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“La Desheredada” De Benito Pérez Galdós

“La desheredada” de Benito Pérez Galdós

Dentro del pasado año galdosiano decidí leer otra de las grandes novelas de Benito Pérez Galdós (1843-1920), “La desheredada”, la primera de las “Novelas españolas contemporáneas” que escribió en 1881.

Está protagonizada como es habitual en Galdós por una mujer llamada Isidora que, convencida de ser heredera de un marquesado, lucha por su reconocimiento para poder transformar su mísero día a día por otro inundado de caprichos, de lujo y de comodidades. Con esos aires de grandeza vive una vida que no le corresponde, derrochando lo poco que recibe de su tío en acicalarse y actuar conforme a la que considera su elevada posición, pero quedándose sin sustento para sobrevivir.

El inicio de la novela en el que Isidora asiste a la muerte de su presunto padre en el manicomio de Leganés, genera la sospecha de que sus ensoñaciones podrían ser el resultado de un trastorno hereditario y que el marquesado es una fantasía de la protagonista.

Pone de relieve la marcada sociedad estamental española de esa época en la que los méritos laborales no posibilitaban el ascenso social, sino que únicamente el nacimiento en una familia aristocrática o el matrimonio con algún miembro de la aristocracia podía garantizar una vida fastuosa. Las herencias eran otra fuente de ingresos, lo que unido a las frecuentes infidelidades con hijos no reconocidos, se convertía en una posibilidad de mejorar el nivel de vida de una persona.

Isidora se sentía como una dama y se comportaba como tal. Su belleza mantenía un cierto parecido con el de la marquesa a la que consideraba su progenitora. Lo que unido a su fantasía e ilusión conquistaba a sus conocidos. Se prendaban de ella e inspiraba tal instinto de protección que le llevaba a recibir continuamente consejos y orientaciones para intentar salvarle de ese idealismo que la estaba matando. Recomendaciones como la carta que le escribe su tío el canónigo que alimenta aún más su imaginación (“que no se conozca que fuiste pobre”, “ sé callada y observadora para aprender modales”, “una buena mesa pone el sello de su grandeza”, “vístete con primor huyendo de la vulgaridad y de la excesiva singularidad”, “da limosna” o “en el matrimonio, a su poligamia contesta con tu castidad”) o las divertidas recetas que le manda su amigo doctor Miquis para intentar ayudarle a llevar una vida digna y respetable (“Del extracto de paciencia 100g, del ajetreo de la máquina de coser, mézclese y agítese para tomar a todas horas”). Todas estas pautas documentan cómo debía conducirse la sociedad en ese momento.

Sin embargo, sus anhelos de magnificencia y de nobleza le llevan a enamorarse y tener un hijo con un noble viudo, Joaquín Pez, que a pesar de desaparecer temporadas y no reconocer a su hijo, no evita que Isidora deje su vida por ayudarle a pagar las deudas que contrae a raíz de sus escarceos, acabando incluso en la cárcel por él.

Otro de los personajes es el hermano de Isidora, al que llaman “pecado”, abocado a la perdición, que, en vez de ir a la escuela, es tratado como un animal trabajando en condiciones infrahumanas, lo que le lleva a actuar indebidamente e infringir la ley, a pesar de las recomendaciones de su hermana de comportarse conforme a su posición noble.

En definitiva, Galdós con “La desheredada” hace una denuncia social en la que el origen familiar determina las tragedias de las clases sociales más desfavorecidas, como la de esta soñadora Isidora que lucha por defender su pertenencia a la aristocracia. Es el primer ejemplo de la aplicación de la técnica del Naturalismo, en la que retrata las clases sociales, en especial, las más desfavorecidas, no siendo despiadado sino con un cierto toque de humor y empleando un lenguaje acorde a la situación social de cada personaje.

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