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James Lee Byars En El Palacio De Velázquez Del Retiro

James Lee Byars en el Palacio de Velázquez del Retiro

Una de las claves para poder realizar grandes exposiciones con costes más contenidos es compartirla entre varios centros y moverla de uno a otro. Eso es lo que ha ocurrido con esta muestra que tuve la oportunidad de ver inicialmente en Pirelli Hangar Bicocca de Milán y actualmente en Madrid en el Palacio de Velázquez.
Aunque se trata de prácticamente las mismas obras, nos permite apreciar lo que condiciona el contenedor, especialmente cuando es muy diferente como en esta ocasión. Mientras que el Hangar Bicocca es una antigua fábrica de Pirelli  con techos altísimos y paredes y suelo industriales grises, el Palacio de Velázquez es un antiguo palacete con paredes y suelo blanco. Los paneles del palacio permiten contemplar cada obra con mayor atención, mientras que la amplitud del espacio milanés da una mayor sensación de grandiosidad. En ambos casos merece una visita.
La búsqueda de la belleza y perfección del artista americano James Lee Byars (1932-1997) le lleva a recurrir a figuras geométricas como el círculo, el cuadrado o el triángulo. Formas simples que aluden al cosmos y persiguen la perfección.
Se apodera del espacio con esculturas de gran formato de materiales nobles como el mármol, la seda, pan de oro o cristal que simbolizan la pureza y la durabilidad. Una coreografía que muestra el interés del artista por la cultura japonesa, lo zen y el vacío como elementos de belleza y perfección.
Un gran anillo dorado configura “La puerta de la inocencia” que habla del tránsito y la transformación. Tras él un tótem dorado de casi cuatro metros de altura. Le interesan las torres que nos permiten elevarnos y observar desde otra altura con perspectiva. Ambos se encuentran en la misma sala y según nos movemos por ella imaginamos cómo el hombre podría estar entrando por esa puerta de la inocencia.
Por otro lado, cien esferas de mármol se colocan en el suelo formando un óvalo que recuerda a un collar. Cada una de las esferas refleja el pensamiento del ser humano y su grandeza, siendo un homenaje a Platón.
Tras ellas una gran esfera de arenisca dorada que representa la tumba del artista, en la que encapsula la pureza y la espiritualidad con gran simplicidad.
Ambos espacios están divididos, pero a su vez conectados al igual que sus obras.

James Lee Byars

“The thinking field” (1992) y de “The thom of James Lee Byars” (1986)

3333 rosas vivas forman otra esfera que va reflejando el paso del tiempo hasta marchitarse. La cantidad de rosas escogidas hace referencia a la numerología de la Cábala, un número que nos invita a profundizar en nuestro interior y conectarnos con el Cosmos. El color rojo de las rosas alude al amor, la pasión y la muerte. Nos hace notar cómo la belleza y la vida se acaban desvaneciendo.

James Lee Byars

“The rose table of perfect” (1989)

En otra sala doce vitrinas doradas con esculturas blancas de mármol hacen referencia a las estrellas, la luna y las esferas. Son como libros sobre los elementos que influyen en su obra “El libro del círculo” (1986), “El jefe de Platón” (1986), “El libro del triángulo” (1988), El libro del Cubo” (1989), “El libro de la esfera suave” (1989), “El libro del diamante” (1990), “Luna cortada” (1994), “El libro esférico”, “La figura de la pregunta” (1989), “El libro triangular” (1990), “El libro de la luna” (1990). Refleja la influencia de la geometría y filosofía en su obra.

Son obras minimalistas en sus formas, pero barrocas. Recurre frecuentemente al oro que considera místico y misterioso y que simboliza la eternidad.

James Lee Byars

“Doce vitrinas doradas”

Byars investiga sobre la vida y la muerte, la presencia y la ausencia. De hecho, concibe su autorretrato con un colmillo de unicornio que envuelve en seda y coloca sobre una mesa de madera como si fuera una reliquia.

James Lee Byars

“The Unicorn horn” (1986)

Por último, mil esferas de vidrio rojo adoptan la forma de un ángel de color rubí o de un árbol floreciendo. Conjugan la forma perfecta y eterna de la esfera con el rojo translúcido. El título nos lleva a reflexionar sobre lo divino en contraste con la materialidad de la obra.

James Lee Byars

“Angel rojo de Marsella” (1993)

Como dice el artista el arte es contemplación. Hay que cerrar los ojos y adentrarse en uno mismo para observar nuestro interior.

Hasta el 1 de septiembre de 2024

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