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Homenaje A Mona Hatoum En El Día De La Mujer

Homenaje a Mona Hatoum en el día de la mujer

  • Arte

Quiero aprovechar esta semana en la que celebramos el día de la mujer para hacer un homenaje a una gran artista libanesa, Mona Hatoum (Beirut, 1952). Una artista multidisciplinar, productora de esculturas, instalaciones y vídeo, en el que su estado de mujer sometida y relegada supone una constante en su obra.

En sus inicios experimenta con el minimalismo, pero tras pasar por la Slade School of Art comenzó a politizar su trabajo, dotándole de un cariz más conceptual en el que primaba su preocupación por el funcionamiento de las estructuras de poder. Inició su carrera en los 80 con performance y vídeos, que de forma visceral daban gran protagonismo al cuerpo. En los 90 pasó a desarrollar instalaciones a gran escala que pretendían conectar con el espectador generando emociones contradictorias y conflictivas como el deseo y la repulsión, el miedo y la fascinación o lo interno y lo externo. Procuraba que el espectador tuviese una actitud activa y para ello, empleaba técnicas no tradicionales para impactarle.

Centrada en el terreno doméstico, unido a la noción de hogar, transmite su idea de patria. Un lugar de malestar, terror e incluso trampa física, de la que no encuentra salida.

Recurre a objetos domésticos como utensilios o muebles de cocina que transforma convirtiéndolos en extraños, amenazadores y peligrosos. El hecho de escoger objetos refleja la influencia clara de Duchamp con sus ready mades.

Duchamp

«Portabotellas» de Duchamp (1914)

Por ejemplo, “Portabotellas” de Duchamp no sólo era un ready made, sino que se trataba de un objeto doméstico, con una estructura en forma de esqueleto o corsé de mujer, tema en el que también incide Mona Hatoum. Aporta un punto feminista con cierto humor, que puede generar sentimientos amenazantes o de peligro. Ese efecto inquietante se respira en la obra de Mona Hatoum. Habitualmente agranda las piezas amplificando su significado como es el caso de este rallador.

Hatoum rallador                    Hatoum tazas

“Rallador” de Mona Hatoum (2002)                                            “ T42” de Mona Hatoum (1999)

Sus obras son íntimas y poéticas. Convierte objetos mundanos en figuras violentas como si surgieran de las propias pesadillas del artista. Tradicionalmente los utensilios de cocina eran de larga duración hasta la llegada de los tecnológicos. Mona Hatoum, sin embargo, escoge los tradicionales, que tienen una belleza nostálgica y que reflejan el trauma de lo que fue su pasado, su hogar.

Mantiene esa actitud propia de Duchamp, dándole un enfoque surrealista y dadaísta, que mediante el sentido del humor consigue llevar al espectador a un nivel emotivo e intelectual.

Si hacemos un análisis visual o retiniano, como describía Greenberg, estas dos obras de Duchamp y de Mona Hatoum, son dos composiciones de un molinillo no muy alejadas la una de la otra.
En ambos casos les interesaba el carácter giratorio. El molinillo de café de Duchamp y su movimiento tienen una cierta relación con su rueda de la bicicleta. En la obra de Mona Hatoum, mientras tanto, se puede apreciar cierta tensión, como si fuera una gran trituradora, un utensilio de cocina amenazador.

Hatoum molinillo                          Duchamp molinillo

 “Molinillo de café” de Mona Hatoum (2002)                  “Molinillo de chocolate, nº 1” de Marcel Duchamp (1913)

La obra “Cama diván” (1996), en la que remplaza un colchón blando por unas duras placas de acero con una apertura a modo de ataúd, guarda una cierta similitud con otra surrealista: Magritte cuando basándose en una obra de David reemplaza una mujer por un sarcófago. La alteración de materiales u otros detalles consiguen un efecto irónico e inquietante ante la perfección formal.

Hatoum divan

    “Cama diván” de Mona Hatoum (1996)

Magritte         David

“David’s Madame Recamier” de Magritte (1950)                 « Madame Recamier » de JL. David (1800)

La crítica de arte Rosalind Krauss profundizó en la obra de Duchamp, rechazando el arte retiniano greenbergiano y apelando a la materia gris, en línea con la aproximación al arte de Mona Hatoum.

