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Christian Boltanski

Christian Boltanski

  • Arte

Ha sido una tristeza descubrir que nos ha dejado el gran artista francés Christian Boltanski con 76 años. Un artista autodidacta y multidisciplinar que ha estado activo hasta el final de sus días.

Ha participado en los tres grandes acontecimientos artísticos: la Bienal de Venecia, la Documenta de Kassel y Manifesta.

Considera que todo artista parte de un trauma y el suyo fue vivir con la sensación de estar en peligro constante. Su padre era judío. Huyó de Ucrania y vivió dos años escondido en París de los nazis. Recuerda en su infancia oír a los amigos de sus padres contar historias de supervivientes del holocausto que le marcaron profundamente.

El hablar de sus problemas a través del arte le ayuda a afrontarlos. Y esto es lo que ha hecho a lo largo de su vida, investigar sobre los traumas y la memoria.

En 1972 participó en la Documenta 5 de Harald Szeemann en el que incluía el álbum de fotografías de la familia de un amigo. Esa familia podía haber sido de cualquiera. Da gran importancia a cada persona anónima. Con estas fotografías hacía énfasis en el paso del tiempo.

Boltanski

“Álbum de fotos de la familia” (1939-1964 1971)

En 1986, estuvo presente en la Bienal de Venecia, como podemos ver en la portada, donde jugó nuevamente con la fotografía. En esta ocasión colocaba sobre cada una de ellas una bombilla como si se tratara de una vela. Un recurso que empleó de forma recurrente como podemos ver en “Relicario”, en el que reúne fotografías seleccionadas aleatoriamente de obituarios de un periódico suizo iluminadas por una bombilla. La sucesión de imágenes nos lleva a imaginar miles de muertes que, agrupadas con las velas, evocan a un altar y a los horrores del pasado.

Boltanski

“Relicario” (1990)

En 2011 participó nuevamente en la Bienal de Venecia representando a Francia con “la rueda de la fortuna” en la que una tira de papel fotográfico con imágenes de bebés se movía sin cesar y aleatoriamente se detenía en una de ellas encendiéndose una alarma y reflejando el azaroso destino del ser humano.

En 2010 estuvo en la Manifiesta que se celebró en París. En el Grand Palais creó una gran instalación a base de ropa usada con la que construyó una montaña además de otros 69 rectángulos con ropa colocada como lápidas. A su lado, una grúa recogía al azar esa ropa y la soltaba al ritmo de los latidos del corazón de personas de todo el mundo que se oían de fondo. Con la grúa evidenciaba cómo podemos ser elegidos al azar para la muerte. Christian considera que la ropa usada habla sobre nosotros, sobre nuestra vida y sobre el tiempo por su desgaste y estilo. Hace referencia a la ausencia del cuerpo de los desaparecidos y de alguna forma al Shoah, que atormentó su infancia. Se tituló “Personnes” que en francés quiere decir al mismo tiempo personas y nadie.

Boltanski

“Personas” en Manifesta (2010)

El ritmo de los latidos del corazón genera un ambiente misterioso e impactante que empleó en otras obras como “Archivos del corazón”. Ofrecía a los visitantes la posibilidad de grabar los latidos de su corazón en una cabina para ser posteriormente reproducidos en una isla de Japón deshabitada que forma parte de la Benesse Art Site Naoshima. El sonido de los latidos recuerda al toque de un martillo sobre la piedra como el movimiento del hombre en su trabajo, un sonido inquietante.

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“Los archivos del corazón” (2011)

Emplea fotografías en sus obras, pero no son realizadas por él, sino que se apropia de ellas. Le interesa su relación con la realidad. Es un recurso documental en el que de alguna forma da testimonio de los personajes.

En “Reserva de suizos muertos” coloca en pilas un gran número de cajas metálicas que nos recuerdan a cajas de galletas, cada una de ellas con la fotografía de una persona. Nos induce a pensar que en su interior alberga o bien las cenizas de esa persona u objetos personales que rinden homenaje a su memoria.

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« Reserva de suizos muertos » (1991)

En otras ocasiones, proyectaba esas imágenes en tejidos vaporosos en forma de cortina como en “Miradas” adquiriendo un aspecto fantasmagórico y teatral. Se genera un juego de luces y sombras que crea un aire nostálgico.

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“Las miradas” (2011)

La conciencia de vida y muerte del artista están muy vivos en su obra. De esta forma, la instalación del reloj de Boltanski cuenta la cantidad de segundos que él y el empleado más joven de la galería, han estado vivos. Deja constancia de la posibilidad de muerte en cada instante.

Boltanski

“El final de la vida”

En definitiva, Boltanski muestra las sombras de su pasado a través de instalaciones de carácter teatral. Emplea fotografías anónimas que selecciona y archiva de la prensa así como otros objetos que representan a personajes ausentes. La presencia de esos objetos y fotografías evoca la ausencia. Proyecta sus fantasmas y obsesiones creando un aura misteriosa que impacta en el público y nos hace reflexionar. Para él sólo queda el recuerdo tras la muerte. Un artista al que difícilmente olvidaremos y cómo dice esta última obra, se marchó.

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«Départ» (2015)

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