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*Los Miserables» De Víctor Hugo

*Los miserables» de Víctor Hugo

Hay libros que por muy largos que sean nos atrapan y no podemos dejar de devorar.

Recordaba a mi madre decir cómo de niña fascinada por “Los miserables” del autor francés Víctor Hugo (1802-1885), se lo llevaba hasta al colegio porque no podía dejar de leerlo.

Mi madre siempre ha sido una referencia para mí e incluso ahora desde el cielo me hace recordar capítulos como éste e interesarme por su lectura.

Esta novela se sitúa en la Francia del siglo XIX, abarcando acontecimientos como Waterloo o las barricadas en París de 1848. Un momento histórico dominado por las desigualdades sociales en el que la pobreza hace brotar ideales libertarios y democráticos.

Refleja cómo la miseria extrema corrompe al ser humano. Así el protagonista Jean Valjean es detenido por robar pan para alimentar a sus sobrinos. El hecho de estar en prisión le lleva a odiar el sistema y adoptar un comportamiento vil contra la ley. Se fuga y vuelve a robar hasta que conoce a Monseñor Myriel, un obispo generoso cuyo ejemplo de bondad le inspira y le motiva a reconvertirse en una buena persona. A partir de ahí Jean se ve contagiado por esa benevolencia. Trabaja duramente creando una fortuna y obteniendo una posición de benefactor de la ciudad por la que será nombrado alcalde. Llega incluso a adoptar a Cosette, una niña maltratada por sus cuidadores, los Thenadier, cuando su madre fallece y queda huérfana. La madre de Cosette es otro ejemplo de la miseria de la época, ya que tuvo que abandonar a su hija para trabajar y mantenerla. Incluso llega a prostituirse haciendo hincapié en la pobredumbre de la época. Sin embargo, la situación de ex convicto de Jean es condenada por la sociedad obligándole a esconderse y a cambiar de nombre.

Jean es perseguido obsesivamente por el policía Javert. Este hombre, que nació en la cárcel por un convicto, se convierte en un policía obsesionado por capturar y castigar a los malhechores de forma deshumanizada con el pretexto del ejercicio de la ley. La bondad de Jean Valjean que le llega a perdonar le hace recapacitar. Opta por aportar algo al mundo y al sistema denunciando la situación de las cárceles. Posteriormente se quita la vida. Nos lleva a cuestionar la justicia y hasta qué punto hay que incidir en el castigo o en enseñar el bien.

La pobreza extrema convierte también a los Thenadier en hombres malvados que abusan de Cosette siendo una niña a la que su madre les ha dejado a su cargo. El sentido moralista es una constante en la obra. Así Marius, un joven estudiante que tras morir su padre descubre que Thenadier, le salvó la vida a su padre, trata de encontrarlo para compensarle. Sin embargo, descubre que es un hombre malvado y que maltrató a su amada, lo que le hace debatirse sobre cómo debería actuar ante esta situación.

Destaca cómo Dios y la fe nos incitan a hacer el bien. Es un obispo el único que cree que con la demostración del bien un hombre puede cambiar.

Uno de los temas que trata la novela es precisamente el amor. El amor del obispo hacia el prójimo, incluido Jean, sabiendo que le acaba de robar; el amor romántico y apasionado entre Marius y Cosette o el amor paternal de Jean Valjean y Cosette. Demuestra la necesidad de ser amado.

En definitiva, retrata la miseria de la sociedad en la Francia del siglo XIX y cómo corromper al ser humano. El amor de Dios se convierte en la forma de salvación contra un sistema de justicia que castiga y que le lleva al hombre a ahondar en su maldad.

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