Eva Lootz en el Museo Reina Sofía
La primera exposición que ha montado Manuel Segade en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía desde que le nombraron director del museo está dedicada a la artista austriaca afincada en España Eva Lootz (1940), aprovechando la cesión de obras que ha otorgado a esta institución.
Realiza un recorrido de cinco décadas de esta artista pionera en sus investigaciones y discursos artísticos que se plasma en pinturas, esculturas, instalaciones, videos, dibujos y obras sonoras.
En la década de los setenta trabajó en la serie “Papillas elementales”, una época en la que se prestó especial atención al proceso creativo más allá de su obra final.
Decidió investigar sobre los materiales, atrayéndolo aquellos inestables y efímeros como la arena, el hielo o el mercurio. Son materiales extra artísticos que nos muestran la devaluación de la materia respecto a la idea. No se limita al material en si, sino que también analiza la extracción de estas materias primas y sus intercambios.
Le interesa cómo las pequeñas partículas caen y forman conos, configurando las que denomina esculturas sin manos, que se generan a partir de la rotación en donde lo superfluo es eliminado. La forma es el resultado del proceso.
Encontramos pirámides de elementos como el wolframio en polvo, que produce a partir de su investigación sobre la minería, o un círculo a modo de donuts que denomina “Urgulanilla” realizado en alabastro sobre la que derrama mercurio en las hendiduras. Le interesa mucho el mercurio al tratarse de un metal líquido.
Investiga también sobre la presencia humana a través de objetos como zapatos, guantes o suelas, destacando las orejas de pelo que coloca en una esquina de la sala y que hace alusión a lo que no nos deja escuchar.

“Urgulanilla” (1998) y “Orejas del pelo” (1976)
Otra línea de investigación toma el nombre de Hidrografías. Son obras de distinto formato que trabaja desde 2005 en el que parte del estudio de los ríos de la Península Iberica para investigar sobre el agua. El agua es un elemento que está en constante movimiento, que moja a su entorno penetrando y disolviendo la materia como si fueran las venas de la tierra, consiguiendo que todo nuestro planeta esté conectado. Lo visibiliza por medio de unas esculturas que cuelgan del techo en forma de plancha con todos sus afluentes, bajo la cual coloca arena.
El agua es un bien escaso que ha desencadenado a lo largo de la historia conflictos e incluso guerras. Cuestiona la gestión de los recursos con frases que perfora en planchas y cuelga de las paredes como “El agua es el nombre futuro de la sed” o “Agua es el nombre de la gota que colma el vaso”.

“Cuenca suspendida II” (2009)
Otro de los campos que ha investigado es la cultura digital, la sobrexposición de imágenes, la traducción del mundo a datos y cómo nos influye en nuestro comportamiento. Le preocupa la ceguera que se produce como consecuencia de la visualidad contemporánea.
Para hablar de esa falta de visibilidad crea una sala en la que domina el blanco, que homenajea a Isaac Newton. Entre los hallazgos científicos de Newton está el análisis de la luz y la óptica, siendo el primero en hacer un análisis espectral a partir de experimentos ópticos con los que observaba cómo la luz del sol, que parece blanca, está formada por una mezcla de todos los colores del arco iris. Para rememorarlo se centra en el color blanco e inunda la habitación de arena de mármol que es necesario atravesar para pasar a la siguiente sala. Una pasarela de madera nos permite ir descubriendo otros elementos como una cama o la proa de un barco. Frente al ruido visual actual propone una vuelta a la mente en blanco que casi nos produce una ceguera equivalente al efecto de la nieve.

“Un adiós a Isaac Newton” (2016)
Posteriormente investigó sobre la materialidad del lenguaje. Su interés por el habla y por las limitaciones del lenguaje le llevaron a analizar los diálogos entre los seres humanos y los animales y las más de setecientas lenguas en peligro de extinción. Le preocupan porque suponen una pérdida de la riqueza de cada territorio, en muchas ocasiones como efecto de la conquista colonial. Lo plasma en una enorme lengua de betún negro que coloca en el suelo junto a otras que sitúa en las paredes, de diferentes materiales como bronce, cobre, estaño, fieltro o lana, además de una pieza sonora que reproduce las “Ornitofonías en Valsaín” (2001), un diálogo entre un flautista y los pájaros del bosque.

“La agonía de las lenguas” (2020)
En 1994 inauguró su primera exposición de fotografía que denominó “Pequeño teatro de derivas”, el mismo año en el que le dieron el Premio Nacional de Artes Plásticas. Son fotografías en blanco y negro, mayoritariamente de mujeres que emplean una prótesis, para construir cuerpos nuevos. Reivindica el error empleando un lenguaje escénico.

“Without love no revolution”, de la serie “Pequeño teatro de derivas” (1994)
En definitiva, un recorrido por la obra de esta artista pionera que hace visible problemáticas de la sociedad y que al denunciarlas a través del arte le ayuda a quitarse la sensación de impotencia.
Hasta el 2 de septiembre de 2024