Su nacimiento en el seno de una familia palestina marcó algunas de sus vivencias que influyeron profundamente en su obra. Tuvo que huir al Líbano por los enfrentamientos que afectaban a los palestinos. Se encontraba en Londres cuando estalló la guerra civil libanesa, donde se quedó a vivir. Su huida le llevó a reflexionar sobre el exilio y sus consecuencias. Ella misma comenta que con un exilio una persona se da cuenta de que el hogar es siempre provisional y de que las fronteras y barreras de un territorio que nos resulta familiar y que, en principio, nos protegen también, pueden considerarse una prisión. Su visión del hogar es peculiar. Se encuentra donde esté trabajando en ese momento. No llega a sentirse sentimental de sus orígenes, ya que considera que de alguna forma el lugar ya no existe como era. Cuando representa un hogar, está colmado de tensión y de formas amenazantes.

Desmitifica, por tanto, la idea tradicional de hogar como refugio de seguridad y protección, sino que representa un espacio inquietante y peligroso cargado de objetos vengativos y de tortura, muy alejado del hogar como lugar de realización y plenitud. Los objetos domésticos se unen bajo una instalación eléctrica que recuerda a una guerra de minas, con sonido amplificado como consecuencia de la crepitación de la corriente eléctrica.

Hatoum hogar

“Hogar” de Mona Hatoum (1999)

La obra de Mona Hatoum provoca reacciones extremas como tensión entre la razón y la emoción, entre el cuerpo y la mente, ante las que parece no hallar una salida. Al modificar los objetos altera el resultado presentando conflictos o contradicciones.

Por ejemplo, la silla de ruedas, que podría querer representar una forma de libertad para una persona que imaginamos con poca movilidad, pasa a tener un significado contrapuesto, más próximo a la prisión, al colocar dos cuchillos en los manillares para arrastrar la silla. Recuerda la dependencia que sufren al necesitar tener siempre a alguien junto a él para desplazarle. Los cuchillos generan tensión ya que el acto natural para mover la silla es agarrarlos, precisamente por la parte afilada, ocasionando dolor, el dolor de la persona que le lleva y del que va en la silla. Esos sentimientos de dolor y sufrimiento que provocan en el espectador le incitan a pensar en las personas que están en esa situación.

Hatoum silla

“Silla de ruedas” de Mona Hatoum (1998)

Dalí y Duchamp jugaban a la anamorfosis descomponiendo imágenes y deformándolas con el objetivo de que el espectador las reprodujera según su punto de vista y con cierta distancia. La obra de Mona Hatoum juega también con una constante transformación de las formas como la cama diván o la silla de ruedas. Por medio de sutiles metamorfosis provoca sensaciones diferentes a las que provocaría el propio objeto sin alterar la forma.

Mona Hatoum consigue la transformación del objeto no sólo con la modificación de su tamaño, sino variando el propio material.
Acude a materiales muy rígidos, como hemos visto en “Cama diván”, o en otros casos, como el de estas muletas, a materiales muy blandos, que en esta obra le facilita la trasmisión de esa fragilidad que sienten las personas que las necesitan. Un juego mental similar al que ocasiona con la silla de ruedas, que nos lleva a reflexionar sobre las personas que están en esa situación con falta de libertad de movimientos.

Hatoum muletas

“Muletas” de Mona Hatoum (1991)

El arte de Mona Hatoum está compuesto de imágenes en shock, que reflejan su estado psicológico como consecuencia de su pasado traumático, en el que se asoma su subconsciente.

Ese lenguaje se plasma en “Misbah”, lámpara en árabe, con soldados y estrellas incisas. Al exponerlo en el centro de una sala oscura en constante movimiento, se dibujan en las paredes unos soldados apuntando con un rifle, cuyo movimiento circular a lo largo de la habitación genera una experiencia inquietante. Se recrea una escena bélica en el que el movimiento hipnotiza y marea generando sensación de peligro y tensión. La lámpara, por un lado, pueden evocar a ese objeto tan utilizado en su patria en momentos como el Ramadán que ella vivió en su infancia y, por otro lado, la pérdida de la inocencia ante la presencia constante del conflicto en su país.

Hatoum lampara

“Misbah” de Mona Hatoum (2006-2007)

En el inconsciente de Mona Hatoum se almacenan recuerdos que se plasman en su arte. Un arte que hace partícipe al espectador y que le lleva a cuestionar el papel de la mujer o los conflictos de su país. Pone así en evidencia el poder de la misma obra al obligarnos a tomar postura al verla. Un poder que me produce profunda admiración y que quiero homenajear en esta semana del día de la mujer.

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