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El Museo De Arte Abstracto Español De Cuenca

El Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca

Llevaba años sin visitar el Museo de Abstracto Español de Cuenca y no lo recordaba tan espectacular, probablemente porque no había visto la reforma y modernización que se realizó en 2016 en el cincuentenario del museo.

Situado en una casa colgada, sólo el espacio en el que se conservan sus ornamentadas columnas de madera y las vistas al río merecen una visita.

Es una de las sedes de la Fundación Juan March y responde al interés del artista filipino Fernando Zóbel (1924-1984) de realizar un museo en la ciudad que albergara la obra abstracta que se generó en los años cincuenta y en la que los españoles tuvieron una importancia fundamental.

Recoge una colección de pintura, escultura y obra gráfica, libros y apuntes que donó a la Fundación Juan March en 1980 y que la Fundación ha completado con sus fondos. La colección inicial constaba de 266 obras de 87 artistas abstractos.

Fernando Zóbel partía de paisajes como los ríos y la naturaleza de Cuenca para darle posteriormente una mirada abstracta. Influido por la caligrafía china, las manchas de pintura parecen desdibujarse en el lienzo fruto de un aparente gesto fugaz. Sin embargo, si lo observamos de cerca descubrimos unas cuadrículas que racionalizan la obra dotándola de un cariz melódico.

Fernando Zóbel

“Júcar X” (1971) de Fernando Zóbel

Zóbel junto al artista conquense Gustavo Torner (1925) y al madrileño Gerardo Rueda (1926-1996) crearon la escuela conquense, introduciendo nuevas formas de arte moderno en España.

Torner, interesado también por la abstracción geométrica, construye esculturas en las que predominan las líneas rectas y los círculos que se cruzan para crear una pieza armónica perfecta en el espacio, como esta obra en la que configura un cubo de madera de cedro, flotando en su interior unas esferas de metacrilato.

Gustavo Torner

“Mundo interior” (1972) de Gustavo Torner

Gerardo Rueda proyecta su pintura a la escultura, ensamblando piezas de madera geométricas como si se tratara de un collage, que encierra en un marco. Son estructuras que concibe de forma espontánea, generando tridimensionalidad y profundidad al marco. Es como un juego en el que crea pequeños mundos a base de piezas de madera que configuran casitas.

Gerardo Rueda

“Madera gris con amarillo, blanco y negro” (1983) de Gerardo Rueda

Continuando con la geometría, nos encontramos con el artista madrileño Pablo Palazuelo (1915-2007). Inicialmente iba a ser arquitecto lo que se refleja en la construcción de estructuras pictóricas como la serie de pinturas en blanco y negro que se apoderan de una de las paredes y en las escultóricas, como el proyecto a un monumento, una escultura aérea y ligera que denota movimiento.

Palazuelo

 “Proyecto para un monumento II” (1977) de Pablo Palazuelo

Algo posterior es la madrileña Elena Asins (1940-2015), influida por las teorías pitagóricas en las que el universo está basado en los números, proporciones y ritmos, desarrolla líneas rítmicas a partir de los números que configuran estructuras líricas. Fue una de las pioneras en el uso de ordenadores como herramienta para la creación plástica.

Elena Asins

“Desarrollo” (1977) de Elena Asins

El valenciano José María Iturralde (1942) se interesa por la pintura geométrica y el op art. Emplea colores limpios, formas precisas y movimiento. La luz parece desbordar de algunas de sus piezas como ésta en la que una línea vertical de luz atraviesa el lienzo oscuro.

Iturralde

Una de mis salas preferidas que descubre al final de ella un gran ventanal al río Huécar, nos presenta una obra del artista vasco Jorge Oteiza (1908-2003), que experimentó con figuras como el cubo, tratando de mostrar el espacio como algo visible. Creó sus “cajas vacías” o tallas sobre piedra como ésta, que va vaciando, siguiendo reglas geométricas, generando zonas huecas tan importantes o más que la propia masa.

Oteiza

“Las meninas (Lo convexo, lo cóncavo, el perro y el espejo)” (1973) de Jorge Oteiza

El granadino José Guerrero (1914-1991) realizó una serie de composiciones abstractas en las que se valía del color, que en este caso incluso forma parte del título de la obra, para expresar sus recuerdos y emociones. Con el azul hacía referencia a su infancia, con el rojo a su tierra en estado natural, con el blanco a Andalucía y con el negro al color de la tragedia.

José Guerrero

“Blanco, rojo y azul” (1978) de José Guerrero

El canario Manuel Millares (1926-1972) configuraba un universo oscuro dominado por el negro, en el que las sombras y su carácter torturado asomaban a través de sus arpilleras: tejidos que cosía al lienzo y cuya forma de desgarrarse del mismo denotaba la crisis del lienzo. Fue uno de los fundadores del grupo “El Paso”. Disconforme con la sociedad del momento y atormentado, poco a poco fue añadiendo luz a su obra, una forma de irse reconciliando con la pintura y la vida.

Millares

“Tríptico” (1964) de Manuel Millares

No podía faltar el artista aragonés Antonio Saura (1930-1998), otro de los representantes del Grupo “El Paso”, que muestra la máxima expresividad con una paleta reducida en sus retratos imaginarios.

Antonio Saura

“Retrato imaginario de Felipe II” (1967) de Antonio Saura

En definitiva, una muestra con una buena representación de la abstracción española de los años cincuenta en una de las casas colgadas de Cuenca que consigue hacer de ella una deliciosa visita.

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