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“Hamlet” De Shakespeare

“Hamlet” de Shakespeare

Hay veces que con perspectiva uno se da cuenta de que ha actuado sin mucho sentido, aunque en el fondo suele responder a alguna razón. Cuando viví en París, finalizando la carrera de Erasmus, me vi contagiada por la pasión francesa por la lectura. Era habitual ver a los parisinos apretados en un vagón de metro sosteniendo un libro que no dejaban de devorar o ir a un parque y admirar cómo se sentaban alrededor de una fuente a leer bajo el susurro del agua.

A mí siempre me había gustado leer, pero es que además era una gran oportunidad para hacerlo en francés y profundizar en el idioma. Adquiría libros clásicos de bolsillo, mayoritariamente de literatura francesa, pero también aproveché para hacerme con otros clásicos que no había leído como Shakespeare (1564-1616) el escritor británico más importante y uno de los grandes de la literatura universal. Y ahí es donde hoy veo la contradicción, ¿cómo es que no me los leí en inglés o en mi lengua materna? Me vi tan entregada a la cultura francesa que ni siquiera dudé.

Recientemente decidí releer a Shakespeare, esta vez en español, y escogí Hamlet que siempre me ha cautivado por cómo desgrana sus dudas existenciales a lo largo de una tragedia.

Narra la historia de cómo el Rey Hamlet fue asesinado por su hermano Claudio que se casó con su mujer y subió al trono. Sintiéndose traicionado por Claudio, el que fue Rey Hamlet se le aparece a su hijo como un fantasma pidiendo venganza.

Su hijo, también llamado Hamlet, alterado y desequilibrado ante tal descubrimiento, quiere que todo el mundo lo sepa y organiza una obra de teatro en la que recrea la historia. Observa la reacción del Rey Claudio, que se delata, evidenciando su condición de traidor ambicioso y corrupto.

Mientras que los diálogos son los que provocan que avance la acción, resultan de especial interés los monólogos que nos permiten comprender las reflexiones e intenciones reales de los personajes. Así descubrimos las dudas de Hamlet como su famosa frase “Ser o no ser” en la que el protagonista desesperado se debate entre su lealtad filial y su conciencia. Duda entre seguir lo que le dicta la razón o sus propios impulsos. ¿Deberá sufrir la injusticia o actuar contra ella? Se cuestiona si es más digno morir atormentado o matar para vengar a su padre, si debe dominarse o dejarse llevar por su deseo de venganza. Ante este dilema llega incluso a plantearse el sentido de la vida, debatiéndose entre la vida y la muerte. Sus dubitaciones reflejan una posición relativista y escéptica ante su propia existencia.

El amor es otro de los temas tratados en esta obra. Por un lado, el cuestionamiento del amor de la madre de Hamlet con su cuñado, el rey Claudio. Un amor oficializado tras el asesinato de su marido del que de alguna forma es cómplice.  Por otro lado, el amor entre Hamlet y Ofelia, la hija del mayordomo, un amor que no debe llevarse a término por las desigualdades sociales. Ofelia vacila entre seguir obedientemente las recomendaciones de su familia, que le imponen desistir, o abandonarse ante su enamoramiento y pasión por el príncipe.

Emplea un lenguaje rico y adaptado a la posición de cada personaje. Aunque está mayoritariamente escrita en verso, en ocasiones alterna con prosa. En cualquiera de las formas, el ritmo se mantiene consiguiendo que la lectura sea fácil y acompasada.

Las situaciones dramáticas se suceden a lo largo de la obra en el que hay asesinatos, engaños y traiciones, que se combinan con algunas escenas cómicas que relajan el ambiente.

El final también es trágico. El deseo de venganza no sólo acaba con la muerte del rey Claudio sino que se van sucediendo los crímenes del mayordomo, su hija Ofelia, la madre de Hamlet y el propio protagonista.

Un terrible desenlace que nos lleva a cuestionar hasta qué punto es acertada esa crueldad, aunque sea como acto de justicia y en respuesta a alguien que haya hecho el mal. ¿Somos nosotros quienes debemos corregir las incorrectas acciones terrenales?

Otra de las peculiaridades de esta obra, es el empleo del metateatro y de la puesta en abismo. Por un lado, en el momento de la recreación de una obra de teatro dentro de la obra y la reflexión del protagonista sobre las bonanzas de la misma para provocar a su tío, es una forma de hacer teatro dentro del teatro. Por otro lado, el recurso teatral de la puesta en abismo se refleja con la aparición del fantasma que da a conocer a los espectadores lo que ha pasado, lo cual es posteriormente relatado por el protagonista haciendo que los propios personajes de la obra se conviertan en espectadores de la historia. En definitiva, una teatralización constante en la que un relato queda inmerso dentro de otro.

El debate existencialista del protagonista, la inmersión de una historia dentro de otra y su rico lenguaje hacen de esta tragedia una obra única con un delicioso ritmo que te capturará.

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