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Inés Medina En El Museo ARTIUM De Vitoria

Inés Medina en el Museo ARTIUM de Vitoria

Hay artistas cuya obra tiene un áurea especial que te atrapa sin saber por qué. Esto me ocurrió con la artista cacereña Inés Medina (1950), de la que me entusiasmó una obra muy sencilla compuesta por dos puntos negros sobre un lienzo blanco que descubrí en una exposición en la galería José de la Mano. De forma impulsiva pregunté por su precio sin conocer a la artista, algo que suelo evitar hacer. Me pareció de una sencillez y belleza abrumadora, pero me dijeron que ya estaba vendida y me fui aliviada ya que no iba a tener que sufrir planteándome si debía adquirir una de esas pinturas que mucha gente no comprendería porque creería que lo podía haber hecho ella misma, y de la que carecía de referencias para defender.

Una semana después pasamos por el museo de arte contemporáneo de Vitoria, el Artium, para ver una retrospectiva de su obra. Cuando decidí parar allí todavía no era consciente de que era la misma artista que había descubierto en la galería, pero al descubrir su estilo en la web me pareció interesante.

Esta muestra fue un flechazo total. No sólo por su faceta plástica geométrica sino por toda la investigación que lleva implícita. Para ella, el arte es una herramienta de conocimiento sobre la que profundiza a lo largo de veinticuatro series, desde 1978 hasta la actualidad.

Las dos primeras décadas de su carrera fueron dedicadas a la abstracción, y en sus dos primeras series pretendía que el color trascendiera al espacio. A través del estudio de la forma construye conocimiento. Inicialmente se basó en el empleo de colores primarios con los que trataba de conseguir la percepción de la tridimensionalidad,  desde la propia bidimensionalidad.
Un ejemplo de ello es la Serie 2 denominada “Espacialidad abstracta, aspectos sensoriales de la materia” que desarrolla en 1979 y 1980. Mezcla pintura con látex y agua generando colores intensos que le llevaron a estudiar la espacialidad desde la minimización de la forma.

Inés Medina

“Rojo y azul” y “Rojos distintos”(1980). De la Serie 2.

En la Serie 3 todas las obras son blancas, pero con diferentes formatos. Aplica pintura blanca al lienzo blanco o transparente y al propio bastidor. Juega con la contraposición de la transparencia y del espesor de capas. Su objetivo es construir esculturas a partir de los materiales de la pintura, pasando de lo bidimensional a lo tridimensional.

Inés Medina

“Obras blancas” (1980-1981). Serie 3.

La Serie 6 se denomina “La imagen potencial” que concibió desde 1983 hasta 1991. Admiradora de Mondrian, parte de un lienzo que divide en dos, pintándolo mitad blanco y mitad negro. Sobre él aplica como Mondrian la línea vertical, la horizontal y colores primarios, pero manteniendo lo bidimensional. Para ello recurre al ordenador. Son curiosos sus recortes que de alguna forma fomentan esa tridimensionalidad ansiada. Además, en los casos en que no pinta el fondo se manifiesta su deseo de independizar la forma del lienzo.

Inés Medina

Superposiciones de planos. (1991-1993). Serie 6.

En la Serie 7, “De los límites y sus productos. La forja del alma”, que trabaja en 1991 y 1992, simplifica el uso de color reduciéndolo al blanco y negro. Investiga sobre esos límites con el ordenador y la impresora para conseguir la tridimensionalidad. En algunos casos los trasladó al lienzo en blanco y negro, en otros reemplaza el blanco por el rojo o azul como en el caso de “Corazón” donde cuatro cuadros cuadrados dibujan otros cuadrados en su interior, aplicando diferentes grosores que evocan el bombeo del corazón.

Inés Medina

“Corazón” (1992). Serie 7. “Ha nacido una estrella” (1988). Serie 6.

En “La lente” la sucesión de líneas blancas sugiere una construcción curva, generando un efecto óptico.

Inés Medina

“La lente” (1991). Serie 7.

La Serie 8 “Desde la pura medida a la emoción” fue realizada entre 1992 y1993. Recurre a las creaciones de planos que generan diferentes significados como en el caso de “Derrame de rojo en una perspectiva pura” en el que se evoca un edificio con escalera. Son construcciones de símbolos y ritmos que generan emocionalidad.

Inés Medina

“Derrame de rojo en una perspectiva pura” (1993) Serie 8.

La Serie 9 toma el nombre de “Despegue o Liberación emocional femenina” efectuada en el periodo 1992-1995. En “El tintero” se genera la sensación de movimiento. Parece que los propios cuadrados vuelan por el espacio.

Inés Medina

“El tintero” (1995). Serie 9.

Allí descubrí que dos de sus series giraron alrededor del punto a partir de la deconstrucción de planos, llegando a la conclusión de que el punto es lo único necesario e imprescindible para construir una imagen tridimensional a partir de un soporte bidimensional.

Desde 2000 a 2023 se centró en lo psicoanalítico y en particular en el género femenino, recurriendo al simbolismo por medio de nuevas series.

En definitiva, observamos cómo su interés por la pintura radica en su funcionalidad. Se convierte en una herramienta que le ayuda a conocer mejor la realidad y así cada serie implica una evolución de esa investigación. Indaga sobre la geometría, la tridimensionalidad y el psicoanálisis, a partir del estudio del color y su aplicación tras el análisis de la percepción de la luz, de la forma, la medida y lo que figura a su alrededor. Trata cuestiones como el límite, la proporción, la doble ortogonalidad o la multidimensionalidad, que le permiten construir su Teoría de la Energía Plástica.

Hasta el 1 de junio de 2025

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