Saltear al contenido principal
«Madame Bovary» De Gustave Flaubert

«Madame Bovary» de Gustave Flaubert

Recuerdo la primera vez que leí Madame Bovary de Gustave Flaubert (1821-1880) en París mientras estudiaba en la universidad y donde me mimeticé con la sociedad parisina que devoraba los libros en el transporte público. Una oportunidad para aprender francés era precisamente leer novelas francesas descriptivas que me llevaban a adquirir más vocabulario.

Madame Bovary es de esos clásicos que disfrutas releyendo. Ya habían pasado más de veinticinco años y poco recordaba salvo la imagen de una mujer que sueña con el amor y una mejor posición.

Retrata la sociedad burguesa de una época en la que la mujer tenía como responsabilidad llevar la casa y su familia con ayuda doméstica que le permitía tener largos momentos de ocio. A modo de Don Quijote se sumerge en las novelas románticas llegando a ansiar vivir esos amores intensos. Contrae matrimonio esperando que tras él surja el amor. Sin embargo, encuentra a un marido ausente, conformista y ajeno a la realidad, lo que no se parece en nada a lo que había soñado.

Se deja llevar por esa búsqueda del amor intenso que descubre en las novelas y que le parece otorgar sentido a la vida. Así se embarca en otros idilios al margen de su matrimonio en búsqueda de ese amor ansiado. A partir de esta novela surge el término “bovarismo” que se refiere a la idealización del amor y de cómo una vez se alcanza se pierde la ilusión.

Esa capacidad de soñar y de vivir fuera de la realidad no sólo se aplica al ámbito del amor, sino que, tras ser invitados a una fiesta en un castillo, se deja obnubilar por el lujo y se abandona al consumismo como forma de calmar la angustia de su existencia generando grandes deudas a la familia.

Se trata de la novela cumbre del realismo literario del siglo XIX, con una prosa minuciosa y poética en la que describe una sociedad de clases contrastando la vida en el campo y en la ciudad, donde las apariencias son fundamentales. Supone una crítica al capitalismo donde triunfa lo material sobre lo espiritual.

Se enfoca en la mujer de la época, dependiente del hombre, y describiendo la impotencia que sufre por ello. Sueña con una libertad que no puede tener, lo que le lleva a corromper su espíritu tomando las decisiones que están a su alcance como la infidelidad. Cuando queda embarazada desea que su hijo sea un varón para que tenga la libertad para recorrer países y pasiones acorde a su carácter aventurero.

El ritmo de la novela se adapta al estado de ánimo de los personajes siendo una descripción más minuciosa cuando revela los momentos de aburrimiento y hastío de Emma y más acelerado cuando narra la pasión a la que se entrega la protagonista.

El estilo es dramático y teatral. Se aísla en su mundo de fantasía y ficción en el que vive con pasión momentos de esperanza, de angustia, de frustración o desilusión. Una vida de ensoñación en la que se rebela contra su destino acabando con un final trágico.

Esta grandiosa novela supuso un escándalo en la época ya que rompía con la tradición literaria y fue incluida por la Iglesia Católica en la lista de los libros prohibidos.

Esta entrada tiene 0 comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Volver arriba