Otros surrealismos en la Fundación Mapfre
Uno de los movimientos artísticos que más me atraen es el surrealismo. Me fascina el concepto de sustituir la observación del mundo, por la introspección y representación de lo que domina nuestro subconsciente. Nuestros sueños, deseos y miedos son representados, sin ser atrapados por la lógica, mostrando lo que es verdaderamente más real que lo que denominamos realidad objetiva.
El surrealismo surge con el manifiesto del surrealismo en 1924 de André Breton. (1896-1966). Pretendía mostrar el pensamiento sin ataduras ni de forma ni de contenido. El sueño permitía dar a conocer el subconsciente y el automatismo psíquico podía ayudar a plasmarlo. Otro de sus recursos fue el objet trouvé, objetos encontrados al azar como el teléfono afrodisiaco de Dalí en el que el auricular es una langosta, asociada a lo sexual. Bretón incluía y rechazaba a quien quería a su grupo, incluso llegó a expulsar a Salvador Dalí. Creó las bases de este movimiento que posteriormente se extendieron por otros países.
Los belgas fueron los primeros en enfrentarse a Bretón. Se centraban más en el objet bouleversant que debía ser pensado y construido.
El artista belga René Magritte (1898-1967) construyó nuevos mundos oníricos y misteriosos fuera de la lógica. En “El doble secreto” fragmenta una cara en dos partes, sobre el fondo del mar, dejando entrever en su interior cascabeles reducidos al silencio. Nos lleva a reflexionar sobre la identidad, sugiriendo diferentes interpretaciones. Sorprende la rigidez de la piel que se asemeja más a una cáscara de huevo, al mismo tiempo que la fragilidad del ser humano.

“El doble secreto” (1977) de René Magritte
Otro artista belga, Paul Delvaux (1897-1994), presenta en “La aurora” elementos clasicistas como las columnas del fondo, inspiradas en la estética de Giorgio de Chirico. Allí cuatro árboles se transforman en mujeres semi desnudas, cuyos pechos son visibles incluso en el reflejo de un pequeño espejo situado en el suelo.

“La aurora” (1937) de Paul Delvaux
También se desarrollaron focos de surrealismo en España como la Residencia de Estudiantes de Madrid, en Cataluña o en Canarias con Óscar Domínguez (1906-1957). Además de artistas muy reconocidos como Salvador Dalí (1904-1989), Luis Buñuel (1900-1983) u Oscar Domínguez, hubo otros menos conocidos como Nicolás de Lekuona o Amparo Segarra que se recuerdan en esta exposición.
No se olvida la importancia de Dalí que creó el método paranoico crítico en el que se asocian objetos que no tienen relación, en diferentes escalas de forma irracional dando lugar a nuevas interpretaciones. En “Estudio para la miel es más dulce que la sangre” construye un paisaje fantasmagórico mitad tierra, mitad aire, en el que hay agujas pinchadas sobre la arena, una mujer decapitada, la cabeza de Lorca también carente de cuerpo e incluso un burro podrido con moscas que saldrá posteriormente en la película que hizo con Buñuel, «Un perro andaluz».

“Estudio para La miel es más dulce que la sangre” (1926) de Salvador Dalí
Amparo Sagarra (1915-2007) recurre al collage para sugerir el tipo de ropa que deben llevar los alumnos en un viaje de fin de curso siendo Eugenio Granell (1912-2001) el que pinta las escenografías para sus recortes, de forma colaborativa.

“La fuente” (1952) de Amparo Sagarra /Eugenio Granell
La magnífica comisaria, Estrella de Diego pone un foco especial en las mujeres que nos permiten una relectura del surrealismo.
Por un lado, observamos como la artista americana Dorothea Tanning (1910-2012) se autorretrata en “Cumpleaños” como una enigmática mujer a la que se le ven los pechos como símbolo de desafío, estando vestida con una falda de ramas que nos remite a la naturaleza. Junto a ella un lémur negro alado evoca al mundo espiritual y al fondo puertas entreabiertas que sugieren posibilidades infinitas.

“Cumpleaños” (1942) de Dorothea Tanning
Por otro lado, Remedios Varo (1908-1963) en “Catedral vegetal”, muestra una arquitectura surrealista en la que observamos columnas y bóvedas a base de árboles y ramas que se entretejen. Construye universos mágicos con personajes fantásticos como un pájaro alado que transporta a una dama en un carro, representando al surrealismo mexicano.
Estudió alquimia y la cábala junto a la inglesa Leonora Carrington (1917-2011). Compartieron su interés por la videncia, lo místico y esotérico conectando con el mundo invisible.

“Catedral vegetal” (1957) de Remedios Varo
Carrington fue pareja del surrealista Marx Ernst. Enloqueció como consecuencia de una violación grupal, tras lo que fue internada en un psiquiátrico donde pintó sus sueños. Dibujaba sus visiones a partir de las alteraciones mentales que sufría, y que interesaron enormemente a André Breton.
Posteriormente marchó a México donde se hizo amiga de Remedios Varó. Concibió mundos mágicos en los que daba protagonismo a animales y seres fantásticos como la mujer felina de “Darvaux” que produce sensación de extrañamiento.

“Darvaux” (1950) de Leonora Carrington
En total más de doscientas obras se reúnen en la Fundación Mapfre como conmemoración del centenario del inicio del surrealismo, tratando de salir del surrealismo canónico marcado por André Bretón y haciendo un guiño a las mujeres, lo que nos permite descubrir más capas de estas décadas de creatividad.
Hasta el 11 de mayo de 2025
