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«Maestras» En El Museo Thyssen

«Maestras» en el Museo Thyssen

Si bien recientemente asistimos a cómo la exposición «Artistas y Musas» en la Fundación Canal ensalzaba el papel de la mujer como musa de grandes artistas, ahora el Museo Thyssen trata de dar visibilidad a grandes maestras que tuvieron poco protagonismo en su época. Para ello, organiza una muestra que abarca desde el siglo XVI a las primeras décadas del siglo XX.

La exposición va más allá de la reivindicación de su talento. Trata de ahondar en las iconografías del mundo del arte desde el punto de vista femenino. Así podemos comprobar cómo en el siglo XII se representan figuras mitológicas y heroínas bíblicas como Judith o Porcia, la mujer de Bruto, asesino de Julio César. Son mujeres fuertes y castas que ya no posan, sino que están en movimiento y revelan sus sentimientos, como en el caso de Judith que deja entrever su rostro de terror por haber matado a alguien o el de Porcia que es capaz de clavarse un cuchillo en el muslo para mostrar su fortaleza. Demuestra a su vez el conocimiento que tenían las mujeres de la literatura y mitología, no únicamente reservado a los hombres.

Elisabethe Sirani

“Porcia hiriéndose en el muslo” (1664) de Elisabetta Sirani

La pintora italiana Artemisia Gentileschi (1593-1656) sufrió una violación y en vez de esconder su situación consiguió abrir un juicio para denunciarlo a través de su padre ya que no podía hacerlo entonces sola como mujer. Además, quiso evidenciarlo con sus armas, la pintura. Comenzó retratando a “Susana y los viejos” en el que ella aparecía desnuda cubriéndose pero bastante recatada, y antes de morir dio un paso más atreviéndose a representarlo haciendo un gesto a los viejos para que pararan.

Artemisa Gentileschi

«Susana y los viejos» (1652) de Artemisia Gentileschi

En la escuela de Utrecht se empleaban formatos más pequeños e íntimos, como éste en el que se observa cómo un hombre trata de establecer contacto con una mujer que no levanta la mirada de su labor, aparentemente poco atraída por él.

Utrecht

Como consecuencia de la revolución científica y del mayor conocimiento de la botánica, tuvieron su esplendor las naturalezas muertas donde fue más habitual encontrar a mujeres bodegonistas,  un género más fácil de vender. En la exposición se pueden apreciar desde bodegones íntimos, humildes y preciosistas, con una inspiración más católica como el de la milanesa Fede Galizia (1578-1630) u otros con una influencia calvinista que incitan a mostrar lo que han logrado. De esta forma se recrean  bodegones exuberantes de lujo con plata y flores de forma desbordante, como el de la belga Clara Peeters (1594-1617) en el que la artista se retrata a través del reflejo de la jarra.

Fede Galizia–               Clara Paeters

“Frutero de cristal con melocotones, membrillos y jazmín” (s XVII) de Fede Galizia                     “Bodegón con flores” (1881) de Clara Peeters

En la Ilustración surge el feminismo como reivindicación de los derechos de la mujer, un reflejo de los ideales de la revolución francesa, igualdad, libertad y fraternidad. Es habitual la organización de salones donde se apoyan a artistas y otros ámbitos intelectuales, así como la representación de ruinas arqueológicas. Las mujeres comienzan a estudiar y queda patente en los retratos de mujeres académicas o en los homenajes a Minerva, la diosa de la sabiduría.

Adelaida

“Retrato de mujer” ( 1787) de Adélaïde Labille-Guiard

Posteriormente, en el periodo colonial, algunas mujeres se van de las ciudades a otros países en los que quedan deslumbradas por el exotismo, que reflejarán en su pintura.

La francesa Jacqueline Marval (1866-1932) representa un universo femenino como si se tratara de un harén cerrado en el que las mujeres desnudas muestran una posición desafiante. De hecho, ella se autorretrata y nos mira como reivindicación del papel de la artista. Guarda una estructura muy similar a «Las señoritas de Aviñón» de Pablo Picasso.

Jaqueline

“Las odaliscas” (1902-3) de Jacqueline Marval

Forman asociaciones de mujeres artistas, al estar excluidas de las academias oficiales, en las que predomina el idealismo romántico y político retratando mujeres con sus amigas y mostrando su trabajo que había quedado invisibilizado en esa época. En algún caso incluso reivindican cómo son ellas las que soportan la mayor parte de las tareas. Aparecen como lavanderas, campesinas o planchadoras, todas juntas trabajando, riendo y haciéndose confidencias. Se preocupan por mostrar las relaciones personales entre ellas.

planchadoras

“Las lavanderas” de Marie Petit

La artista gallega Maruja Mallo (1902-1995) creó el movimiento «Las Sinsombrero» que suponía un acto de rebeldía al quitarse el sombrero para que entraran nuevas ideas, dejando ver su melena cortada como un chico. Nos muestra a la mujer encerrada es su espacio natural, su casa, y cómo las mujeres comienzan a salir a la calle.

Maruja Mallo

«La mujer con la cabra» (1927) de Maruja Mallo

Las mujeres adquieren libertades y comienzan a emanciparse. La artista ucraniana Sonia Delauney (1885-1979) como diseñadora de moda, vestía a la alta burguesía de forma moderna como podemos contemplar en «Vestidos simultáneos». Además, creó escenografías para ballets rusos gracias a su maestría en el diseño de interiores. Incluso llegó a abrir una tienda en París y otra en Madrid. Estuvo muy interesada por la geometría, el color y la abstracción.

Sonia Delauney

«Vestidos simultáneos» (1928) de Sonia Delaunay

Para los surrealistas el papel de la mujer era el de musa. Algunas artistas como Maruja Mallo criticaron a la sociedad con su pintura, en su caso, por medio de las verbenas. Ángeles Santos (1911-2013) configura un ambiente tétrico en el que relata la noticia del asesinato de un productor de muñecas que apareció en Atocha y que muestra la vulnerabilidad de una niña. Estas  imágenes tétricas inquietaron a su padre que decidió internarla como si estuviera loca. Tras un mes consiguió convencer a su padre de que le dejara salir y pintar otro tipo de imágenes más florales, luminosas y acordes al canon femenino de la época.

Angeles Santos

«Niña (Anita y las muñecas)» (1929) de Angeles Santos

En definitiva, a través de ocho secciones y un centenar de piezas, se configura una narrativa que repasa cómo la mujer artista ha pasado desapercibida en el mundo del arte, detallando los universos que más le ha interesado representar y mostrando cómo algunas mujeres fueron poco a poco adquiriendo dosis de libertad en su expresión creativa y alejándose de un estilo tradicional compuesto por flores y bodegones.

Hasta el 4 de febrero de 2024

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