Marx Ernst y el Surrealismo en el Círculo de Bellas Artes
El Círculo de Bellas Artes ha organizado una exposición sobre el surrealista alemán Marx Ernst (1891-1976) que ahonda en facetas menos conocidas como su vinculación con el cine, sin dejar de mostrar algunas de sus célebres pinturas, esculturas y grabados. Es sorprendente descubrir que participó como actor en películas surrealistas como “La edad de oro” de su amigo Luis Buñuel (1900-1983). Fue además jurado cinematográfico y diseñador de premios de cine.
En 1919 cofundó el grupo dadaísta de Colonia. En esa época, realizó collages a partir de fotografías de revistas y publicaciones de guerra, siendo esta metodología también aplicada a la pintura.
Se muestran los fotograbados de “Historia natural” sobre paisajes enigmáticos naturales que fueron producidos con la técnica del frottage. Fue inventor de ese método por el cual colocaba una hoja de papel sobre madera con vetas y la frotaba con un lápiz o carboncillo generando texturas sobre las que posteriormente dibujaba formas biomórficas a base de minerales, vegetales o animales. Se convirtió en uno de los primeros artistas en practicar el automatismo produciendo imágenes oníricas del subconsciente que conforman este portfolio de treinta y cuatro dibujos.

“La rueda de la luz” y “El fugitivo” (1926)
Su primera novela collage “La mujer de las cien cabezas” es un modo de manifiesto surrealista que fue la fuente de inspiración del mediometraje de Eric Duvivier (1928-2018) y la base de una de las escenas clave de la Edad de Oro de Buñuel. Son ciento cuarenta y siete collages sobre un hombre tratando su infancia, adolescencia y vida después de la muerte. El título adquiere en francés varios significados: sin cabeza, cien cabezas, testaruda o chupa sangre. Es una novela tan compleja que no fue comprendida por sus coetáneos.

“La mujer de las cien cabezas” (1929)
En la década de los años 30 Ernst realizó una serie de paisajes en los que entremezclaba figuras humanas. En “Antípodas de Paisaje” intercala el azul y amarillo generando una imagen fantasiosa y onírica. Una base terrosa amarillenta sobre la que se sitúan unas montañas azules, sobre ellas una franja de cielo amarillento como si fuera el amanecer y sobre él otra franja de cielo nuboso azulado. La parte baja montañosa está formada por muchas curvas que le otorgan profundidad. En el monte terroso ondulado dos figuras humanas desnudas se confunden con las rocas. El conjunto resulta muy enigmático.

“Antípodas de paisaje” (1936)
En 1935 creó la tercera novela collage “Una semana de bondad” o “Los siete elementos capitales”. Se trataba de 184 imágenes sobre pasiones amorosas y violencia en las que critica a la sociedad y sus convencionalismos además de a la autoridad. Fue conformada por cinco cuadernos de cinco colores en función de cada día de la semana. El domingo era morado, el lunes verde, el martes rojo, el miércoles azul, y el último amarillo recogía los del jueves, viernes y sábado.
Cada día de la semana abordaba diferentes temas. Así el domingo una persona con cabeza de león representaba la autoridad y la violencia reflejando además el sometimiento de la mujer. El lunes fue dedicado al agua y a la inversa del anterior, representando a una mujer que domina al hombre. El martes reflejó los engaños, la hipocresía, los vicios y secretos de la burguesía. El miércoles describió la vida de Edipo, con cabeza de pájaro. El jueves mostró los deseos reprimidos de hombres y mujeres. El viernes se centró en la vida y la muerte. Y por último, el sábado presentó a mujeres con ataque de histeria.

“Edipo 16” de “Una semana de bondad” (1935)
Posteriormente, en “La tentación de San Antonio”, imaginó al santo tumbado en el suelo con una túnica roja en un área pantanosa, rodeado de animales y plantas que adoptaban formas demoníacas, cuyas risas le torturaban representando los miedos del ser humano. Al fondo, una mujer desnuda era atrapada y devorada por un árbol. Esta obra ganó el concurso internacional de arte “Bel Ami”, participando diferentes pinturas surrealistas y de realismo mágico para formar parte de la película “Los asuntos privados de Bel Ami”. Empleó la técnica de decalcomanía con la que pintaba sobre un papel, colocaba encima un cristal y presionaba. Al quitarlo generaba una pintura azarosa y onírica.

“La tentación de San Antonio” (1945)
Amante del juego, en especial del ajedrez, llegó a diseñar sus piezas con formas que giraban en torno al círculo, las esferas y conos. Fue fotografiado con su esposa, la también artista surrealista Dorothea Tanning (1910-2012) jugando al ajedrez.
En 1941, participó en el diseño de unos naipes denominados “El juego de Marsella” junto a otros artistas surrealistas como André Bretón (1896-1966), André Masson (1896-1987), Wilfredo Lam (1902-1982) y Oscar Domínguez (1956-1957). Sustituyeron a los reyes y reinas por genios y sirenas, mientras que la dama era representada por un mago. Los palos reflejaban sus inquietudes. El amor en forma de llama, los sueños como una estrella negra, la revolución con una rueda ensangrentada y el conocimiento por medio del ojo de una cerradura.

“Juego de ajedrez” (1944)
Pintó además paisajes naturales de Estados Unidos, algunos en miniatura en el tamaño de una uña del pie, a los que denominó microbios.
Las obras se combinan con proyecciones cinematográficas surrealistas, fotografías de él, fotomontajes de las películas y libros que, aunque completan la muestra, son de una importancia menor. Refuerzan su faceta multifacética y su genialidad, aunque siempre nos quedaremos con su pintura, escultura y grabados.
Hasta el 4 de mayo de 20025
