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Guillermo Mora En Alcalá 31

Guillermo Mora en Alcalá 31

Si hay una exposición que me hacía ilusión este año es la de Guillermo Mora (1980) en Alcalá 31. El artista más joven que ha expuesto en esta sala.

Por un lado, se trata de un artista que llevo siguiendo desde hace casi diez años. Lo descubrí en 2013 en la Casa Encendida en los premios de Caja Madrid con una de sus pinturas esculturas que me fascinó.

Además, esta exposición está comisariada por una gran amiga, Pía Ogea, con lo que sabía que la conjunción de ambos sólo podría tener un resultado espectacular.

Guillermo juega con los límites de la pintura y de su presentación tradicional. Rompe con la tradición de enmarcar las obras pictóricas o elevar las esculturas en un pedestal. Cuestiona la representación y la presentación clásica.

Desliga la pintura del bastidor y del marco y se centra en cada uno de los elementos de forma individualizada.

Nos reciben, de hecho, unos monumentales marcos de colores que toman el espacio y que conectan el primer piso con la planta baja. Estos módulos nos obligan a atravesar el espacio modificando el recorrido habitual del mismo y alterando la percepción. El poder de la pintura nos lleva a transformar la mirada.

Las grandes dimensiones de los módulos de colores contrastan con obras más pequeñas que descubrimos en cualquier rincón de la pared, suelo o techo.

Guillermo Mora

Por otro lado, juega con las olvidadas maderas de los bastidores que suelen soportar los lienzos, para crear esculturas que visibiliza dotándolas de colores vivos y retorciéndolas adoptando formas circulares que rompen una vez más con la tradicional rectangularidad

Guillermo Mora

Las grapas que habitualmente se emplean para unir el lienzo al bastidor también toman protagonismos en otra serie de obras. Así descubrimos unos papeles monocromos, con multitud de grapas, que han sido desgarrados dejándose ver la pared al fondo y otorgándole un carácter tridimensional.

Guillermo Mora

Llegamos a la pintura que desprende del clásico lienzo. Decide acumularla en capas configurando paquetes con ella. Crea una masa compacta que adquiere un cuerpo sobre sí misma sin necesidad de bastidor. La pintura es apresada con gomas elásticas. Es pintura pura.

Guillermo Mora

Busca nuevas perspectivas de la pintura adquiriendo en algunos casos un carácter tridimensional.

Emplea una rica y viva gama cromática que combina en sus obras. La pintura, en ocasiones, se nos muestra quebrada como en estos lienzos enrollados que reflejan el paso del tiempo y la presencia humana, lo que los acerca al espectador y a la realidad.

Guillermo Mora

También describe el paso del tiempo con estas barras cilíndricas formados por papel grapado, en las que emplea los colores con los que se vistió cada día.

Guillermo Mora

«Siete veces yo» (2022)

A Guillermo le encanta la idea de que la pintura esté con nosotros y no como una ventana a otro mundo, sino con su parte física. De hecho, elimina el muro que suele marcar el inicio de la exposición abriéndola a la calle y haciéndola más cercana.

Considera el arte como un laboratorio en el que configura la obra desde otra posición. Trata de ver la pintura no sólo desde su punto de vista frontal sino incluso de perfil percibiendo sus capas y su interior, superponiendo y ocultando contenido a la superficie y cuestionando si es más importante lo que se muestra o lo que se oculta.

En total son cuarenta obras de los últimos quince años que muestran la pintura como resistencia cuestionando su lógica y su disposición.

Hasta el 24 de julio de 2022

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