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Frida Kahlo En Casa México

Frida Kahlo en Casa México

Frida Kahlo (1907-1954) es uno de los personajes femeninos que más han trascendido no sólo de la cultura mexicana sino de prácticamente toda la historia del arte. Algunos la conocen por la mujer del muralista mexicano Diego Rivera (1886-1957), otros por su gran personalidad, por su colorido vestuario tradicional mexicano, por sus flores en el cabello, por su entrecejo o por sus obras.

Se trata de una mujer fuerte que sufrió varias limitaciones en su vida que nunca la pararon. De niña tuvo una enfermedad que le dejó una pierna más corta y delgada que otra y en su adolescencia un accidente cuando iba en un camión que le destrozó la espalda obligándole a pasar grandes periodos en casa sin poder moverse. Todo ello no fue óbice para desarrollar un gran carácter y personalidad.

Hija de un fotógrafo alemán, se inicia en el arte pintando a su familia, amigos y conocidos, donde reflexiona sobre la identidad de la sociedad mexicana, consiguiendo captar la personalidad del retratado. El “Retrato de Alicia Galant” fue uno de sus primeros retratos, en el que se asoma un paisaje nocturno tras la ventana, configurando una pintura oscura en el que el rostro y sus manos acaparan la luz. Detrás firma con “mi primera obra de arte” en 1927.

Frida Kahlo

“Retrato de Alicia Galant” (1927)

Tras conocer a Diego Ribera comienza a vestirse con vestidos tehuanos, que representan la tradición mexicana, y a pintar a niños indígenas como esta niña que posa sentada en una silla. Bajo sus retratos se esconden la mirada de mujeres tristes y serias. El vestido está pintado con mayor precisión contrastando con un sencillo fondo bicolor.

Frida Kahlo

“La niña Virginia” (1929)

No le gustó representar el accidente que sufrió, pero sí el dolor físico y emocional que padeció cuando se rompió la columna vertebral. Representa precisamente su columna como un pilar jónico resquebrajado, estando su cuerpo rodeado de un corsé que la sujetaba y que deja entrever su interés por la anatomía. El paisaje desierto al fondo muestra la soledad en la que se encontraba. Refleja su agonía por medio de muchos clavos que le provocan un dolor constante por todo el cuerpo y en el corazón. A pesar de todo no se rindió, sino que pintaba recostada con un espejo que le permitía realizar autorretratos y que la mantenía con esperanza.

Frida Kahlo

“La columna rota” (1944)

Por otro lado, su deseo de ser madre nunca consiguió que se llevara a término. Tuvo varios abortos que recordaba como los momentos más dolorosos de su vida.

En “Hospital Henry Ford” muestra una de esas ocasiones en las que permanece ligada por el cordón umbilical no sólo al feto, sino a otros elementos que le atan como un caracol, que refleja la lentitud con la que vive ese momento; la pelvis que le limita al andar; una orquídea que le dio su amado y que simboliza la esperanza; una maqueta médica que refleja las roturas de su columna y una máquina que alude a la industrialización que atraía a Diego pero que ella de alguna forma rechazaba.

En ocasiones se le tildó de surrealista. Sin embargo, ella siempre lo negó ya que no representaba sus sueños sino su propia realidad.

Frida Kahlo

“Hospital Henry Ford” (1932)

No consiguió tener hijos, pero se rodeó de animales que le daban cariño como el mono araña o su perro que representa con una mirada desafiante en “Autorretrato con changuito”. Muestra una imagen de ella masculinizada con un gran entrecejo en forma de ave simbolizando un animal en libertad y un poco de bigote. En ocasiones se ha relacionado este estilo con una forma de feminismo y, en otras, con el deseo de llamar la atención al ir en contra de la estética femenina reinante en esa época.

Frda Kahlo

“Autorretrato con changuito” (1945)

Al final de la muestra encontramos su diario en el que describe situaciones de dolor, enfatiza en elementos que afectan a su pintura como lo que le sugieren los colores, incluye dibujos y frases como la que escribió tras la amputación de su pie “Pies, para que los quiero si tengo alas para volar”.

En definitiva, treinta y una pinturas y noventa y una fotografías, muchas de ellas del mexicano Manuel Alvarez Bravo, configuran la primera retrospectiva que se hace en España de Frida Kahlo en los últimos 38 años. En ella podemos adentrarnos en el mundo onírico de Frida, un mundo íntimo lleno de color e imaginación que representan la vida cultural mexicana de la época y que han trascendido a la figuración de hoy.

Hasta el 30 de noviembre de 2022

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