«Macbeth» de Shakespeare
Desde que leí «Hamlet«, he decidido continuar con el resto de las obras de Shakespeare (1564-1616). Además de disfrutar muchísimo, he ido comprobando la gran influencia que tiene en la literatura universal y en el cine.
Me dispuse en esta ocasión a leer Macbeth, una obra de teatro que habla del ansia de poder del ser humano, de la moral y de las consecuencias de hacer el mal.
Comienza con la aparición de unas brujas que anticipan el destino de Macbeth y del reino de Escocia. Un designio de poder muy atractivo que lleva a su esposa a promover el asesinato del Rey para conseguirlo. Macbeth se debate entre la codicia y la moral y elige traicionar a su rey, al que le debía lealtad, y actuar como le incita su mujer anhelando el sino marcado por las adivinas.
A ambos se les aparecen fantasmas u objetos fantasmagóricos que les fuerzan a rememorar el asesinato cometido. La influencia de lo sobrenatural para determinar el comportamiento del ser humano es cuestionada.
A pesar de haber sido muy determinante y despiadada, la traición y el mal generan remordimientos en Lady Macbeth, cuyo sufrimiento insoportable le motivan a terminar con su vida.
Macbeth, sin embargo, abducido por el poder, se vuelve tiránico y actúa sin escrúpulos. Su ambición lleva a su familia y al reino de Escocia a la ruina, por lo que deciden enfrentarse a él para restaurar el orden.
En definitiva, es una tragedia que dramatiza el anhelo de poder y los daños físicos y psicológicos que puede conllevar. Asimismo, evidencia cómo el creer en lo sobrenatural puede llegar a desatar el caos, la codicia, la venganza y finalmente un sentimiento de culpa que revela la existencia de la conciencia del ser humano.
