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El Beso Que Nos Introdujo En La Pinacoteca De Brera

El beso que nos introdujo en la Pinacoteca de Brera

  • Arte

Paseando por Milán me preguntaron si había artísticamente algo que mereciera la pena. Enseguida me vino a la cabeza la Plataforma de Arte Contemporáneo pero quizás era un poco radical así que recordé la pinacoteca de Brera que me había descubierto mi madre y que permitía apreciar grandes obras de la pintura italiana renacentista, mucho más adecuada al público que me acompañaba.

Hacia allí nos dirigimos con cierta prisa porque iban a cerrar las taquillas pero no llegamos a tiempo y no nos dejaron entrar. La curiosidad nos llevó a recorrer la parte del museo que seguía abierta y disfrutar de su arquitectura. Incluso el bar alojaba joyas que merecía la pena conocer. Precisamente en el bar había una puerta de cristal a la que me acerqué al descubrir que allí estaba el famoso beso de Hayez. Me apresuré a avisar al resto para que pudieran contemplarlo a lo lejos y en ese momento las puertas se abrieron. De repente nos vimos dentro rodeados de una belleza inesperada que tuvimos la oportunidad de deleitar. Hicimos un recorrido rápido y voy a hacer lo mismo aquí deteniéndome sólo en las obras más renombradas.

“El beso” de Francesco Hayez (1791-1882) es el manifiesto del romanticismo italiano. Realizado en 1859, representa el amor que surge con la reunificación italiana.

El colorido del vestuario hace referencia precisamente a las pasiones e ideales patrióticos. Así, él va vestido con los colores de la bandera italiana, mientras que ella con los de la bandera francesa. Es propio del romanticismo de la época. De hecho, Hayez es considerado el máximo exponente del romanticismo histórico. Tuvo tanto éxito que el pintor realizó varias versiones del mismo.

Destaca la representación del vestido de ella con los pliegues y arrugas propios de ese tejido, así como las manos con las que tanto él como ella se abrazan. La sombra que aparece en la pared en la parte derecha nos lleva a imaginar que no están completamente solos y que existe algún peligro. Acentúa la teatralidad del momento.

Este cuadro es recordado anualmente por la pinacoteca en el día de los enamorados en el que se fomenta que se reproduzcan e inmortalicen besos como éste.

Tras ver esta magnífica obra descubrimos las lamentaciones de Cristo de Andrés Mantegna (1431-1506). Su presentación tumbado hacia el espectador, en la que nos reciben unos pies agujereados nos genera la sensación de que lo tenemos sobre nosotros. Es uno de los escorzos más extremos que se ha empleado en la historia del arte. La profundidad conseguida es máxima. Rompe con la perspectiva que había realizado hasta ese momento.

Tanto la disposición del Cristo como su cuerpo en el que se marcan los huesos acentúan el dramatismo. Cubierto con un sudario del mismo tono, en el que se aprecian multitud de dobleces, que contribuyen a generar una imagen desoladora. A su izquierda los rostros de la virgen María, San Juan Bautista y María Magdalena le observan mostrando el dolor por su muerte. Todos estos detalles junto a la perspectiva escorzada proporcionan gran fuerza a la obra.

Mantegna

“Lamentación sobre Cristo muerto” (1483) de Andrea Mantegna

Continuando con la temática religiosa, propia de la época y del artista, volvemos a encontrarnos con Cristo, esta vez de pie, sujetado por la Virgen María y San Juan pintado por Giovanni Bellini (1433-1516), uno de los artistas más importantes del renacimiento italiano. La expresividad de sus rostros y la emotividad de sus manos, tensionadas por el dolor o relajadas como signo de cariño, reflejan los sentimientos que aprendió a retratar gracias a su cuñado Mantegna. El cuerpo de Cristo muestra un aspecto escultórico, influencia de Donatello. El punto de vista de la pintura bajo le permite enfatizar la grandiosidad del momento.

Bellini revolucionó la pintura veneciana. La hizo más sensual y colorista con una iluminación más natural que le permitía enfatizar el dolor y sentido dramático. Para ello, se basó en la pintura al óleo que introdujo en Italia donde predominaba la pintura al temple.

La piedad

“La piedad” (1467-70) de Giovanni Bellini

Tras la serenidad de los cristos de Mantegna y Bellini, nos introducimos en la pintura manierista de Tintoretto (1518-1594) que pretendía pintar a la manera de los grandes maestros. Toma las posturas difíciles comunes de Miguel Ángel y representa personajes en movimiento como a San Marco volando, símbolo de que ya está muerto. La torsión y agitación de los personajes consiguen un fuerte dinamismo e intensidad dramática. La luz define las formas y el espacio otorgándole un sentido dramático y anticipándose al claroscuro.

Tintoretto

“Milagro de San Marco” (1562-66) de Tintoretto

Termina el renacimiento y nos introducimos en el barroco en el que se acentúa el dramatismo y la emoción por medio de técnicas como el claroscuro. Es una pintura más efectista predominando el uso del color sobre la línea.

Uno de sus máximos representantes, Michelangelo Merisi da Caravaggio (1571-1610), reproduce la cena de Emaús enfatizando la parte teatral y sagrada de la cena. Relata un pasaje del Evangelio de San Lucas en el que Jesús está en una posada comiendo con dos discípulos y representa el momento en el que bendice la mesa y sus discípulos se dan cuenta de que él es su señor. En esta composición Cristo resucitado se sitúa en el centro y es rodeado por sus discípulos, el posadero y su mujer. El asombro de los discípulos se deja entrever por la posición de la mano izquierda de uno de ellos y cómo se aproxima y le mira el de la derecha. El posadero también le mira con curiosidad, aunque no queda claro que esté entendiendo lo que ocurre.

Maestro del tenebrismo, crea una escena oscura en la que la luz ilumina a los personajes proporcionándoles volumen. Su pintura es naturalista mostrando la realidad tal cual es, dejándose entrever la pobreza y la suciedad. Es la segunda versión del pintor sobre este tema.

Caravaggio

“Cena en Emaus” (1606) de Caravaggio

En definitiva, pudimos sumergirnos en la pintura italiana disfrutando de grandes piezas que nos elevaron el espíritu, disfrutando aún más del paseo milanés.

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