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Colección Pinault En La Bourse Du Commerce De París

Colección Pinault en la Bourse du Commerce de París

La colección Pinault se encuentra entre las diez mayores colecciones a nivel mundial. Tiene dos espacios en Venecia que tuve la ocasión de conocer cuando fui en 2013 a su bienal. Una ciudad en la que es habitual mezclar palacios y otros edificios clásicos con obras de arte de rabiosa modernidad. Algo similar quiso hacer François Pinault en la capital francesa escogiendo el edificio de la Bolsa para combinar el clasicismo del edificio con su colección de arte actual. Fue inaugurada hace ya un año, pero no tuve oportunidad de ir a conocerla hasta este año en el que aproveché un viaje familiar para hacer una escapada a esta gran colección que me dio una gran dosis de energía.

Allí asistí a obras integradas en el edificio como este ratón del artista inglés Ryan Gander (1976) que trabaja sobre los límites entre la realidad y la ficción. Este animal se asoma desde su agujero mostrándose ante el público mientras esperan al ascensor. Su aparición repetitiva en bucle nos lleva a cuestionarnos sobre los ritmos de nuestra propia vida. Grita para llamar la atención, como hace el ser humano por su necesidad de ser atendido.

Ryan Gadner

« Ratón » (2019) Ryan Gadner 

De la misma forma, el provocador artista italiano Maurizio Cattelan (1960) decide colocar unas palomas disecadas en el alfeizar interior del tercer piso de forma que parecen vigilar lo que ocurre en la sala, generando una sensación inquietante.

Maurzio Cattelan

“Others” (2011) de Maurizio Cattelan

La sala central se dedica al personaje de animación japonés Annlee, una adolescente con la mirada en blanco que escogieron de un catálogo los artistas franceses Pierre Huyghe (1962) y Philippe Parreno (1964) a los que les gusta trabajar de forma colaborativa. Philippe Parreno la representa en una pantalla gigante de led donde reflexiona por medio de un monólogo sobre su existencia, el descubrimiento de que pertenece a la ficción y su posterior lucha por recuperar su libertad. Este personaje es además interpretado por diferentes artistas como el alemán Tino Seghal (1976) o la francesa Dominique González-Foerster (1965). Seghal, por ejemplo, lo reproduce por medio de una performance en la que una chica continúa las reflexiones de Annlee tomando contacto con los visitantes. De esta forma vuelve a traspasar las barreras de la realidad y la ficción. A Tino le interesa la interacción con el ser humano ya que lo considera más complejo incluso que las propias máquinas. Es una forma de indagar en él a través de la interactuación con el público.

« Anywhere out of the world » (2000) de Philippe Parreno

El hecho de haber sido una exposición concebida para el verano llevó a Philippe Parreno a pensar en el previsible bochorno de esos días y en cómo el sol debía formar un papel activo en el museo. Expuso en el norte de la sala un ventilador que soplaba aire como si se tratara de viento norte. Por otra parte, colocó un montículo de nieve que te lleva a olvidar que estás en el interior de un museo y unos heliostatos que reaccionaban al sol al reflejarse en sus espejos. Además, incluyó un biorreactor para que actuara cuando no daba el sol de forma orgánica. En consecuencia es una exposición en constante transformación y que contrasta con las estáticas exposiciones ubicadas en los clásicos “White box”, algo de lo que trata de huir Parreno.

Philippe Parreno

“Ventisquero” (2013-2022) de Phillippe Parreno

La exposición toma el título de “Un segundo de eternidad” haciendo alusión al paso del tiempo, a la vida y la muerte. Para ello nada mejor que el artista cubano Felix González-Torres en el MACBA (1957-1996) cuyo discurso gira en torno al tiempo. Su obra se expone en distintos lugares del museo, combinándose con las obras de otros artistas como el de su amiga americana Roni Horn (1955) con quien dialoga. Ambos tratan temas como la identidad, las minorías o la resistencia hacia las restricciones de la sociedad.

La figura humana desaparece en la escultura «Vestido de novia» que la americana Elaine Sturtevant (1924-2014) clona del artista conceptual americano Robert Gober (1954). Al estar colocada junto a las instalaciones de guirnaldas de luz del cubano González-Torres le dota de otra lectura. Meditan sobre la autoría y propiedad con una perspectiva queer y feminista.

Sturtevant

“Gober Wedding Gown” (1994) de Elaine Sturtevant

El placer inmediato es perseguido en ese minuto de eternidad. Así Philippe Parreno nos muestra un piano que toca solo, rodeado de globos de helio en forma de peces, otorgándole un ambiente lúdico festivo a la sala. Una vez más lo recrea con la ausencia de la figura humana.

Philippe Parreno

« My room is a fish room” de Philippe Parreno (2014-2022)

En “Ópera”, María Callas se convierte en espectro al ser representado por la artista Dominique González-Foerster (1965) a modo de holograma.

Gpnzález Foerster

“Ópera” (2016) de Dominique González-Foerster

Por último, quiero citar a la artista norteamericana Carrie Mae Weems (1953) que se vale de una imagen digital difuminada de un hombre negro con capucha, que al exponerla de forma repetitiva evoca una imagen homogénea de hombres de raza negra que vemos habitualmente en los medios y que nos llevan a asumir prejuicios. Reflexiona sobre el racismo condenando los asesinatos de ciudadanos negros por policías blancos.

Carrie Mae Weems

“Repeating the obvious” (2019) de Carrie Mae Weems

En definitiva, una exposición que desafía los límites de los museos, generando espacios mutantes en los que se producen momentos irrepetibles. Aunque el ser humano no está necesariamente presente, impactan al público de tal forma que sentirá que vive unos segundos de eternidad.

Hasta el 30 de enero de 2023

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