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El Arte Y Lo Performativo En El Centro Cultural Conde Duque

El arte y lo performativo en el Centro Cultural Conde Duque

Creo que ya he comentado alguna vez que una de mis salas preferidas de Madrid es “La sala de bóvedas” del Centro de Cultura Contemporánea Conde Duque. Al margen del tradicional cubo blanco se genera una atmósfera misteriosa en el que no sabes qué te vas a encontrar.

En esta ocasión, se plantea un diálogo entre las obras de arte y otras obras escénicas que habitualmente no se incluyen en una institución artística. Bajo el título de “Este puede ser el lugar” cuestiona qué puede encontrarse en un museo.

Nada más entrar nos recibe “Altar”, un elemento escenográfico de una obra de teatro de la compañía del Conde de Torrefiel. Flores y velas de colores colocadas en el suelo configuran una simbología fúnebre que nos hace leer con atención las frases que surgen de la pantalla.  “No diferencio entre persona y objeto” o “Una imagen que no me pertenece” nos invitan a tratar de comprender qué es lo que nos quiere transmitir.

En otra sala se proyecta un vídeo en cada extremo y junto a las pantallas varias sillas de madera plegables vacías que nos remiten a un cuerpo ausente. Supone un elemento simbólico que representa la posición del espectador en la escena. Las sillas tienen varios mensajes inscritos, como si tuvieran voz y vida. Son historias vividas por la creadora suiza, La Ribot (1962), que convierte al público en parte de la obra incitándolo a actuar y a reflexionar sobre nuestro comportamiento en una sala de exposición.

La Ribot

“Walk the authors” (2018) de La Ribot

Isidoro Valcárcel Medina (1937), Premio Nacional de Artes Plásticas, desarrolla arte conceptual en el que crea situaciones como esta coreografía con números. Selecciona cifras, como si se tratara de una fórmula matemática, que al trasladar de un lugar a otro genera un movimiento rítmico generando una representación escénica que explora la relación entre los números y el cuerpo.

Isidoro Valcárcel

“En función de 1, 2 y 3” (2021) de Isidoro Valcárcel Medina

Dentro de este diálogo entre el arte y el espectáculo en otra de las salas descubrimos al coreógrafo William Forsythe (1949) que crea objetos que invitan a la participación del público como “Cielo e infierno” que nos remite a la rayuela. Lejos de ser un juego azaroso exige seguir unas instrucciones, aunque finalmente es el espectador el que las interpreta y decide o bien seguirlas o saltárselas física y mentalmente.

William Forsythe

“Cielo e infierno” (2019) de William Forsythe

Esta obra encaja muy bien con “Baile en el perímetro de un cuadrado” de Bruce Nauman (1941) al que siempre es un placer encontrar en una muestra.

A partir de los 60 realizó vídeos en los que experimenta con su cuerpo. En este caso limita el espacio a un cuadrado sobre el que se va moviendo de forma regular por el mismo perímetro con el cuerpo hacia un lado o hacia otro. Posteriormente crea otro cuadrado mayor expandiendo el movimiento del cuerpo. Al hacerlo varias veces seguidas se convierte en un ritual que se graba de forma automática, eliminando cualquier indicio de subjetividad. Es frecuente en su obra el minimalismo, la circularidad y su corporalidad.

Bruce Nauman

“Baile en el perímetro de un cuadrado” (1967-1968) de Bruce Nauman

En definitiva, una exposición que nos lleva a cuestionar lo que podemos encontrar en una institución artística, permitiéndonos disfrutar de lo performativo mientras analizamos los límites del arte.

Hasta el 8 de febrero de 2025

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