Los 90 por la colección Jumex en Casa México
Es muy habitual que alabe las propuestas de Casa México, pero me sigue sorprendiendo encontrar exposiciones de tanta calidad centradas en la cultura de un país. Saben además aprovechar la potencia de las colecciones privadas mexicanas, en este caso la colección Jumex, una de las más importantes del mundo.
La muestra analiza el arte de los años 90 a través de sesenta y cinco obras de veintiocho artistas mexicanos. Para ello, escoge cinco temas que fueron fundamentales en esa época de euforia en la que se experimentó con nuevos formatos y temas, huyendo de lo establecido.
El primer bloque aborda el tema de lo material. Se persiguen nuevas propuestas a base de elementos poco comunes en el arte como peluches, muñecos o cartones, que les distancia de la pintura tradicional. Será a partir del año 2000 cuando se investiga además sobre la aplicación de nuevas tecnologías en el arte.
Observamos cómo el artista conceptual Luis Miguel Suro (1972-2004) recurre a la cerámica, un material heredado de la tradición familiar, para enfatizar aquellos elementos que se introdujeron en ese momento en la sociedad y que representaban aspiraciones de riqueza y prosperidad, como fueron en su momento la aspirina o los bastoncillos para oídos.

“Aspirina” y “Q figs” (1998) de Luis Miguel Suro
La siguiente sección está dedicada a la ciudad, símbolo de progreso y modernidad, sabiendo que no avanza en todos los lugares al mismo tiempo, lo que la convierte en polarizada.
Destaca Gabriel Kuri (1970) que recurre a objetos cotidianos e industriales de baja consideración, como una carretilla. Transforma su uso al llenarla de objetos que simbolizan la modernidad como las palomitas o las bolas de navidad, llevándonos a cuestionar esa dualidad a través del contraste.

“Carretilla 3 y 4” (1999) de Gabriel Kuri
El tercer apartado de la exposición está dedicado al contexto social. En 1994 México se rompió cuando tras la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte surgió una reacción antiglobalización y anti-neoliberalismo. Se produjo el efecto Tequila que condujo a la devaluación de la moneda y a la inflación.
Aquí observamos cómo se emplean objetos encontrados en la calle como, por ejemplo, cajas recicladas que se disponen en una pared aludiendo a las casas de mexicanos que se construyen a base de reciclar diferentes objetos, del artista Abraham Cruzvillegas (1968).
Por otra parte, Damián Ortega (1967) alude a la lucha del hombre contra la naturaleza, tratando de domar a un coche como si fuera la ballena blanca de «Moby Dick» de Herman Melville. Mezcla el recurso de la mitología con el humor.

“Moby Dick performance” (2004) de Damián Ortega
El cuarto bloque está dedicado al espacio diferenciando el público del privado. Es interesante descubrir cómo en esa época se crearon espacios alternativos en los que se generaban intercambios de artistas de diferentes disciplinas. Allí se producían exposiciones, coloquios, mesas de trabajo y fiestas, siempre alejadas de las convenciones sociales.
Un ejemplo de ello es el jardín portátil de Sofía Taboas (1968), diseñado con ruedas para poder moverlo y recordando que al necesitar agua y luz para sobrevivir requiere la acción humana, como el resto de la naturaleza.
Al fondo varios collages de Pablo Vargas Lugo (1968) producidos con recortes de sucesos relacionados con la aviación, crean composiciones diversas que a pesar de estar producidas con elementos dramáticos como colisiones o tsunamis, reflejan su sentido del humor.

“Jardín portátil” (2001) de Sofía Taboas y “Chispa II” y “Despegue” (1999) de Pablo Vargas Lugo
La quinta y última sección está dedicada a la identidad. Las nuevas generaciones huían de la representación pictórica de la identidad nacional. Fueron, por el contrario, reaccionarias y trabajaban en colaboración, aproximándose a lo local para reflexionar sobre lo global.
Observamos en la obra de Gonzalo Lebrija (1972), cómo un vehículo se dirige en caída libre hacia un lago refiriéndose al declive del mundo y a la vida transitoria. Muestra además cómo en ocasiones nos sentimos atrapados e inmovilizados entre la vida y la muerte. Lebrija estudia el tiempo y la cotidianidad mexicana.

“Entre la vida y la muerte” (2008) de Gonzalo Lebrija
Completan la muestra obras de artistas muy renombrados como Francis Alys (1959) que explora las calles de las ciudades mexicanas con performances absurdos que le permiten destacar algunos comportamientos de la población, Santiago Sierra (1966) que obstruye una carretera al colocar en medio un camión, mostrando su efecto en la vida y economía de un país o Gabriel Orozco (1962) que fotografía objetos mundanos y cotidianos, cuyo título nos hace reflexionar sobre lo aparentemente cotidiano.
Una muestra muy interesante que nos permite indagar sobre la sociedad mexicana de los 90 desde lo material, el espacio, la ciudad, el contexto social y la identidad.
Hasta el 8 de junio de 2025
