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Javier Pérez En El Kursaal De San Sebastián

Javier Pérez en el Kursaal de San Sebastián

Descubrí al artista bilbaíno Javier Pérez (1968) en la galería Salvador Díaz hace por lo menos una década. Me impresionó su aproximación a temas como la muerte y el uso de materiales simples de gran calidad y atrayentes.

En 2001 representó a España en la bienal de Venecia y desde entonces ha sido un artista que apenas me he encontrado en los circuitos artísticos habituales.

Me encantó ver que exponía la obra de su última década en el Kursaal de San Sebastián y no dudé en acercarme a verla con mi hija.

La exposición comienza con una serie denominada “Caminos” y que consta de dibujos sobre un cartón negro de árboles, hojas, troncos y ramas que se encuentra en los paseos que da por el parque próximo al Montseny. Pinta a carboncillo y pastel, dando la impresión de ser tiza de varios colores: blanca, rosa, azul o verde. Siempre colores claros que destacan sobre un fondo oscuro y que de lejos dan la impresión de tratarse de fotografías. Nos trasladan un halo de silencio, soledad, misterio y peligro propio de este paisaje en tinieblas.

Javier Pérex

Posteriormente entras en la sala principal donde hay una pieza denominada “El carrusel del tiempo” que supone un gran golpe de efecto. En la parte central un gramófono proyecta melodías de los años 60 mientras los zapatos de 32 parejas de hombres y mujeres se deslizan por el aire bailando al son de la música. Reflejan el desconsuelo de los tiempos bélicos. Nos permite proyectarnos en diferentes momentos de la historia, haciéndonos reflexionar sobre las guerras y la situación actual de Rusia y Ucrania que en ocasiones parece que hemos asumido y olvidado. La música nos traslada esa sensación de aislamiento y de dificultades de comunicación en momentos difíciles. Son situaciones cíclicas que se repiten y cuyo giro nos hace darnos cuenta de que estamos en una espiral del tiempo.  Esta serie toma el nombre de “Presencias y ausencias” y visibiliza cómo, en ocasiones, la ausencia habla mejor de nosotros mismos.

Los zapatos sirven para aludir al ser humano y se reparten por la sala colocados en un globo de cristal o junto a unos cuchillos que llaman la atención. Ese mismo juego se reproduce en un video en el que una bailarina de ballet baila en puntas sobre un piano de cola con unas zapatillas de ballet de las que sobresalen unos cuchillos que van rallando la madera del piano mientras se tambalea sobre el instrumento. Refleja la fragilidad del ser humano.

Javier Pérex

Junto a los zapatos comienza otra serie denominada “Insomnio” en la que observamos los dibujos de unas camas desordenadas que reflejan el movimiento incesante y desesperado de alguien que no consigue conciliar el sueño. En esa misma línea unas almohadas de mármol de carrara representan el ajetreo tras una pesadilla, pero esta vez con carácter escultórico. Las huellas de nuestro cuerpo quedan grabadas trasladando ese mundo onírico a objetos inanimados.

Javier Pérex

Por último, otra serie en la que retorna a la naturaleza, en esta ocasión por medio de la escultura. Unas ramas de bronce nacen de corazones que palpitan y cuyo bamboleo mantiene la vida de las mismas. De otra rama se extiende una médula espinal como si se tratara de una columna vertebral que nos sostiene.

Javier Pérex

En definitiva, observamos cómo Javier Pérez consigue rescatar temas que le atemorizan y transformarlos en algo bello y sorprendente. Toca los límites de la atracción y la repulsión. Habla de lo humano sin mostrar la figura humana.

Hasta el 25 de septiembre de 2022

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