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La Provocación Como Reclamo. El Dadaísmo Y Marcel Duchamp.

La provocación como reclamo. El dadaísmo y Marcel Duchamp.

  • Arte

La provocación se ha convertido en un arma social generadora de atención, altamente utilizada en los medios, como la televisión y youtubers, dirigido a un público eminentemente joven. Es una forma de comunicación instantánea, más efectiva, que atrae fácilmente la atención del público y provoca a nuestras mentes. Unas mentes que quizás adolecen de estar un tanto adormecidas y requieren cierto estímulo. Quizás se han acostumbrado a tal ritmo, adrenalina y sorpresa que conseguir retener un mensaje se convierte en todo un reto.

Esa provocación también ha estado muy presente en el arte. Desde 1916, en el que Hugo Ball fundó el Cabaret Voltaire en Zúrich, una tertulia de artistas y escritores que se expresaban por medio de la teoría del absurdo, cuyo fin era destruir el arte. Tristán Tzara en 1919, creó los manifiestos dadás como un nuevo arte dirigido por el azar: el dadaísmo.

Supuso una rebelión en el arte y una negación del mismo. Hasta el punto que el dadaísmo debería acabar destruyendo al dadaísmo. Se consideraba más un estado de ánimo que un tipo de arte.

A nivel artístico pretendía hacer irrisorio cualquier objeto en los museos. Era una forma de negación que reflejaba la frustración y desengaño de los exiliados de la primera Guerra Mundial. Esa oposición a la guerra les llevaba a cuestionar los movimientos artísticos de la época. Ante el malestar y enrarecimiento generalizado se generó una estrategia de provocación en la que cualquier objeto cotidiano podía convertirse en obra de arte sólo por ser firmada por un artista y colocada en un museo. Este tipo de objetos cotidianos reconvertidos fueron denominados “ready made” o arte encontrado.

Uno de sus máximos representantes fue el artista francés Marcel Duchamp (1887-1968) en el que la ironía era una constante. Ironía que podemos apreciar en “L.H.O.O.Q.” que realizó en 1919. Un ready made en el que, a partir de una tarjeta postal con la imagen de la mítica “La Mona Lisa”, de Leonardo Da Vinci, dibujaba a lápiz un bigote y una perilla. Lo ilógico e irracional como expresión artística, manifestaban su rechazo a lo tradicional.

El título de la obra: “L.H.O.O.Q.” recuerda a los caracteres en números romanos con los que se fechan muchas obras de arte del Renacimiento. A primera vista podría estar haciendo referencia a la palabra en inglés LOOK, refiriéndose a la mirada, esa mirada tan célebre como la de “La Mona Lisa”; a su expresión, esa sonrisa que parece que persigue a todos los que la miren; a su belleza física, una belleza universal, para algunos, la belleza máxima. Sin embargo, su verdadero significado es: “Elle a chaud au cul”. La traducción es “Ella está excitada sexualmente”. Con este título se convertía en una de las obras de arte más provocativas de la historia.

El arte llevado a este extremo, ridiculizaba uno de los iconos de arte clasicista, del arte del pasado por medio de la “Mona Lisa” que data aproximadamente entre 1503 y 1519. Cuestionaba el ideal de belleza, sus fundamentos sociológicos.

La homofonía provocaba el volver a mirarlo de nuevo, a reconsiderar su expresión y a medir los criterios de belleza. Duchamp dijo que con esta obra “La Mona Lisa” se convertía en un hombre, no en una mujer disfrazada de hombre, era un hombre de verdad.

Hay quien dice que hace referencia a la ambigüedad de género de Leonardo. Sigmund Freud había psicoanalizado su obra y explicaba su incapacidad para terminar sus obras con la sublimación de su vida sexual al arte, además de cuestionar su sexualidad. Podía tratarse de una broma freudiana, revelando con un simple gesto, lo que oculta la pintura. Adicionalmente Duchamp descubría una ambigüedad de género en la estética de Leonardo, que ve la forma masculina en la mujer.

Duchamp conseguía el efecto de novedad tan buscado con una gran simplicidad. Y en este caso, en vez de partir de un objeto cotidiano para convertirlo en obra de arte, hacía lo contrario: partía de una gran pieza artística y la convertirla en un objeto cotidiano.

El artista realizó múltiples versiones. En los años 30 y 40 reprodujo por separado el bigote y la barba de su famosa obra y en la década de los 60 apareció una nueva versión titulada como “L.H.O.O.Q. rasée” es decir, afeitada. “La Gioconda” se convertía en un icono, ya no de la cultura artística, sino de la cultura popular. Desde entonces tanto artistas como los medios de publicidad, desarrollaron reinterpretaciones de la obra de Da Vinci convirtiéndose en la obra de arte más popular del mundo.

En definitiva, Duchamp y el dadaísmo emplearon la provocación y la ironía para cuestionar qué era el arte. ¿Quizás nos encontramos en este momento ante un cuestionamiento de la comunicación?

Duchamp

L.H.O.O.Q” de Marcel Duchamp (1919)

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