Ester Partegás en el CA2M
Hace casi veinte años me enamoré en la feria de arte ARCO de una pieza de la artista catalana Ester Partegás (1972). Una fotografía protagonizada por ciudadanos paseando con bolsas de compras en las manos y que pasan junto a una basura, el destino de muchas de esas adquisiciones consumidas. Caras borradas con pinceladas de color y un mensaje apocalíptico que describe los síntomas del consumismo: fiebre, rigidez en los músculos o presión arterial. Realmente me impactó cómo cada elemento aparentemente banal como una bolsa o la propia basura construye un mensaje tan potente, de crítica a una sociedad consumista que acaba necesitando ayuda médica. Esa obra me sigue acompañando y desde entonces he seguido su trayectoria que ahora se presenta tanto en el Museo Es Baluard de Palma de Mallorca como en el Centro de Arte Dos de Mayo (CA2M) de Madrid.
La muestra comienza con algunos retazos de su obra de los 90 en el que ponía un foco en las etiquetas de la comida para resaltar los conservantes y colorantes, esos ingredientes artificiales que componen lo que comemos, recordando que somos lo que consumimos. Al deformar las etiquetas recalca cómo después de consumir lo que en un packaging puede tener una apariencia maravillosa acaba arrugado y destrozado.

“Polylumpious tetraflacidontics serie” (2022)
En esa línea también son maravillosos los Detours y Rotondas. Dibuja tickets de la compra y sustituye los objetos comprados por pensamientos que nos hacen reflexionar, como «Aprendiendo a valorar lo que ya tengo». Describen cómo, en ocasiones, consumimos para olvidar y rellenar vacíos. Los recibos son papeles que quedan arrugados y que reflejan lo efímero de lo que consumimos.

“Detours, Rotondas” (2001-2025)
Es una constante en la obra de Partegás, fijarse en lo que pasa desapercibido. Etiquetas de alimentos, recibos o cualquier elemento cotidiano humilde como puede ser un pedazo de pan, un bolsillo o una cesta de ropa sucia.
De esta forma, coloca tostadas de pan, unas encima de otras, jugando con el equilibrio y construyendo arquitecturas similares a las ruinas romanas. El pan actúa como piedra ahondando en su valor como constructor de una civilización. Su porosidad refleja la permeabilidad de nuestras estructuras básicas. Incluye pegatinas infantiles que no sólo nos retrotraen a su realidad familiar sino que relajan la profundidad de su temática.

“Knead, penétrate, let go” (2025)
En esa línea concibe cestas de la colada a gran escala que actúan como protección o refugio ante la dinámica familiar doméstica. Construye un jardín con estas cestas, interviniéndolas con flores que extrae de papeles pintados de sus paredes, manteles, tejidos o fotografías de revistas. Consigue una intimidad desasosegadora.

“The Artist Is the Garden” (2025)
Objetos a los que ponemos poca atención como son los bolsillos, un espacio que esconde nuestras manos o pequeñas piezas que quedan olvidadas en ellos. Los cose unos junto a otros creando una cadena de bolsillos anónimos y los cuelga en la pared, dotándole de un carácter escultórico.

“Cercado. Cestas de lavandería” (2021) y “Continuum” (2025)
Recrea cortinas de plástico de los mercados callejeros, translúcidos y fantasmagóricos que sirven para separar los ambientes a modo de arquitecturas.

“The Passerby” (2015)
La muestra está comisariada por Bea Espejo, una de mis profesoras del máster de arte actual y coleccionismo, que me he vuelto a reencontrar. La titula “Arquitectura menor” mostrando la relación de la artista con objetos cotidianos a los que apenas prestamos atención que, al elevarlos a escultura, nos hacen reflexionar sobre lo doméstico y su fragilidad, ahondando en su impacto psicológico en nuestra sociedad.
Hasta el 14 de junio de 2026
