Robert Rauschenberg en la Fundación Juan March
Llevo casi treinta años en Madrid recorriendo exposiciones cada semana y todavía me sorprendo. Es habitual que alabe las visitas guiadas de la Fundación March, por lo que es extraño que acuda a ver una de sus muestras prescindiendo de ellas. Sin embargo, esta vez decidí ir a la inauguración de la exposición del artista norteamericano Robert Rauschenberg (1925-2008) sin saber qué me iba a encontrar. La organizaron en el auditorio que ya es una señal de solemnidad y profesionalidad. Allí no sólo hablaron los directores del centro, de la parte artística y de la fundación Rauschenberg con la que han colaborado, sino que amenizaron la charla con un espectáculo de un saxofonista en honor al músico con el que el artista había inaugurado una importante muestra, remitiéndonos a ese momento histórico, así como con una pareja que hizo un espectáculo de danza que ayuda a entender la importancia de la performance para el artista. Fue sin duda una inauguración exquisita, maestralmente diseñada.
Explicaron que la primera exposición del artista tuvo lugar precisamente hace cuarenta años en esta institución y cómo siendo el centenario de su nacimiento era un momento ideal para rememorarlo. Sin embargo, tenían claro que debía ser con un enfoque totalmente diferente. Decidieron centrarse en el uso que hizo el artista de las imágenes ya que la fotografía es vertebradora de su obra.
Comienza la muestra con una serie de fotografías que realizó en la década de los 50. Su timidez y curiosidad hicieron que la fotografía se convirtiera en un escudo social. Su deseo de abarcarlo todo le llevó a iniciar proyectos ambiciosos como el de fotografiar América palmo a palmo, que lógicamente abandonó.
Fue en Nueva York y posteriormente en sus viajes por Europa y en China donde comenzó a fotografiar en color.
En 1949 trabajó en cianotipos colocando objetos y cuerpos en material fotosensible para posteriormente entre 1954 y1964 desarrollar combinados en los que mezclaba la pintura, fotografías e imágenes de prensa construyendo collages tridimensionales.

“Oportunidad 7” (1956)
A principios de los años 50 inventa una técnica llamada “transfer” por la que al aplicar un disolvente a una revista junto al ejercicio de presión conseguía transferir las imágenes al soporte. Sin embargo, esta técnica tenía sus limitaciones ya que únicamente podía transferir la imagen una sola vez. Recurrió entonces a otras técnicas como la litografía que le permitían copiar y multiplicar las imágenes. Tras su visita al taller de Andy Warhol queda fascinado por la serigrafía que le permitía transferir las imágenes al lienzo y que aplicó a diferentes materiales como el plexiglás.

“Shades” (1964)
En los años 60 le robaron su cámara lo que le motivó a continuar experimentando con nuevas técnicas y materiales. Surgen entonces sus pinturas serigrafiadas en las que introduce objetos de la vida real que encontraba en la calle dentro de la pintura, con las que ganó un premio en la bienal de Venecia en 1964. Tanto la inserción de imágenes de prensa como la de objetos cotidianos en su obra abría un diálogo con la cultura de masas que se convertía protagonista de sus piezas. Las colocaba de forma aleatoria sin seguir ningún orden lo que fue muy llamativo para el arte de entonces.
Por otra parte, desarrolló proyectos escenográficos. Trabajó con varios coreógrafos como la también bailarina Trisha Brown (1936-2017) con la que colaboró en varias ocasiones. En una de las salas se exhibe parte del vestuario para la pieza de danza que concibió en 1983. Los vestidos están realizados con una tela fina en la que serigrafió algunas de sus fotografías y que combinan con otras obras en la misma sala realizadas a partir de tinta serigráfica sobre lienzo.

Entre 1984 y 1991 viajó a países esencialmente totalitarios que retrató e intentó promover la libertad de expresión. Los viajes le permitían conocer su realidad social para lo que contactaba con artistas y artesanos locales que le ayudaban a profundizar en la sociedad del lugar.

También experimentó con los materiales empleando soportes metálicos como el cobre, el acero o el aluminio como esta tinta serigráfica sobre aluminio.

“Onix 2” (1991)
En 1992 empezó a utilizar la impresora. Le otorgaba nuevas posibilidades como la escala y la simplicidad de evitar el uso de disolventes dañinos para el medio ambiente. Continuando con la experimentación exploró otras modalidades de producción como la cera al fuego y la impresión en yeso.

Serie huecograbados (1999)
Fue un artista innovador y transgresor que componía mezclando pintura con imágenes propias o de los medios de comunicación incluyendo en sus obras elementos de la vida cotidiana, con un carácter desordenado que refleja la sociedad caótica del momento y anticipa la apoteosis de las imágenes de la actualidad.
Hasta el 18 de enero de 2025
