Hammershoi en el Museo Thyssen
Me encanta ir a grandes instituciones como el Museo Thyssen-Bornemizsa y descubrir a artistas como el danés Vilhem Hammershoi (1864-1916).
Su pintura figurativa, que nos remonta a la de los holandeses del siglo XVII, es altamente evocadora. Retrata a su entorno más cercano, especialmente a su mujer con la que comienza la muestra. La presenta reiterativa y obsesivamente posando como en este retrato inicial o de espalda, como si no advirtiera la presencia del artista.
Emplea una paleta reducida de colores en el que predomina el blanco, un color que Kandinsky equiparaba al silencio. El rostro es pálido, plasmando la pureza y delicadeza de su amada. A su alrededor, la gama cromática gira alrededor del gris, marrón y negro. La pincelada es corta y vibrante.

“Retrato de Ida Ilsted, futura mujer del artista” (1890)
La mayoría de los óleos presentan interiores domésticos, bastante vacíos de su hogar. Predomina el silencio, la lentitud y la austeridad. Sólo representa a quién conoce y lo que conoce como una forma de control y contención.
En esta ocasión, su mujer aparece de espalda de forma discreta junto a un piano que denota su pasión por la música. En otro cuadro figura tocando una melodía en ese mismo piano.

“Interior con la mujer del artista vista de espaldas” (1901)
También podemos contemplar a su mujer leyendo, apoyando el brazo en la mesa como si llevara mucho tiempo en esa posición. Lee en silencio, un silencio compartido. Se encuentra en una sala rodeada de puertas cerradas que denotan otros espacios inicialmente ocultos de los que puede brotar una acción que rompa esa apacibilidad.

“Una habitación en la casa del artista en Strandgade, Copenhague, con su mujer” (1902)
En otro de ellos, vuelve a jugar con las puertas. En esta ocasión, entreabiertas. Nos deja ver a su mujer a través, mirándonos como si hubiese sido sorprendida. Ella toca ligeramente la mesa como si buscara un apoyo.
“Interior de Strandgrade con la mujer del artista ” (1917)
Tras esas puertas que se entreabren también podemos verla distante, de espaldas como si fuese una fotografía robada que irrumpe en su cotidianeidad. Destacan las líneas arquitectónicas de molduras y puertas. Son comunes las ventanas que filtran la luz. Habitaciones vacías, silenciosas y con un punto inquietante, que sorprenden en un mundo actual dominado por el ruido.

“Sala de estar” (1906)
En una sala del museo escapa del mundo interior para centrarse en paisajes de la naturaleza, en los que aunque no haya presencia humana, percibimos armonía y ritmo. Son paisajes lejanos que no sugieren ni ruido ni movimiento.
“El parque de Sondermarken en invierno (1895-6)
En la última sala nos despide otro retrato de una mujer, esta vez desnuda. Parece ser observada mientras se encuentra en el baño, en su intimidad. A pesar de la presencia la sensación es de ausencia, de lejanía y soledad.
“Desnudo femenino de pie” (1909-11)
A través de un centenar de obras, Hammershoi nos muestra su universo silencioso, predominantemente doméstico en el que dominan las puertas entreabiertas y su mujer de fondo, con una mirada voyerista en el que reina la frialdad, la calma y el misterio.
Hasta el 31 de mayo de 2026
