Maruja Mallo en el Museo Reina Sofía
Siempre me ha gustado mucho la artista gallega Maruja Mallo (1902-1995) que formó parte de la Generación del 27, junto a artistas que admiro como Salvador Dalí (1904-1989), Federico García Lorca (18989-1936) o Luis Buñuel (1900-1983). Fue una de las artistas más innovadoras de la vanguardia española que representó a la mujer activa, independiente y moderna consiguiendo gran relevancia a nivel internacional.
La retrospectiva que organiza el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía es una oportunidad para conocer su obra en profundidad, no sólo su faceta de pintora sino también como escenógrafa o por sus performances que fotografió.
A finales de la década de los años 20 inició su serie de Estampas y Verbenas (1927-1928) que reflejaba su interés por las fiestas populares en las que se aprecian diferentes tradiciones. Combina personajes de diferentes culturas e imágenes de la mujer moderna colmadas de vitalidad y optimismo. En esta exposición han conseguido por primera vez juntar toda la serie de verbenas que realizó. En las estampas aparecen magos y otras atracciones populares.
Me encantó la “Guía Postal de Lugo” que superpone imágenes de la ciudad con una división geométrica, de forma muy cinematográfica.

“Guía postal de Lugo” (1929)
Posteriormente cambia de registro con su serie “Cloacas y campanarios” (1929-1932) donde muestra paisajes oscuros apocalípticos en los que predominan los huesos y la mugre. Son paisajes oníricos desérticos, desoladores, que se aproximan al surrealismo y que muestran su creencia por la necesidad de acabar con la burguesía y comenzar un nuevo mundo.

“Tierra y excrementos” (1932)
A partir de aquí decide construir sus “Arquitecturas minerales y vegetales” (1932-1933) donde minimiza las figuras a líneas que configuran el contorno geométrico. Supone la búsqueda hacia un nuevo orden y equilibrio.

“Arquitectura vegetal” (1933)
Se exilia en Argentina donde comienza otra serie denominada “La religión del trabajo” (1936-1939) en la que realiza grandes retratos de la mujer trabajadora con campesinas y marineras que reflejan la relación entre la naturaleza y el hombre de forma circular. En “Sorpresa de trigo” surge trigo de las manos de una campesina simbolizando la protesta que hubo a principios de mayo en la que las mujeres llevaban espigas en las manos para reclamar pan.
Allí experimentó con otras materias llegando a ser muralista, escritora y escenógrafa.

“Sorpresa de trigo” (1936)
Entre 1941 y 1944 realiza la serie “Naturalezas vivas” que sugieren formas femeninas sensuales con colores potentes que evocan órganos sexuales. Destaca la relación del hombre con la naturaleza y el mar. Considera que todo está conectado y lo plasma a través de la geometría con un punto exótico y esotérico.

“Naturaleza viva XIII” (1943)
En el mismo año inicia “Cabezas de mujer” (1941-1952) como consecuencia de sus viajes a países como Uruguay o Brasil donde descubre una gran diversidad de razas y culturas que plasma en sus lienzos como defensa de la universalidad.

“Cabeza de mujer negra” (1946)
En la serie “Máscaras” (1948-1957) juega con la ambigüedad cuestionando la identidad. Refleja su carácter intrigante y críptico. Le permitían al igual que con el teatro fantasear sobre su visión del mundo. Como decía su amiga María Zambrano (1904-1991) muestra su relación con el exilio por sentirse fuera de lugar.

“Estrellas de mar” (1956)
Por último, en la serie “Protoesquemas” (1968-19732) vuelve a interesarse por la geometrización. Aparece la espiral como forma básica de la naturaleza en la que las curvas se multiplican generando gran dinamismo.

“Caracola. Atlántico Sur” (1968-1970)
En definitiva, una gran artista que formó parte de las Sinsombrero empleando figuras mayoritariamente femeninas y máscaras, con las que reivindicó a la mujer moderna, libre e independiente. En sus inicios tiene matices propios del realismo mágico para luego evolucionar a un lenguaje más geométrico y armónico, hasta los últimos años que son de reclusión y silencio.
Hasta el 16 de marzo de 2026
