Gabriel Chaile en Tabacalera de San Sebastián
Nunca dejo de ver las exposiciones que hay en el Centro de Arte Tabacalera de San Sebastián porque, aunque no son fáciles, muchas veces me sorprenden con algo que desconocía. En esta ocasión me sirvió para descubrir al artista argentino Gabriel Chaile (1985) que participó en la bienal de Venecia de 2022.
Rememora las culturas indígenas de su país, un tema que reconozco que no despierta demasiado mi interés probablemente por no haber vivido de cerca esa cultura o por ser un tema tan recurrente en el arte actual.
Sin embargo, algunas de sus obras me parecieron interesantes. Me quedo con las cazuelas sobre las que se esculpen caras. Adquiere las ollas de comedores sociales que valora especialmente por estar cargados de historias. Fue también el instrumento popular de las protestas ante la crisis del corralito en 2021. Sobre ellos graba los rostros de indígenas rememorando a sus ancestros. Además, incluye el nombre del comedor, los años que estuvo en uso y algo de su historia como homenaje. Para no lucrarse de ello y evitar convertirlos en un instrumento, decide donar parte de sus ganancias a esos comedores sociales.

“Aguas calientes 5. Los llorones” (2019)
Genera un vínculo con las vasijas y hornos que produce con piezas de adobe, aplicando técnicas ancestrales. Los hornos son utilizados para cocinar y generar encuentros en los que se comparte comida y se genera justicia social. Las estructuras toman forma de cuerpos y caras de miembros de su familia para rememorarlos. Una de ellas toma el nombre de Malinche, como referencia a la intérprete de Hernán Cortés en la conquista de México.

“La malinche” (2019)
Los materiales que emplea para sus obras son muy básicos. Queda patente especialmente en la primera obra que encontramos en la sala denominada “Parábola”. Marca sus inicios con una economía de recursos que quiere expresar precisamente cómo puede hacer algo con elementos baratos como el ladrillo, el huevo o el alambre, recursos que le acompañarán a lo largo de su obra.

“Parábola” (2013)
Un ejemplo de ello son los 49 ladrillos que se alzan sobre una peana, cada uno de ellos diferente, con un huevo colocado sobre él en distinta posición. Recuerda a una ciudad o un cementerio. Los ladrillos representan la parte cultural y los huevos la vida. Los huevos parecen estar a punto de caer y transformar su destino, reflejando su fragilidad, la fragilidad de la vida.

“Salir del surco al labrar la tierra” (2014)
Tierra de fuego surge cuando quiso hacer una película de cine y como no tenía recursos decidió retrotraerse a la prehistoria. Recurre a las grafías en las paredes de las cuevas en las que tras un fuego se narraban historias como si fuera una película. Muestra dibujos de tapires y otros animales grabados sobre adobe y esculpidos con alambres. Son imágenes en movimiento que hablan del pasado, presente y futuro. Se centra en un mito en el que dos animales bebés bajan del cielo y se transforman en humanos al llegar a la Tierra. Mientras tanto surgen montañas, ríos y bosques que acaban desapareciendo al ser arrasados por construcciones de ciudades e incendios. Una metáfora de nuestra civilización.

“Selva tucumana” (2024)
Por último, veinticuatro pinturas pequeñas. Son autorretratos que invitan a la calma. Chaile se pinta a sí mismo analizando su propia identidad, su carácter personal y su herencia familiar. Con un fondo dorado que nos remite a los iconos religiosos. Aplica diferentes peinados y tonos de piel, siembre con una vestimenta blanca que resalta el color de su piel.

“El principio de la belleza está en el fin de la misma” (2024)
Un recorrido del trabajo de los últimos quince años de Chaile en el que recurre a formas comunes de culturas de diferentes tiempos y orígenes, generando un nexo de unión entre ellas y llevándonos a cuestionar la civilización actual.
Hasta el 2 de febrero de 2025

Es magnífica la sala. Gracias Paula