Paloma Navares en el Jardín Botánico de Madrid
Tengo un amigo que siempre me ha hablado muy bien de la artista burgalesa Paloma Navares (1947) y su mundo floral y poético, pero reconozco que hasta que no he visto esta exposición en la que se unen muchas piezas diferentes no he sido capaz de apreciar justamente su obra.
Son habituales las exposiciones en el Jardín Botánico, especialmente dentro del marco de Photoespaña, en las que las flores de las piezas artísticas que se exponen dentro del pabellón se mimetizan con las que florecen en el jardín del exterior del museo.
Es lo que vamos a ver en la muestra de Navares, una artista que indaga sobre la mujer, la belleza del cuerpo, las emociones, las costumbres o el paso del tiempo. Tras observar cómo la mujer a lo largo de la historia ha sido vista más como objeto de representación que como creadora y constructora del discurso del momento, decide hacer uso de ese canon de belleza más masculino, pero otorgándole otro significado. Acude al Museo del Prado en búsqueda de esas figuras del arte clásico sinónimos de la femineidad realizando una relectura de ellas y centrándose en la cotidianeidad.
Un ejemplo de ello es la obra “Laura” en la que en un frasco doméstico una bailarina danza moviendo las extremidades de su cuerpo. Nos hace conscientes de los límites del espacio en el que se siente encerrada y hace una metáfora de cómo la mujer se desnuda para ser un objeto de observación.

“Laura” (1997-8)
Otra de sus piezas toma la forma de una tumba que conmemora a Kiki de Montparnasse (1901-1993), la musa del artista Man Ray (1890-1976). Es una oda a la muerte de ella y de la fotografía de una mujer que investigaba la cosificación e idealización de la mujer en la historia.

“La fuga del alma” (1992)
Se apropia de imágenes que se realizaron según los cánones de una época, las introduce en capsulas de tiempo y les da un discurso actual. De esta forma, genera nuevos significados a través de la recontextualización.
Estuvo durante años revisando en los museos imágenes de ninfas, Evas y Venus desnudas que posteriormente aisló en tubos transparentes de metacrilato, objetualizando el cuerpo femenino y su desnudez.
Sus limitaciones visuales le llevan a entender la fragilidad humana y a trabajar la visibilidad por medio de transparencias, luces o distorsiones de la imagen que enfatizan el mundo visual en el que vivimos.
En ocasiones convierte al blanco y negro algunas de las imágenes clásicas de las que se apropia, que al reflejarlas en un metacrilato muestra transparencias generando un halo de misterio que nos lleva a dilucidar sobre lo que esconde. En este caso emplea unas luces que coloca en sus corazones centrando la atención en esa parte del cuerpo que en ocasiones pasa desapercibida.

“De corazón ardiente. Venus y damas” (2017)
La segunda parte de la exposición se centra en la naturaleza, a través de la cual indaga sobre el universo femenino.
Produce un jardín de flores que escanea a partir de los pétalos de las flores de su jardín y que reproduce in memoriam de poetas que se suicidaron, incluyendo fragmentos de sus poemas en los pétalos. Es habitual que encontremos elementos escondidos dentro de sus obras como aquí, en donde si observamos con detenimiento descubrimos imágenes en blanco y negro de escritores como Alejandra Pizarnik, Alfonsina Storni, Anne Sexton, Virgina Woolf, Cesare Pavese, Kostas Karyotakis y Paul Celan. Una forma de mostrar que sus almas se encuentran en ese jardín, un jardín de melancolía que las recuerda y rememora.

“Jardín de melancolía. A Alejandra Pizarnik, Alfonsina Storni, Anne Sexton, Virgina Woolf, Cesare Pavese, Kostas Karyotakis y Paul Celan” (2008)
En esta ocasión, Navares reproduce flores de cerezos de su jardín que cuelgan del techo en hilos transparentes, en las que dibuja a su vez a geishas que fotografió en un viaje a Japón en el que investigó sobre el rol de la mujer en la sociedad japonesa. Tiras fotográficas translúcidas construyen ese jardín vertical que rememora una vez a mujeres que han tenido un rol específico en la sociedad.

“El jardín de los cerezos. A Ono no Komachi e Izumi Shikibu” (2005)
En la última parte de la muestra reflexiona sobre el posthumanismo.
Navares ha sido adelantada a su tiempo analizando desde hace muchos años a la mujer, sus cánones de belleza y las alteraciones estéticas tan habituales en nuestra época. De hecho, ha creado a través de la inteligencia artificial a la mujer del futuro, que denomina Milenia y que representa como un maniquí. Incluye varios instrumentos quirúrgicos que reflejan la búsqueda de la eterna juventud que lleva a muchas mujeres a recurrir a la cirugía para conseguir esa belleza perfecta próxima a un maniquí, perdiendo la expresividad y la personalidad individualizada.
Su investigación continúa sobre la maternidad y la reproducción asistida casi industrializada y descarnada, para la que construye unos bidones que se acumulan en una esquina y que encierran imágenes de bebés. Estas imágenes han sido extraídas de obras de pintura clásica. Son representaciones del niño Jesús encerrados como si estuvieran en una incubadora.

“Luz del pasado” (1994)
En definitiva, la artista investiga sobre las voces silenciadas, abordando temas como la mujer a partir de la apropiación de imágenes que configuran los cánones de belleza clásicas, liberándolas de su opresión y otorgándoles otro significado, con un lenguaje delicado y poético.
Hasta el 31 de agosto de 2024
