Saltear al contenido principal
«Fortunata Y Jacinta» De Benito Pérez Galdós

«Fortunata y Jacinta» de Benito Pérez Galdós

Si hay algo que caracteriza a Benito Pérez Galdós (1843-1920) y que queda muy patente en Fortunata y Jacinta (1887) es su pasión por las mujeres. Su modo de narrarlas transforma a todas ellas en mujeres atractivas. Por un lado, Fortunata, de una posición humilde, cuya belleza y debate moral entre “soy mala” / “soy un ángel”, la convierten en una mujer deslumbrante. Se van intercalando escenas de arrebatos con reacciones feroces, con otras de gran sumisión y en algún caso incluso de devoción, que llevan a disculparle de todas sus atrocidades inspirando un instinto de protección, ternura y seducción. Representa el pueblo y como ella misma dice “las verdades y la materia prima”. Por otro lado, Jacinta, con una posición más elevada, tradicional, recatada, “comme il faut”, es la principal víctima de los escarceos de su marido, Juanito Santa Cruz. Jacinta es un ángel que soporta sus infidelidades y que sufre especialmente por no ser capaz de concebir un hijo. La mujer de Juanito, es envidiada por Fortunata, por su refinamiento y docilidad que le han facilitado ser esposa de Juanito, siendo al mismo tiempo una fuente de inspiración. ¿Conseguirá dejar de ser mala y convertirse en ángel como ella?

Hay otras mujeres secundarias que siendo menos bellas también resultan atractivas. Por un lado, Guillermina Pacheco, la dama de la caridad, de un extracto social alto, que “mendiga” a sus conocidos para poder construir un orfanato de niños y que juega a ser la “confesora” y en algunos casos la “guía espiritual” de Fortunata. Por otro, Mauricia la Dura, con una belleza varonil hipnotizante y una apariencia que recuerda a Napoleón, que enloquece cuando consume alcohol de tal forma, que asusta a los que están con ella, salvo Guillermina que la protege como una de sus niñas y Fortunata, a quien la considera una amiga fiel que le recuerda las verdades.

Este gran peso de las mujeres en las novelas de Galdós tiene gran trascendencia ya que hasta entonces la mujer estaba ausente en la novela y Galdós no sólo las visibiliza, sino que cobran un gran protagonismo.

Los personajes masculinos tienen en común su amor por Fortunata. Un amor que conquista tanto a Juanito Santa Cruz, con una posición acomodada, elegante, al que le gusta salir y relacionarse más que trabajar o cultivarse intelectualmente; Maximiliano Rubín, que, aunque se convierte en marido de Fortunata, nunca la llega a poseer y acaba enloqueciendo; el anciano Evaristo Feijoo, que le enseña a ser práctica en la vida y Secundino Ballester, el farmacéutico que le cuida y le idolatra.

La maternidad es otro tema que se trata de forma trasversal y que se muestra desde diferentes prismas. Un anhelo tan fuerte no logrado por parte de Jacinta que le lleva a desear criar al hijo de su marido con otra mujer como si fuera suyo, a pesar de las posibles habladurías, anteponiéndolo al propio amor a su marido; una maternidad más convencional, en la que Fortunata protege a su hijo del que no se quiere separar y, por último, se trata el tema de todas aquellas mujeres que acaban abandonando a sus hijos porque ni eran deseados ni tenían medios para educarles. En este último punto de vista, destaca la labor de Guillermina Pacheco que dedica su vida a construir un gran orfanato para poder acoger a todos esos niños.

Como hemos comentado al introducir a Fortunata, la moral y la religión como guía correctora se tratan reiteradamente. Su deseo de ser una mujer con una conducta apropiada, le lleva incluso a aceptar su ingreso en un convento para reformarse y curarse, y a casarse con alguien al que no quiere por resultar conveniente, socialmente y limpiar su nombre. Estas buenas intenciones contrastan con la falta de valores de su amado Juanito de la Cruz o de José Izquierdo, que se dejan llevar por sus instintos. La confrontación con la moral se produce hasta el final de la novela, en el que se entrecruzan un cúmulo de traiciones que provocan que termine en tragedia. El desconsuelo que produce el fallecimiento de Fortunata, el trastorno mental de Maximiliano Rubín y la desesperación de Secundino se ven de alguna forma neutralizados por la generosidad de Fortunata que deja su hijo a Jacinta y perdona a todos los que le hicieron daño.

Y es que Galdós se preocupa por mostrar la dualidad de cada personaje; sus debilidades y pecados junto a sus méritos y buenas disposiciones, lo que permite penetrar de forma más intensa en la psicología de cada personaje, en su interior humano. La sensibilidad con la que describe las vivencias y el sentir de cada personaje nos posibilita introducirnos en ellos, llegar a entenderlos y prácticamente disculparles de sus torpezas.

Quiero resaltar la mirada bondadosa de Galdós, que se tiende a poner en contraposición a la de Valle Inclán más sarcástica, lo cual reflejaba la herencia de Cervantes con una mirada benévola frente a la de Quevedo más despiadada.

Esta mirada bondadosa y emotiva, va construyendo una fotografía de la época, de sus costumbres y estilo de vida, que la convierten en una novela realista naturalista. Una novela que enfrenta las costumbres burguesas con las del pueblo llano, a los que mantienen las convenciones sociales y a los que las trasgreden, a los que les preocupa la apariencia y a los que prefieren defender su verdad, a los que tienen conciencia interior y a los que carecen de ella. Para ello, emplea diferentes lenguajes haciendo más real esa diferenciación.

Como parte de la conmemoración del año galdosiano, estuve en una charla de Andrés Trapiello sobre “Galdós y Madrid” que ha contribuido a que hoy pueda hacer una lectura más crítica.

En resumen, el embellecimiento de los personajes que logra Galdós, junto a su gran sensibilidad para describir la espiritualidad de cada uno, consigue que el lector quede rendido ante sus protagonistas, en especial ante Fortunata, una mujer fascinante cuya lucha por adoptar una forma de vida angelical seduce y genera ternura a todos los que la conocen, incluida al lector que no dejará de suspirar: “Ay, Fortunata….”.

Esta entrada tiene 0 comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Volver arriba