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“El Cuaderno Gris” De Josep Pla

“El cuaderno gris” de Josep Pla

Recuerdo una de esas anécdotas de mi abuelo Antonio Valencia, al que siempre he admirado ya que fue premio nacional de crítica y de literatura, que aprendió catalán para poder leer a Josep Pla (1897-1981). Me hizo pensar que tenía que ser muy especial para que afrontara un nuevo idioma con tesón y con poca aplicación práctica más allá de conocer su obra.

Mis padres también lo habían leído y cuando mi madre padecía de cáncer y estaba atravesando sus últimos meses de vida decidió releer “El cuaderno gris”. Una anécdota más que reforzaba el interés que tenía esta obra para mi familia.

“El cuaderno gris” es un diario que hace recomendable una lectura pausada y no necesariamente continua. Sin embargo, mi momento vital, en el que el tiempo apremia, me dificulta mantener dos lecturas diferentes y preferí centrarme en ésta de inicio a fin.

Nada más comenzar a leerlo entendí a mi abuelo y a mi madre. Me producía una deliciosa sensación de paz que me recordaba a cuando comencé a leer a mi venerado Marcel Proust (1871-1922), del que Pla manifiesta su profunda admiración. De forma sencilla y sosegada relata su día a día y sus pensamientos.

Publicada en 1966, narra sus vivencias como joven universitario en 1918-1919. No fue traducida hasta 1975 lo que explica el interés de mi abuelo por leerla en catalán.

En la primera parte relata cómo clausuran su universidad por una epidemia de gripe y tiene que retornar con su familia a Palafrugell. Describe la sociedad catalana con la que convive en el Ampurdán, que había tenido la ocasión de conocer durante mis veraneos con mis padres en Gerona.

La segunda parte transcurre en Barcelona, donde yo también estudié durante dos años. Allí reflexiona sobre su vida universitaria y su futuro. Con un tono humorístico y realista relata anécdotas sobre sus amistades y profesorado.

Impresionan la calidad de sus reflexiones en las que se delata uno de sus referentes, Montaigne (1533-1592) y sus ensayos.

En definitiva, una obra con muchos guiños a autores que admiro y a situaciones que he vivido, que me ha hecho disfrutar. Efectúa una mirada crítica de la vida cotidiana y de la sociedad, evidenciando su búsqueda de tiempos perdidos y de eterna permanencia, con gran sensibilidad. Se descubre la brillantez de este intelectual que consigue una narración serena y elegante y no por ello menos realista de la sociedad catalana.

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