Tenía ganas de leer a Virgina Woolf (1882-1941) porque sólo recordaba haber leído uno de sus libros y aunque me había dejado buen sabor de boca no era capaz de hacer una simple evaluación de su obra. Además, me di cuenta de que apenas leo a autoras así que merecía, con más razón, mi atención y deliberación.
“La señora Dalloway” marca varias innovaciones:
-Flujo de conciencia: muestra sus pensamientos tal y como brotan en la realidad, enlazando recuerdos y mostrando el subconsciente de sus personajes. Hasta entonces se habían hecho monólogos interiores, pero de forma más ordenada e irreal.
-Novela en un día centrada en sus pensamientos: no sólo consigue desarrollar toda la novela en un día profundizando más en los sentimientos y razonamientos de los protagonistas, sino que usa las campanadas del Big Ben para situarnos en Londres y reflejar ese paso del tiempo que marca nuestras vidas. Aunque hay ejemplos de novelas desarrolladas en un día, lo que incorpora Woolf es que a pesar de que relata una jornada, a través de los pensamientos de los personajes el lector puede recorrer un espacio temporal mucho más amplio de sus vidas.
Los monólogos interiores descubren el cuestionamiento que hace la protagonista sobre su identidad, las decisiones que tomó en el pasado y si fue adecuado primar el status y la estabilidad frente al amor y lo intelectual.
Cada personaje cumple un papel. Por un lado, sus dos amores que hemos mencionado antes para reflexionar sobre nuestras prioridades y decisiones. Por otro, su amiga Sally, como reflejo de represión y de una aparente tendencia homosexual, un tema que marcó a Woolf y que se deja entrever en sus obras. Por último, el suicidio de Septimus que nos hace reflexionar sobre la extrema sensibilidad, los miedos, la complicada adaptación a la realidad social imperante y la locura, que se expresa inmejorablemente por una autora que aparentemente tuvo trastorno bipolar.
Por último, quiero mencionar su acierto para escoger que la trama transcurra en una fiesta. Es una forma de aliviar y alegrar la vida, sirviéndole para salir de su aislamiento y contrarrestar la situación política afectada por la primera guerra mundial. Allí suceden tres grandes hitos que le hacen cuestionarse su vida: la aparición de un antiguo amor, la de su amiga con la que se dio un beso en su infancia y la del psiquiatra que informa del suicidio de Septimus.
En definitiva, una magnífica obra en clave femenina, que permite ahondar en esa sensibilidad y emocionalidad más comunes en las mujeres y que además de compartir su pérdida de identidad tras contraer matrimonio defiende la complejidad psicológica de un ama de casa, comparable a otras tareas masculinas.
