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Magritte En El Museo Thyssen

Magritte en el Museo Thyssen

Reconozco mi debilidad por los artistas surrealistas que se adentran en el mundo de la fantasía y de los sueños para representar un universo mágico. Dentro de ellos, el belga René Magritte (1898-1967) me fascina por su ingenio y creatividad. De hecho, ya escribí en este blog un artículo sobre su obra “Los amantes” en la que una pareja se besa bajo un velo, recordándonos la situación actual de las mascarillas.

En cuanto vi que el Museo Thyssen organizaba una exposición en Madrid no pude dejar de pensar en cuándo iría a verla. Es una de esas muestras fáciles de apreciar por niños y mayores. Por esa razón buscaba el momento de ir con mi hija, pero no pude evitar acercarme yo sola un día que pasé al lado del museo. Todavía tengo intención de volver con ella.

Magritte concebía al artista como un mago. Así, cuando se autorretrata como en “Tentativa de lo Imposible” nos muestra los poderes del creador para construir imágenes que pueden parecer reales y humanas. En esta ocasión se le ve pintando sin lienzo a su mujer que parece haberse vuelto real, otorgándole un valor especial a la pintura. Esta forma de representar lo extraño como algo real cobra el nombre de realismo mágico, un estilo que siguió a partir de 1926 en el que se reflejaba su imaginación y la capacidad de crear personajes o discurrir sobre el futuro.

René Magritte

“Tentativa de lo imposible” (1928)

Una de las aportaciones de Magritte fue su cuestionamiento de la relación del objeto y la pintura creando ambigüedad con las palabras. Es especialmente conocida su obra en la que escribe “Esto no es una pipa” junto al dibujo de una pipa. Hace referencia a que lo que vemos no es la pipa como objeto, sino el dibujo de una pipa. Es la ilusión de la pintura. ¿Nos están traicionando las imágenes?

René Magritte

“La traición de las imágenes. Esto sigue sin ser una pipa” (1952)

Magritte trabajaba en diferentes versiones de sus obras. Ésta, por ejemplo, es una versión de su pintura de 1929. Combinaba objeto, imagen y lenguaje generando incoherencias. Su objetivo era hacer pensar sobre la pintura y cuestionarnos lo que vemos en ella.

Este carácter repetitivo y obsesivo es lo que da el título a esta exposición “La máquina”. También hace referencia a la máquina de pintar que creó en 1950 junto a otros artistas.

Influido por los collages pintó, especialmente en el periodo de 1926 a 1931, planos recortados en los que transformaba a hombres y objetos en huecos. Con ese vacío tras el que se vislumbraba lo que había en la parte posterior, generaba el efecto de una ventana dentro del cuadro, un recurso empleado en el Renacimiento. En “La alta sociedad”, dos siluetas juntas dejan entrever por un lado un matorral y, por otro, un paisaje playero dominado por su característico cielo nuboso que alude al infinito y al universo de los sueños.

René Magritte

“La alta sociedad” (1965 o 1966)

La figura humana es una constante en sus obras. Sin embargo, le otorga un carácter anónimo e impersonal al no descubrir su rostro. Lo esconde de diferentes formas o bien colocándola de espalda o bien cubriéndola con un objeto o una tela. Alude al espectador que contempla el paisaje y piensa. Suele representarse con un abrigo y un bombín como si se tratara de un hombre cualquiera. En esta ocasión, lo que convierte a la imagen en extraña es que, en vez de trasladar el cielo a otros emplazamientos, lo transforma en el techo de una casa.

“El gran siglo” (1954)

Vació la máscara funeraria de Napoleón para darle un aspecto celeste. Consideraba que hubiese sido mejor que su cabeza estuviese formada por un gran cielo con sus nubes que con sus propias ideas.

René Magritte

“El futuro de las estatuas” (1932)

Interesado por el mimetismo y la capacidad del hombre de camuflarse y disolverse en el espacio, observamos cómo una paloma aparece una vez más recortada. Tras ella se asoma un cielo nuboso. La paloma, como alegoría de la paz, comenzó a representarla en tiempos de guerra, otorgándole un valor simbólico.

“El pájaro de cielo” (1966)

En otras ocasiones lo que hace el pintor es extraer un objeto de su contexto y colocarlo en un lugar extraño. Este extrañamiento se llevaba a cabo modificando la escala de algunos objetos que crecían hasta devorar el espacio, convirtiéndose en gigantes como si estuviéramos en Alicia y el país de las maravillas.  Las manzanas son recurrentes en la obra de Magritte que evocan a la manzana de Eva, al pecado original, a la tentación.

René Magritte

“La habitación de escucha” (1958)

En “Delirios de grandeza” pinta el torso de una mujer dividido en tres partes, como si se la hubiese cortado en rodajas y cada una se acopla dentro de otra a modo de muñeca rusa. Genera la impresión de que el cuerpo femenino se va dilatando como cuando Alicia crece y se hace mayor.

René Magritte

“Delirios de grandeza” (1962)

El efecto de extrañamiento se produce también por medio de la levitación de personas u objetos creando situaciones insólitas. Aquí dos amigos charlan mientras ascienden a un lugar más elevado. ¿Esa elevación al cielo podría significar su proximidad a la muerte?

René Magritte

“El arte de la conversación” (1963)

En definitiva, concibe un mundo mágico, diferente y despersonalizado, que esconde una lógica bajo su locura y en el que hace visible su pintura con la generación de extrañamientos y paradojas. Instaura el arte de pensar.

Hasta el 30 de enero de 2022

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