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Antonio Saura En La Fundación Bancaja De Valencia

Antonio Saura en la Fundación Bancaja de Valencia

Encontrarme en la ciudad de la luz en el centenario de la muerte del artista valenciano luminista Joaquín Sorolla (1863-1923), me pareció que era una gran oportunidad para ver alguna exposición que estaba segura que le rendiría homenaje su ciudad de origen. Así acudí a la Fundación Bancaja donde tuve la gran sorpresa de encontrarme con una exposición magistralmente comisariada del aragonés Antonio Saura (1930-1988) y que conmemora los veinticinco años tras su muerte.

Es una muestra que, al combinar obras pictóricas con sus textos, nos ayudan a profundizar en su mundo particular.

No conocía sus inicios donde atraído por el surrealismo, construyó un mundo onírico y mágico como “Las nuevas savias”. Fueron las primeras obras que creó tras haber estado aislado por una enfermedad durante varios años. Flores, minerales, vegetales y otros elementos que para él representan “el vacío absoluto donde flotan los detritus de la noche oscura”. Es el paisaje del inconsciente que muestra sus obsesiones y frustraciones. Atraído por el maestro del surrealismo, André Bretón, decide marchar a París donde podrá ahondar en esta disciplina.

Antonio Saura

“Las nuevas savias” (1951)

Su obra irá evolucionando hacia el automatismo, una pintura rápida y gestual, heredera del Arte Informal y del Action Painting Americano, que no abandonará. Transmite toda su rabiosa energía al lienzo, al principio de forma abstracta, para posteriormente pasar a la figuración. Incluye la figura humana, inicialmente mujeres como en su serie “Damas”. Son cuerpos desfigurados, reducidos y simplificados, donde prevalecen sus pechos, su sexo y unas piernas abiertas, que denotan erotismo. Podemos contemplar “Las tres gracias” que rompen con la belleza y armonía de ese icono de la antigüedad para representar sus fantasías sexuales, anhelos y frustraciones.

Antonio Saura

“Las tres gracias” (1997)

Le interesan los colores primitivos, los de la tierra, el negro del carbón, el gris de las cenizas. El blanco y el negro representan las luces y las sombras.

Vinculado a la historia de la pintura española, muestra su admiración por autores como Diego de Velázquez y su “Cristo crucificado”. Parte de esta obra para realizar la serie de “Crucifixión”. No tiene tanto que ver con la religión sino con cómo se siente el hombre desesperado y desamparado ante el vacío, una vez más haciendo alusión a su sufrimiento durante la enfermedad.

Antonio Saura

“Crucifixión” (1979)

Representa a individuos y a multitudes. De hecho, una de sus series toma el nombre de “Multitudes” en las que rostros sin cuerpo se agrupan de forma repetitiva. Contrastan áreas vacías con otras de gran acumulación de trazos. Otra forma de reflejar el “horror vacui” de su vida.

Antonio Saura

“Multitud” (1959)

Es habitual que cuando un pintor emplea el papel reduce su paleta de color. Saura, por el contrario, es cuando maximiza el color. Es en este medio también donde recurre frecuentemente al humor. En la serie “Cocktail party” representa la vida cotidiana de la población en la que muchos seres informes vestidos con mucho colorido se mueven por el espacio como si se estuvieran en una fiesta en la que tratan de unirse.

Antonio Saura

“Cocktail party” (1975)

Trata otros temas sagrados como las “Catedrales”, imágenes abigarradas coronadas con cruces, en las que formas o “antiformas”, como las denomina el artista, se hacen con el espacio.

Antonio Saura

“Catedral” (1975)

Cuando se centra en el individuo destaca la serie “Retratos imaginarios” en los que revela una expresividad singular empleando signos para identificarlos. Desarrolló una serie de reyes y de artistas que le inspiraban como Rembrandt en el que las líneas de expresión manifiestan el paso de los años.

Antonio Saura

”Rembrandt” (1973)

Admirador de Goya y de la serie de pinturas negras como “Perro semihundido” realiza “El perro de Goya” en la que representa a un ser frágil que tras hundirse consigue asomar la cabeza. Le interesaba el concepto de surgimiento asociado a la idea de vacío. Sus dibujos nacen del dolor y expresan el horror de la vida y la soledad del ser humano.

Antonio Saura

“El perro de Goya” (1972)

Por último, quiero mencionar sus collages como el de “Montaigne”, una forma diferente de ejecutar el retrato de este pensador, escritor y filósofo a base de muy diferentes retratos que se disponen en el espacio del cuadro.

Antonio Saura

«Montaigne»

Rostros desdibujados configuran una belleza terrorífica difícil de asimilar por el ser humano. Su constante experimentación le lleva a alcanzar resultados muy diferentes a través de repetitivos monstruos.

Ochenta y siete piezas, de las que ochenta y cinco proceden del Museo Reina Sofía, que el artista prefirió no vender y guardar para él, nos muestran cómo este artista, fundador del Grupo el Paso, y que participó en la Bienal de Venecia y Documenta de Kassel, trató temas fundamentales de la vida como vida, muerte, sexo y religión; pero siempre desde la perspectiva del drama de una vida desgarradora.

Hasta el 28 de enero de 2024

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