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Olafur Eliasson En El Museo Guggenheim De Bilbao

Olafur Eliasson en el Museo Guggenheim de Bilbao

Si tengo que pensar en un tipo de arte divertido para niños me quedaría con las instalaciones lumínicas en las que el espectador interactúa convirtiéndose la experiencia de contemplar el arte en un verdadero juego.

Uno de los mejores artistas que trabaja en esa línea es el danés Olafur Eliasson de 53 años de edad, cuya obra se expone actualmente en el Museo Guggenheim de Bilbao.

Así que no os sorprenderá que os diga que aproveché uno de esos días nublados de San Sebastián para hacer una escapada con mi hija.

Representante de Dinamarca en la bienal de Venecia de 2003, actualmente cuenta con un estudio convertido en un laboratorio de investigación sobre el espacio con 30 arquitectos, ingenieros, historiadores de arte y artesanos que trabajan en el desarrollo de proyectos, esculturas e instalaciones, que le permite investigar y producir objetos que desafía la percepción y las leyes ópticas. En esta muestra se presentan 30 piezas de estos últimos 30 años.

Sus viajes de niñez a Islandia generaron una gran conexión con el paisaje y con los fundamentos de la naturaleza. De hecho, su atracción por los glaciares le llevó a fotografiarlos en 1999 como se puede observar en la exposición. Lo más sorprendente es que volvió a fotografiarlos 20 años después y al disponerlas en parejas se evidencia el efecto del paso del tiempo, del calentamiento global y de la fragilidad de la propia naturaleza.

Olafur glaciar

Serie del deshielo de los glaciares (1999/2019)

En esa misma sala, pende del techo una de sus primeras obras de 1997 en la que colgaba ventiladores con un hilo que se balancean por toda la sala. Un movimiento creado por el aire que expulsa el propio ventilador, y que inspiraba a mi hija a jugar al “pilla-pilla”.

Esa sensibilidad por la naturaleza que engendró en Islandia, se refleja en el empleo de materiales como el propio agua de los glaciares, la luz, el musgo o la niebla, que combina con metales reflectantes para amplificar el efecto de la propia pieza.

Un ejemplo de ello es la “Pared de liquen” que produjo en 1994, proviniendo el liquen de Islandia. En aquella época no era habitual ver jardines verticales, por lo que fue muy rompedor. De esa época y en la misma sala se expone “Máquinas de olas”, una forma de reproducir fenómenos de la naturaleza, que nos permite analizar cómo nos impacta e influye en la vida real.

Olafur liquen          Olafur olas

“Pared de liquen” (1994)                                                                “Máquinas de olas” (1995)

Esta fusión de naturaleza y tecnología se repite en la creación de una cascada de 11m de altura con andamios y bombas en el exterior del edificio cuyo sonido nos transporta al más puro paisaje o “Belleza” que recrea un arcoiris, al colocar una fina capa de agua y un foco, cuya luz proyectada en el agua hace emerger un arcoiris. El movimiento de cada espectador alrededor de la obra genera una experiencia individual y específica que nos recuerda que cada uno vemos los colores y la propia realidad de forma diferente.

Olafur cascada                                 Olafur arco iris

         “Cascada” (2019)                                                                                      Belleza (1993)

Para Olafur la relación física con la obra es importante ya que considera que el mundo se ve no sólo con los ojos. El sonido y el tacto completan esa experiencia artística y él nos anima a que toquemos esa agua, que la sintamos, lo que nos llevará a trasladarnos mental y sensorialmente a otro lugar. Esto nos lleva a preguntarnos: ¿Es real lo que vemos o es lo que los sentidos nos dicen?

Otro de los elementos fundamentales en la obra de Eliasson es la luz y no podían faltar sus instalaciones. En “Habitación para un color” observamos cómo las lámparas monofrecuencia de color amarillo situadas en el techo tiñen toda la sala como si estuviera pintada de amarillo. Y quizás lo más sorprendente es cómo incide la luz en cada uno de nosotros ya que, cuando estamos en la sala, a pesar de verla completamente de amarillo, provoca que veamos las caras de las personas con un tono azulado o verduzco. Una demostración de la relatividad de los colores que está influida por lo que se ve a su alrededor. El entorno interviene en la percepción de los colores y nos hace cuestionarnos las relaciones entre lo real y lo artificial.

Olafur amarillo

“Habitación para un color” (1997)

Opina que somos ciegos y que estamos influidos por temas que no vemos. Otro ejemplo de ello, es la obra lumínica “Tu sombra incierta” en la que al entrar en una sala nuestra sombra queda plasmada en la pared fragmentada en colores. Una sombra que se va unificando en un solo color según te vas aproximando a ella.

Olafur sombras

“Tu sombra incierta” (2010)

Otra de las salas incluye un gran túnel caleidoscópico y varias esferas suspendidas del techo a modo de lámparas. Todas ellos realizados con múltiples cristales formadas por formas poliédricas que evocan las formas de los glaciares. Los reflejos de los espejos modifican la configuración del espacio, se genera una luz que te atrapa, produciendo un efecto hipnotizador.

Olafur esfera                        Olafur esfera color

De esa sala se accede a una de las más espectaculares denominada “Tu atlas atmosférico”. Una niebla densa invade el espacio y apenas se puede divisar a nadie a más de un metro. Fluorescentes de colores magenta, verde y azul colocados en el techo convierten esa niebla en colores flúor, con lo cual tienes que valerte de esa referencia para orientarte y encontrar la salida. La sensación de circular entre nubes de colores logra un efecto mágico.

Olafur niebla

“Tu atlas atmosférico de color” 2009

La última sala sin ser tan espectacular, para mí es la más exquisita. En ella se exponen más de 400 maquetas producidas en el estudio de Olafur que parten de formas geométricas simples, esferoides, poliédricas que podemos encontrar en la naturaleza. Son prototipos y estudios de geometría, realizadas en cartón, alambre o espuma. Algunos de ellos presentes en la exposición.

Olafur estudio

Eliasson tiene una visión del arte muy amplia. “El arte no es el objeto, sino lo que el objeto hace al mundo”. Esta frase resume muy bien el sentir de su obra y de su modo de vida, ya que además de sus proyectos artísticos, ha elaborado otros sostenibles y solidarios como el proyecto “Little Sun”. Con el objetivo de proporcionar luz a lugares en los que no había electricidad como Etiopía, diseñó unas lámparas solares que se puede adquirir en la tienda del museo, que se recargan con el sol y permiten que, por ejemplo, los niños puedan hacer sus deberes cuando oscurece, de forma barata y sostenible.

Y es que Olafur considera que estamos en un momento histórico revolucionario en el que el mundo ya no está únicamente dominado por los seres humanos, sino que la naturaleza empieza a adoptar un rol decisivo. De hecho, cree que hay que reconsiderar los propios principios darwinistas de competición y empezar a pensar en colaboración.

Una colaboración que él aplica no sólo en su estudio, sino con profesionales de otros ámbitos como el clima o la inmigración. En septiembre de 2019, fue nombrado Embajador de Buena Voluntad del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

En definitiva, estamos ante algo más que un artista que parte de sus orígenes y de la naturaleza para investigar sobre la percepción y jugar con ella generando sensaciones a partir de la experiencia de sus obras. Quiere cambiar el mundo.

Hasta el 4 de abril de 2021

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