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“Fausto” De Goethe

“Fausto” de Goethe

Mi abuelo crítico, Premio Nacional de Literatura y Premio a la Crítica, elaboró un listado de obras clásicas imprescindibles que recomendó a su sobrino y he decidido ir leyéndomela poco a poco. En esta ocasión, escogí “Fausto” por tratarse de un autor alemán y así procurar descubrir las connotaciones propias de su literatura, sobre la que he profundizado menos.

Nos situamos en la segunda parte del siglo XVIII dominado por la Ilustración que proponía que por medio del conocimiento y de la razón se podrían dar grandes pasos en la humanidad. Y así es como se describe al protagonista de la obra, Fausto, como un científico estudioso. Pero lejos de alcanzar alegría, satisfacción e ilusión, se presenta como un hombre desilusionado y desesperado por no llegar nunca a adquirir conocimientos suficientes para comprender la vida.

Y es que Johan Wolfgang von Goethe (1749-1832) en contraposición con el racionalismo ilustrado, proponía la subjetividad y la emoción, creando el movimiento “Sturm und Drung”. Su rechazo a las reglas neoclásicas lo convierte en precursor del Romanticismo que priorizaba la manifestación de sentimientos.

La obra, que ocupó toda su vida, se divide en dos partes. La primera se publica en 1802 y comienza con la crisis existencial de Fausto, que le conduce a la experimentación. Quiere comenzar a sentir. Tantea la magia e incluso llega a considerar el suicidio. La desesperanza le motiva a pactar con el diablo, que promete ayudar a Fausto a alcanzar sus anhelos durante su vida en la tierra a cambio de que él retorne esa ayuda cuando esté en el cielo.

A partir de ese pacto, Mefistófeles, que encarna al Diablo, le hará sentir como nunca lo había hecho. Rejuvenece gracias a la pócima de una bruja y seduce a Margarita, una mujer que representa la pureza, pero que se ve embaucada por su amor por Fausto. Tras las argucias de Mefistófeles, llega a cometer por él pecados inimaginables como dar a su madre un brebaje para adormilarla y disfrutar de su amor. La mala fortuna le lleva a excederse con la dosis y acaba por matarla. Queda embarazada y sus remordimientos le impulsan a ahogar a su hijo. Completamente enajenada es trasladada a la cárcel donde fallece en brazos de su amor, pidiendo antes misericordia a Dios por sus pecados.

Fausto Delacroix

Si bien esta primera parte se centra en la pasión, la segunda parte, que publica en 1830, la encarnación del Diablo opta por mostrarle un nuevo mundo en el que puede alcanzar todas las riquezas y el poder. Se sitúa en el medievo y describe el contexto de la época, en el que intercala personajes mitológicos. Allí le da a conocer el amor por el poder.

De forma un tanto autobiográfica, Goethe muestra las inquietudes del hombre moderno cuya ansia de saber para progresar puede desencadenar una crisis espiritual y generar tal angustia que le lleve a perseguir otros placeres y a actuar inmoralmente. Así, el protagonista se enfrenta al bien y al mal, a Dios y al Diablo, quedando palpables los límites de la ciencia.

Esta obra dramática, con una narración en verso que le otorga un ritmo pasmoso, genera una lectura fácil y deliciosa, especialmente la primera parte que sigue una trama lineal. La segunda parte, más fantasiosa, adquiere una lectura algo más compleja al romper con esa linealidad.

Esta tragedia es una obra maestra de la literatura universal que muestra a un hombre eternamente insatisfecho y extremadamente codicioso capaz de vender su alma para llegar a sus objetivos pactando con el diablo.

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