Annette Messager en el Museo de la Caza y la Naturaleza
Ya he comentado en alguna ocasión que una de las riquezas del arte es que además de ver buenas exposiciones descubres lugares a los que nunca hubieses ido. Uno de los ejemplos es el Museo de la Caza y la Naturaleza de París, un museo que nunca imaginé que podía resultar interesante. Tras la decepción de descubrir que ese día estaban cerrados los museos que tenía planificados, tuve que investigar un poco y me encontré que allí exponía la artista francesa Annette Messager (1943) lo que me decantó a elegir este espacio.
Con no demasiadas expectativas me acerqué a ese museo en el barrio de Marais y me sorprendió lo cuidadosamente que había sido concebido, colmado de elegancia y sutileza. Por poner un ejemplo, la biblioteca era un cubo forrado de plumas verde azuladas, dentro del cual cada pared albergaba libros de un color: rojo, azul o verde, que se iban degradando. Enormemente atractivo y si no hubiese sido por las prisas con las que habitualmente me muevo, me habría refugiado felizmente en su interior. Como éste mil detalles que hacen que recomiende un museo como éste independientemente de si hay o no una exposición. De hecho, fue emocionante ver que entre semana estaba lleno de adultos y de grupos de niños que acudían con su escuela y que no dejaban de hacer preguntas a sus profesores.
Aquí Messager propone un recorrido por quince salas que abarcan diferentes temáticas, compuesta por 80 obras.
A partir de 1990 la artista emplea peluches en sus obras, como cadáveres de la infancia. A lo largo de las salas nos encontramos por los lugares más insospechados, peluches de animales que contrastan con los animales disecados y que otorgan un aura más infantil.
Nada más entrar observamos en una de sus salas cómo cinco conejos de peluche están suspendidos del techo y moviéndose por efecto de un ventilador. Se mezcla la sensación de ternura del peluche con el acto en sí que puede resultar macabro.
Por otro lado, doce animalitos de peluche penden de una pared como si fueran reliquias. Del cuello de cada uno de ellos cuelga la imagen de diferentes partes de la anatomía humana como si se tratasen de amuletos.

“Doce pequeñas efigies” (1990)
Sentado en una silla un osito de peluche abraza a un zorro de cuero como si formaran parte de un dormitorio de niño que juega con ellos o de un cuento infantil. El zorro lleva pintado en el cuerpo la palabra “Esperándote”, un mensaje que podría ser romántico entre una pareja, pero que al tratarse de la representación de un animal salvaje puede resultar a su vez algo inquietante.

“Esperándote” (2023)
En otra sala cuelga del techo un gato disecado al que se abraza un perro de peluche mezclando lo real con lo irreal. La imaginación con los miedos y fantasmas.

“Gato-peluche” (2010)
A Messager le interesa analizar la ambigüedad mezclando elementos del mundo animal con el hombre, como un caracol con una calavera. Se trata de una escultura de bronce en la que la calavera simboliza la muerte mientras que el caracol alude a la paciencia, resiliencia y conexión del alma con el universo. Representa cómo la mente y los pensamientos del hombre giran entorno a la muerte.

“El paseo de un caracol” (2022)
La artista busca nuevos significados a partir del universo animal. Parte de la constatación de que los animales mueren como nosotros para representar a una pareja de pájaros vestidos de época que reposan sobre un cojín. La humanización de los pájaros que yacen como Romeo y Julieta es sobrecogedora.

“La pareja” (1990)
Galardonada con el León de oro en la bienal de Venecia en 2005, el máximo galardón en el arte contemporáneo, Annette Messager conjuga en esta propuesta un análisis poético y político de la animalidad con una reflexión crítica de los museos. El museo de la caza y la naturaleza conforma el lugar ideal para exponer su obra y generar tanto un ambiente divertido, tierno y evocador, como sorprendente e impactante.
Hasta el 20 de septiembre de 2026
