“El puente” en un piso de la calle Almirante de Madrid
El arte da lugar a la imaginación y a generar situaciones creativas diversas que estimulan nuestro intelecto. Sin embargo, en España no es tan habitual contemplar arte sin salirse de las clásicas estructuras establecidas como la galería, el museo o incluso el propio taller del artista.
Tuve la suerte de que una amiga que siempre se acuerda de mí para los planes heterogéneos me invitó a ir con ella al piso de una amiga suya artista que había decidido iniciarse en el comisariado invitando a otros a exponer con ella en el piso de su pareja.
Al encontrarse fuera de la típica White box que permite aislar a las obras del entorno otorgándoles todo el protagonismo, las piezas conviven en un espacio personal y real que nos relajan y generan nuevas lecturas.
Nos recibe un gran pecho blanco de la artista cubana Laura Lis (1987) que simboliza la presencia de la mujer en el hogar. El pecho es el órgano de la vida, de la lactancia y del amor. Supone una oda a la madre naturaleza y a su cariz protector.
En el centro una lámpara araña de la artista cubana Adriana Arronte (1980), que me había cautivado en la bienal iberomericana de Alcalá, simboliza el poder. La lámpara ha caído al suelo y se observa cómo se descompone en cristales que caen al suelo y salpican como si se convirtieran en líquido mientras que algunas lágrimas, que aluden al llanto, permanecen inertes contrastando su delicadeza con la fuerza del cristal salpicado. Esta deconstrucción de estado sólido a líquido hace referencia a la transformación del poder político.
Al fondo una lámpara sobre una pared de la artista Rocío Asensi (1971) proyecta haces de luz como si fuera un astro solar. El sol tradicionalmente representa a la divinidad y al infinito, y la artista decide reinterpretarlo desde un punto de vista actual. Es una guía hacia la luminosidad que durante el día juega con la luz natural y su energía y que con la oscuridad genera luces y sombras. De la misma artista otra instalación formada por hilos plateados, cuelgan del techo formando una serie de círculos que reproduce como una forma perfecta.

“Luminaria desarmada” (2024) de Adriana Arronte y “El sol” de Rocío Asensi
Al pasar por un pasillo te topas con unas piedras rosas fluorescentes que se encuentran en el suelo. Al alzar la mirada reconocemos esas piedras como parte de las fotografías que cuelgan de la pared.
El pasillo nos lleva a un salón con una chimenea y una mesa de un despacho, un icono del poder sobre la que se coloca una corona de piedras preciosas de Adriana Arronte. Al acercarnos percibimos que las piedras son una reproducción de insectos que se alimentan de carroña junto a otros gusanos, que nos lleva a pensar en aquellas personas que giran en torno a la corona y el poder.

“Tocado necrófago” (2024) de Adriana Arronte
La artista francesa Aline Part (1984) presenta una mesa de comedor con catorce platos que llevan imágenes de parte de su cuerpo en tamaño real. Su idea original era que los espectadores en la inauguración comieran de su interior generando una conexión física con el público. Continuando con los alimentos, una cesta de frutas de cerámica se alza sobre un pedestal. Se trata de una canasta llena de granadas, una fruta bella que simboliza la fertilidad y que mezcla con una granada como arma letal, con toda la negatividad que implica.

“Granadas” (2017) de Aline Part
En definitiva, se trata de una exposición muy fresca en la que se establece un puente cultural entre diferentes artistas que revisan tensiones que se producen en nuestra sociedad y que nos invita a reflexionar y a generar nuevos puentes que nos puedan ayudar a mejorar, en un contexto natural como es una vivienda.
