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Guillermo Pérez Villalta En Alcalá 31

Guillermo Pérez Villalta en Alcalá 31

Cuando pienso en el pintor tarifeño Guillermo Pérez Villalta (1948) recuerdo sus exposiciones en la galería Soledad Lorenzo en la calle Orfila, que nunca me perdía pues compartía portal con esta galería y con la Marlborough.

Las exposiciones de Guillermo siempre estaban abarrotadas y entre el murmullo de la gente sólo se alcanzaban a oír halagos y vítores.

Yo, sin embargo, me enfrentaba a su obra con una mirada más crítica y escéptica. Esos paisajes que nos retrotraían a la antigüedad me parecían poco innovadores con lo que cuestionaba la propia creatividad del artista y su aportación al mundo del arte.

He tenido que ver la retrospectiva de Alcalá 31 para reconciliarme con este artista y apreciar una parte de su trabajo.

Guillermo es un artista figurativo que pertenece al nuevo clasicismo o neomanierismo. Este movimiento surgió en la primera mitad de 1980 en Roma y se extendió a Francia y España. Inspirados en Giorgio de Chirico del que ya hablé en este blog, lo reinterpreta otorgándole un tono irónico. De hecho, esta obra nos recuerda de alguna forma a la Plaza de Italia de Chirico con un edificio cilíndrico al fondo y otros más rectangulares a los lados. A pesar de haber figuras humanas se respira un áurea misterioso. Estos paisajes fantasmagóricos con grandes vacíos se asemejan a esa pesadilla que vivimos hace un año en el periodo de confinamiento.

Guillermo Pérez Villalta

La Plaza (2016)

Su pasión por la arquitectura le llevó a iniciar su estudio. Sin embargo, pronto descubrió que su verdadera pasión era la pintura. Eso sí, una pintura en la que las edificaciones cobran gran protagonismo. Son edificaciones peculiares ya que en ocasiones prescinde de paredes y de techo. Estructuras que le permiten jugar con las luces y las sombras adquiriendo sus obras un espíritu místico.

Sin embargo, se atreve a delinear a figuras humanas, en ocasiones de forma retorcida o deformada, que personalmente me interesan mucho menos ya que la belleza de los espacios se diluye ante estos personajes más grotescos en el que el tiempo parece haberlos detenido.

Guillermo Pérez Villalta

La fascinación de la geometría (2018)

Su origen tarifeño está muy presente a través del mar que se asoma tímidamente tras los espacios arquitectónicos y que acentúa la sensación de serenidad y silencio.

Guillermo Pérez Villalta

Oratorio (2018)

Considera su mente como un laberinto a partir del cual va construyendo sus pensamientos. Y así es precisamente como diseña el artista la muestra. La sala se configura como un laberinto que nos permite sentir que nos adentrarnos en uno de sus lienzos. Allí descubrimos infinidad de rincones en los que podemos disfrutar de forma íntima de su pintura. Y somos nosotros los que elegimos nuestro propio camino para aproximarnos a ellas. Laberintos que también están presentes en sus obras como “Dédalo y el Minotauro” en el que se representa el laberinto que el artesano Dédalo construyó al Rey de Creta Minos para encerrar al Minotauro.

Guillermo Pérez Villalta

Dédalo y el minotauro (2017)

A mediados de los 80 comienza a aplicar colores más cálidos al estilo de Tiziano o Morandi. De hecho, sus pinturas parecen frescos.  Para ello, emplea frecuentemente temple sobre lienzo o sobre tabla. Es una forma de aproximarse al clasicismo, que él Identifica con lo permanente, con un sentimiento placentero que nos aporta claridad y conocimiento.

Guillermo Pérez Villalta

Altar (2001)

Podemos descubrir otras influencias como Piero della Francesca y el Quattrocento italiano, con simplificación de volúmenes y perspectivas planas como en “Los baños”.

Pérez Villalta

Los baños (1993)

En la década de los 90 su pintura se vuelve más geométrica. Lo ornamental adquiere presencia en sus cuadros tornándose más rococó. En “Vísperas de Pascua” se aprecia una celosía muy decorativa en la que se mezclan alegorías como el cordero sacrificado, la corona de espinas, el paño de la Verónica o la paloma del Espíritu Santo simbolizando la pasión cristiana.

Guillermo Pérez Villalta

Vísperas de Pascua (1999-2000)

A pesar de no ser muy religioso, recurre a temas mitológicos y religiosos como era habitual en los artistas del Quatroccento. Y es que considera que la religión conforma el pensamiento humano, logrando generar un aire poético.

Guillermo Pérez Villalta

Anunciación, materia y vida (2006)

Un mundo de fantasía que le lleva a cuestionar los propios límites del marco, que delimitan con la realidad. El hecho de eliminar el marco y modificar la propia forma del lienzo le permite que el espacio se introduzca en el propio cuadro, desapareciendo las fronteras y expandiendo su mundo imaginario.

Guillermo Pérez Villalta

Los voladores de cometas (2012)

Su admiración por Dalí y Duchamp también quedan patentes en sus sinuosas formas y en algunas referencias como en “La noria” cuyo movimiento rotatorio recuerda a la rueda de bicicleta de Duchamp y que además lleva las iniciales LHOOQ, precisamente el título de otra obra duchampiana que también expliqué en el blog.

Guillermo Pérez Villalta

La noria (1989)

Podemos concluir diciendo que la retrospectiva de este Premio Nacional de Artes Plásticas nos permite profundizar en un artista cuya imaginación desbordante le lleva a crear espacios oníricos narrativos en los que apuesta por una belleza clásica.

Hasta el 25 de abril de 2021

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