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Marina Núñez En El Kursaal De San Sebastián

Marina Núñez en el Kursaal de San Sebastián

Tristes circunstancias me han llevado a San Sebastián, donde he aprovechado para estar con mi querido padre y mis magníficas amigas de la infancia a las que sigo muy unida. El primer día que amaneció nublado fuimos a la Zurriola a ver la exposición que albergaba la sala kubo del Kursaal.

Allí nos esperaba “Sin piel”, una exposición de Marina Núñez (Palencia, 1966). Sin tratarse de una artista que me apasionara, recordaba haberla conocido en una de las sesiones que hace muchos años organizaba el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía a sus Amigos. En una pequeña sala nos solíamos reunir junto a un artista que nos hablaba de su obra y de la creación de la misma. Lamentablemente dejaron de organizar esas acciones, supongo que por el incremento de Amigos que lo habrá hecho inabarcable.

Pues bien, fue abrir las puertas y comenzar a oír una música inquietante. Iba con mi hija de 6 años que suspiraba con cara de terror, con lo que a pesar de que todo apuntaba a que íbamos a hacer un recorrido exprés, decidimos adentrarnos en ese mundo tan conmovedor.

En la primera sala me encontré lo que esperaba, cuerpos de mujer yaciendo en un universo poco terrenal, de la que preferí escapar rápido para no perturbar a mi hija.

En la segunda sala, sin embargo, dominaban los audiovisuales que captaron nuestra atención.

Marina Núñez Kursaal

“Sin piel” versa sobre la eliminación de esa capa que nos aísla del exterior para fusionarnos con el mundo natural y la tecnología. Con ello, hace alusión a las crisis que azotan nuestro mundo, como la actual pandemia o el cambio climático, y cómo nos adaptamos física y psicológicamente a ello.

Para ello, recrea un mundo hostil y monstruoso en el que si hay una protagonista tiende a ser femenina.

Imágenes geométricas y caleidoscópicas nos atrapan y cuando conseguimos salir de esa espiral observamos cómo surgen del suelo imágenes extrañas con tentáculos que recuerdan a algas marinas, aunque un tanto amenazadoras.

A sus espaldas surgen unas bellas ánforas llenas de vida en la que crecen pequeños mundos vegetales que nos devuelven la serenidad. La naturaleza que florece sin límites nos recuerda nuestra incapacidad de controlarla.

Marina Núñez Kursaal

Tras ellas, asistimos a un tornado que refleja su interés cinematográfico y en la literatura de ciencia ficción. Una vez más, pequeñas pantallas colocadas en el suelo en círculo configuran un ambiente más aterrador.

Marina Núñez Kursaal

A continuación, unas diminutas mujeres en plena conexión con su entono, atrapadas en un cubículo de cristal sobre una peana, nos hacen reflexionar sobre cómo el hombre interacciona y se conecta con la naturaleza y la sociedad.

Marina Núñez Kursaal

Al final de esta sala, unas pinturas protagonizadas por mujeres desnudas que actúan con naturalidad, como si no lo estuvieran, nos recuerdan el origen pictórico de la artista, que rompe con el anterior mundo sobrenatural.

Marina Núñez Kursaal

Al subir a la planta superior nos esperan otros vídeos magnéticos entre el que me gustaría destacar la conmovedora metamorfosis de unos bustos que van transfigurándose mientras giran sin separar su mirada el uno del otro. Finalmente, los rostros se transforman en rosas devolviéndonos la tranquilidad tras una pesadilla pasajera. El énfasis en la mirada nos recuerda cómo la sociedad está dominada por el sentido de la vista.

Marina Núñez detalle

He de reconocer que según avanzaba la exposición me fui interesando por todo su trabajo y comencé a verlo desde otra perspectiva. Tiene algo de surrealista y daliniano pues recurre con frecuencia a la metamorfosis para representar lo que subyace bajo su subconsciente. Así, llegué a comprender esa parte de su obra que rechazaba como la de la primera sala. Y sin poder decir que ahora me entusiasme, reconozco un vector común de angustia en esa transformación del mundo, del cuerpo y de la mente, aunque me quedo, sin duda, con la que prescinde de la figura humana alterada.

Hasta el 25 de abril de 2021

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