Tarsila do Amaral en el Guggenheim
He tenido la oportunidad de conocer más en profundidad la obra de la artista brasileña Tarsila do Amaral (1886-1973) de la que tenía una imagen de arte naif característico de su país, que no era capaz de valorar de forma justa.
El museo Guggenheim organiza una retrospectiva de esta artista que creó el modernismo brasileño, recurriendo a lo indígena y a la naturaleza para retratar la sociedad e identidad del país.
La formación que recibió en su país natal tenía como referencia el arte tradicional francés. Fue en Sao Paulo donde descubrió las vanguardias.
Estuvo viviendo en París en los años 20, donde nacía el modernismo, empapándose de todos los movimientos que estaban en ebullición en ese momento. El cubismo le pareció un arte fascinante ya que le permitía mirar desde otro lugar, lejos de la tradicional centralidad.
En 1928 comienza el movimiento antropofágico, una metáfora de la apropiación que hace Brasil de las culturas extranjeras. Es un canibalismo cultural que consiste en asimilar la cultura del colonizador para posteriormente construir algo nuevo.
Concibe imaginarios oníricos como este huevo detrás del cual aparece un animal que agarra con fuerza un pincho que surge del suelo. Lo atrapa como si no quisiera dejar escapar lo que nace de su tierra. Probablemente una metáfora de esa apropiación de las nuevas culturas que surgen en el país.

“Urutu” (1928)
Su pintura es sincretista aunando un conjunto de ideas. Construye paisajes sugerentes, exóticos y evocadores, en los que emplea una paleta reducida, con colores brillantes y vivos. Aquí mezcla el verde de la naturaleza y el azul del cielo con campos morados. Queda patente la geometría en sus paisajes que aplica con gran sencillez generando gran armonía.

“Floresta” (1929) y “Distancia” (1928)
El interés por el primitivismo le lleva a indagar sobre su patrimonio, la cultura indígena, que muestra con gran exotismo. Incluso retrata las imágenes religiosas, como la virgen con su hijo, rodeadas de flores y gran colorido.

“Religiao brasileira” (1927)
La crisis del 29 le afecta económicamente y comienza a interesarse en el análisis del sistema y estructuras económicas. Es entonces cuando retrata a los trabajadores en fábricas o en oficios como estas costureras. Emplea tonos más apagados y sobrios que reflejan su mirada menos alegre hacia esta parte de la sociedad que cohabitan con esclavos de África. Representa esta mezcla de brasileños en origen con afrodescendientes aplicando una gama de tonos que diferencian los colores de piel.

“Costureiras” (1950)
Al vivir fuera de Brasil y descubrir el interés que despierta su país en los artistas parisinos retorna a él de la mano del cubismo. Reproduce paisajes urbanos arquitectónicos con gran geometría.

“Passagem de nivel III” (1965)
De hecho, la creación de Brasilia en los años 50 le incita a construir la metrópolis. Sorprende la sencillez con la que lo realiza a base de la sucesión de pinceladas rectangulares verticales de distintas alturas armónicas en tonos azulados y violáceos con una base arboleada verde. En algunos edificios se aprecian pequeños cuadraditos que representan las ventanas y que le otorgan un carácter más realista.

“A metropole” (1958)
De la misma forma pinta interiores con objetos cotidianos como una muñeca con una falda acampanada. Detrás suyo tras una ventana se observan edificios con líneas cuadriculadas. Incluso una planta posa sobre un macetero cilíndrico insistiendo en la geometría.

“A boneca” (1928)
En definitiva, Amaral inventó un lenguaje que hablaba de la transformación de Brasil mostrando una frescura exuberante y exótica con un trazo limpio, geométrico basado en líneas sencillas y armónicas.
Hasta el 1 de junio de 2025
