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Juan Muñoz En La Sala Alcalá 31

Juan Muñoz en la sala Alcalá 31

Los madrileños tenemos que estar orgullosos del nivel artístico de nuestra ciudad. Ayer estuve en la sala Alcalá 31 viendo la exposición del artista madrileño Juan Muñoz (1956-2001) que conmemora los 70 años de su nacimiento.

Abarca dos décadas de su trayectoria artística, desde finales de los años 80 hasta su muerte.

El título de la muestra “Todo lo que veo me sobrevivirá” forma parte de un poema de la poetisa rusa Anna Ajmátova que escribió en su cuaderno de notas cuando expuso en la Sala de Turbinas de la Tate Modern, su última exposición antes de morir.

Fue uno de los primeros artistas de su generación que apostó por la escultura figurativa buscando nuevos lenguajes. A pesar de la quietud de la propia escultura, jugaba con la creación de movimiento, que conseguía a través del gesto.

Nos recibe esta obra de los noventa en la que lo primero que nos llama la atención es el suelo que está formado por formas geométricas que generan una ilusión óptica. Sobre él dos figuras planas negras, como si estuviésemos en un teatro de sombras, representan a dos centinelas que vigilan y protegen de alguna forma la sala y la exposición posterior.

Juan Muñoz

“Dos centinelas sobre suelo óptico” (1990)

En esa época realizó también la serie de “Alfombras” como esta escultura en la que tres hombres con las caras pintadas de amarillo, como si llevaran máscaras, se encuentran atrapados dentro de unas alfombras, que parecen servirles de escondrijo. Le interesa generar teatralidad en sus obras. Así esta pieza nos lleva a preguntarnos de qué se esconden. ¿Será de nosotros o estarán percibiendo un peligro detrás de nosotros del que no nos hemos percatado?

Juan Muñoz

“Pieza de alfombra III” (1993)

En los años 80 comenzó a recurrir a elementos arquitectónicos como balcones, puertas o escaleras. Balcones que coloca en las paredes totalmente vacíos quedando de alguna forma el ser humano implícito. Son marcos de referencia teatral descontextualizados.

Juan Muñoz

“Nimes balcony” (1994)

Continuando con la teatralidad, en la década de los noventa introduce los espejos que le permitían alterar la realidad. Escoge además al enano que le interesa al recordar que se trataba del único que podía criticar a la corte deformando la realidad como él, como ser deforme.

Podemos apreciar cómo una mujer posa ante un espejo reflejándose en él un vestido azul que no lleva en la parte posterior, que es la que ve el público, haciéndonos reflexionar sobre la realidad y la ficción.

Juan Muñoz

“Sara con vestido azul” (1996)

Recurrió a personajes asiáticos, similares entre sí, ausentes y ajenos al espectador, sin pies. Su semblante habitual es riendo lo que nos hace sonreír. En 1992 comienza a realizar piezas de conversación como la que podemos observar en esta sala.

Juan Muñoz

“Plaza” (1996)

La dimensión de las figuras es inferior a la escala humana y algunos parecen salir de un saco o de formas semiesféricas recibiendo el nombre de tentetiesos. En «Dos vigilantes» dos figuras se miran con tono desafiante. Parece que quieren comunicarse entre ellas pero que no pueden. Es una forma de hacer crítica a la incomunicación.

Juan Muñoz

«Dos vigilantes» (1993)

Finalmente, “Con la cuerda en la boca” forma parte de una de sus esculturas colgantes que, aunque hacen referencia al circo y sus acróbatas, nos puede trasladar a la imagen de un ahorcado.

Juan Muñoz

“Con la cuerda en la boca” (1997)

En total veintiuna esculturas monocromáticas de bronce, resina o terracota de figuras humanas solas o en grupo, en posturas imposibles, en barandillas o automóviles, generan una narrativa y nos llevan a cuestionarnos qué ocurre en el espacio, qué es realidad y qué ficción.

Hasta el 11 de junio de 2023

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