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Santiago Sierra En El Centro De Arte 2 De Mayo De Móstoles

Santiago Sierra en el Centro de Arte 2 de Mayo de Móstoles

La primera vez que vi una exposición del artista madrileño Santiago Sierra (1966) fue en Berlín. Transportaba un gran NO en una furgoneta como acto de protesta, de negación e incluso de cuestionamiento de lo que es un NO, que no deja de ser una afirmación. Me encantó ver todo lo que podían transmitir dos letras y tuve la suerte de ver una extensión de esa exposición en el museo Artium de Vitoria en el que vendían una serie de NOs que siempre lamenté no comprar.

He seguido bastante su trabajo en el que de forma muy sutil nos transmite mensajes como en la última exposición que tuvo lugar en su galería Helga de Alvear. Mostraba los dientes de los migrantes que viajan en caravanas multitudinarias de América Central y del Sur a Estados Unidos, transmitiendo su terrible situación.

En la feria de arte contemporáneo ARCO fueron muy polémicas sus obras de presos políticos de rabiosa actualidad cuyas caras aparecían pixeladas.

En esta ocasión, el Centro de Arte 2 de Mayo (CA2M) en Móstoles presentaba una exposición denominada “1502 personas de cara a la pared” que sabía que no me podía perder. Tuve la suerte de encontrarme con el comisario de la muestra, el cubano Alexis Callado, que realizaba una visita guiada a la que me uní inmediatamente.

Nos contó cómo en esta serie de performances que el artista graba y fotografía para mantener el documento, paga a los participantes a los que solicita que se pongan de cara a la pared. Evidencia lo que puede hacer la gente por dinero siendo una cosificación de las personas ya que oculta lo que les identifica, el rostro. Es una forma de retrato inverso en el que se produce una negación de la identidad del participante.

Aplica lenguajes plásticos como es el minimalismo o el arte conceptual empleando el blanco y negro para transmitir lo máximo con lo mínimo.

Realiza una crítica aguda mostrando el peso del dinero en la sociedad al pagar cincuenta euros a personas no tatuadas que permiten que se les tatúe una línea de 30cm.

Santiago Sierra

“Línea de 30cm tatuada sobre una persona remunerada” (1998)

En esa línea, una propuesta todavía más radical es cuando rasura el pelo de unos heroinómanos con una línea, a los que paga con una dosis de droga. Consigue incidir en la conciencia social de cada uno de nosotros haciéndonos cuestionar los límites del arte.

Santiago Sierra

“Línea de 10 pulgadas rasurada sobre las cabezas de 2 heroinómanos remunerados con una dosis cada uno” (2000)

En otra ocasión decidió parar una línea de camiones que transportaban mercancías en Estocolmo. Consiguió detenerlos durante doce minutos evidenciando el coste económico que suponía esta obstaculización. Una vez más juega con la línea como elemento gráfico propio del minimalismo.

Santiago Sierra

“Persona obstruyendo una línea de containers” (2009)

En una de sus obras decide contratar a personas que tienen cero euros a los que coloca en la fila inferior con piel más oscura, la fila del medio corresponde a los que tienen mil dólares y la superior a los que tienen más de un millón de dólares. A partir de ahí siguiendo la relación de renta con el color de la piel deduce la renta que podría corresponder a la raza blanca y a la negra. El resultado correlaciona con el dicho mexicano en el cual se dice que el artista si es negro es un mero artesano y si es blanco es considerado un artista.

 

Santiago Sierra

“Estudio económico de la piel de los caraqueños” (2006)

Otra de sus performances en la galería londinense Lisson muestra cómo se pone poliuretano a diez trabajadores iraquíes convirtiéndolos en esculturas y evidenciando hasta dónde es capaz de llegar el ser humano por dinero. Mientras se les embadurnaba de poliuretano el público en la inauguración disfrutaba con copas en la mano siendo aún más acusada la diferenciación entre unos y otros.

En otra paga a diez trabajadores africanos para que se dejan enterrar en la playa hasta la cabeza. El efecto es una obra cruda y violenta en el que se resalta el placer de los explotadores al explotar, siendo esta perversión una contradicción. Con este tipo de representaciones trata de cambiar la conciencia de todos los estratos sociales.

Santiago Sierra

“Enterramiento de 10 trabajadores” (2003) 

Una serie de veteranos de guerra son colocados contra la pared como si estuvieran castigados sin poder hablar. Muestra lo difícil que es ponerse en la piel de los que han estado en la guerra. El los considera los obreros de la guerra que han sido manipulados para participar en ella y les castiga por ello. Son fotografías a tamaño natural buscando el mayor realismo. Es un homenaje a las personas que mueren en la guerra. Le preocupa cómo convivimos con las tensiones geopolíticas que se hacen por unos intereses que desconocemos. La guerra constituye violencia sobre el cuerpo siendo el último límite para sobrevivir. Muchos acaban con un estrés postraumático que rebasa los daños corporales.

Santiago Sierra

¨Veteranos de guerra” (2013)

En una sinagoga echó gas. Solo se podría entrar con máscara y bomberos. Quería que los alemanes experimentaran lo que pasaron los judíos. Sin embargo, pocas personas pudieron verla ya que tuvo muchas protestas y tuvieron que cerrarla.

Ciento cuarenta y seis viudas hindúes que no tienen derecho a volver a casarse caen en la pobreza y son fotografiadas en la ciudad de Vindravan a donde acuden muchas mujeres viudas, denominándose la ciudad de las viudas desde el siglo XVI.

Santiago Sierra

“146 mujeres” (2005)

Santiago Sierra ha representado a España en la bienal de Venecia y ha trabajado en más de sesenta países en los que ha retratado a indigentes, prostitutas y otros marginados de la sociedad, denunciando su situación y ampliando el límite ético de la expresión artística en los que pervierte los elementos minimalistas. Intenta conseguir una reacción de la sociedad ante este tipo de situaciones.

Hasta el 2 de febrero de 2025

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