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Antoni Tapies En El Museo Nacional Reina Sofía

Antoni Tapies en el Museo Nacional Reina Sofía

El artista catalán Antoni Tapies (1923-2012) es probablemente uno de los artistas españoles más conocidos de este siglo. Muchos recuerdan su obra por el uso de arena, signos como cruces y poco colorido. Sin embargo, siempre es interesante conocer la trayectoria de un artista y no sólo el apogeo de su carrera, para comprender cómo ha llegado hasta allí. Las retrospectivas como la que ha organizado el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofia (MNCARS) conmemorando el centenario de su nacimiento, son una oportunidad para adentrarnos en su obra, comprenderlo y valorarlo mejor.

Tapies fue autodidacta, aunque como otros pintores una enfermedad le obligó a un reposo forzado que aprovechó para desarrollar su talento. Copiaba obras de Picasso (1881-1973) y Van Gogh ( 1853-1890) y estudió la historia de la filosofía. Tuvo además influencia de otros artistas como Max Ernst (1891-1976), Joan Miró (1893-1983) o Paul Klee (1879-1940). Se refleja en las perforaciones e incisiones que hace en su obra y en la ambigüedad que genera. Trata de ser realista sin describir con detalle, lo que nos hace reflexionar.

Desde sus inicios fue un gran experimentador, especialmente a través de los materiales, pero también mentalmente como iremos descubriendo a lo largo de la muestra.

En 1948 creó el grupo Dau al Set (la séptima cara del dado) junto a Joan Brossa (1919-1998), Arnau Puig (1926-2020) y Joan Ponç (1927-1984). Este grupo tenía un carácter rupturista y comenzó posicionándose en el surrealismo, aunque luego fue evolucionando e introduciendo otros estilos como el informalismo. En paralelo Tapies produjo una pintura con herencia del realismo mágico y fantástico, dando posteriormente un giro hacia la geometría, la abstracción y el estudio del color y la materia, que ya no abandonó. Supuso el final de su etapa figurativa. En “Furfu” se visualiza su camino hacia la abstracción con estrellas y figuras que nos remiten al mundo onírico de Joan Miró así como un colorido parduzco con pequeños cuadrados que recuerdan a la pintura de Paul Klee.

Antoni Tapies

« Furfu «  (1949)

Más figurativa es la obra “El lector final. La carta” en la que una carta se encuentra sobre la mesa a punto de desvanecerse en una habitación oscura con sólo un haz de luz que entra de un ventanuco. Sobre ella unas nubes de humo generan una atmósfera surrealista un tanto inquietante.

Antoni Tapies

“El lector final. La carta” (1950)

A partir de 1953, abandonó por completo la figuración y extremó lo matérico a base de texturas densas y con la impronta del rastro material. En “Gris con cruz negra” el lienzo nos recuerda a un muro con colores ocres y grisáceos que refleja el deterioro del paso del tiempo, con una cruz pintada en un extremo.

Antoni Tapies

“Gris con cruz negra. N XXVI” (1955)

En la década de los 50 adquiere su madurez artística. Está presente en la bienal de Venecia, la bienal de Sao Paulo, la Documenta de Kassel así como en el Moma y Guggenheim de Nueva York. El hecho de exhibir en los espacios más prestigiosos del mundo le posicionaron en el panorama artístico. En la muestra hay tres obras de las que produjo para la Documenta de Kassel como “Relieve negro para Documenta”.

Es un periodo dominado por la monocromía, siendo el color reemplazado por las texturas de la materia y vagas tonalidades. Introduce elementos como polvo de mármol o cemento para conseguirlo.

Antoni Tapies

“Relieve negro para Documenta” (1964)

Menos conocidas son las obras de cartón o papel de embalar en las que prescinde de la pincelada y se limita a realizar algunos trazos a lápiz, así como incisiones que dejan ver la propia materia con la que está realizado el cartón.

Antoni Tapies

“Cartón” (1959)

Desde 1960 incorpora objetos reconocibles acercándose a la realidad. En ocasiones incluso intercambia objetos con otros artistas como Joan Brossa. Adicionalmente se interesa por la representación del cuerpo. Introduce partes del cuerpo humano que puede llegar a deformar como “Materia en forma de pie” o de forma más sutil incluye pisadas que nos llevan a imaginarlos.

Antoni Tapies

“Materia en forma de pie” (1965)

Mostró su compromiso político contra el franquismo que repercutió en su obra. Son habituales sus referencias a la situación social y política, por medio de obras y títulos como la bandera catalana o la del 7 de noviembre que alude a la Asamblea de Cataluña que surgió como plataforma de oposición ante la dictadura.

“El espíritu catalán” (1971)

A principios de la década de los 80 tiende a reducir el peso matérico refinándose. Emplea grandes tamaños y en ocasiones utiliza el barniz como en “Díptico de barniz”. Este material genera transparencias pudiendo asociarse a manchas, dando la sensación de desorden y ambigüedad en lo representado.

Antoni Tapies

“Díptico de barniz” (1984)

En las últimas décadas de su vida oscurece su paleta. Negros y ocres que reflejan un sentimiento de melancolía, de desilusión por su avanzada edad, incluyendo referencias al dolor, a la muerte o a la enfermedad. Un ejemplo de ello es “Ni puertas ni ventanas” en el que aparece el cabecero de una cama y sábana de hospital rodeado de cruces, bajo un título que nos transmite la angustia de sentirse encerrado.

Antoni Tapies

“Ni puertas ni ventanas” (1993)

Casi doscientas obras componen la muestra de un artista que reflexiona hasta el final sobre la representación, analizando los límites de la pintura y en los que la materia es protagonista siendo al final más depurada. Mezcla lo matérico, con la idea de representación.

Hasta el 24 de junio de 2024

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