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«La Educación Sentimental» De Flaubert

«La educación sentimental» de Flaubert

«La educación sentimental» escrita en 1869, fue la última novela de Gustave Flaubert y se considera una de las obras más influyentes del siglo XIX. Para algunos, la cumbre de la novela realista del siglo XIX.

Flaubert nació en Ruán, Francia en 1821 y su narrativa destacó por un estilo descriptivo, minucioso y realista en el que buscaba la palabra exacta. Esto le sirvió para evocar a la sociedad burguesa parisina del siglo XIX con sus diferentes estratos y con un trasfondo histórico en el que acontece la revolución de 1848, que narra con ritmo.

Su gran innovación fue la creación del estilo indirecto libre, en el que el narrador introduce comentarios de los personajes como si participara de sus sentimientos. Para ello, en muchas ocasiones mezcla los tiempos verbales que le permiten separar al yo narrador del yo personaje. Es habitual, por ejemplo, la mezcla del pretérito imperfecto con el condicional, diferenciando lo real y lo potencial; o del presente con el pretérito imperfecto, aludiendo en el primer caso a lo que piensa el personaje, y en el segundo con el que describe a una naturaleza que permanece. Esta metodología le permitió aportar una intimidad psicológica que genera un vínculo con el lector desde el primer momento.

La obra gira en torno al amor. Un amor imposible pero intenso de un joven abogado, Fréderic Moreau, por una mujer mayor, Madame Arnoux, casada con un marchante de arte y madre de una niña. Este amor autobiográfico ya que él estuvo enamorado con 15 años de una mujer también casada, 13 años mayor que él. Amor que relata durante cinco años a modo de diario amoroso, una pasión que le acompañó durante toda su existencia, ya que, como habíamos anticipado, fue la última novela que publicó en vida.

Su adoración por Madame Arnoux le lleva a trabar amistad con su marido, lo que le permitía permanecer cerca de ella. En realidad, no espera que su amor sea correspondido. Se contenta con contemplar y sentirse próximo a esa mujer serena, un tanto maternal.

A lo largo de la historia asistimos a diferentes tipos de amor de la mano del protagonista. Además del amor idílico e idealizado por Madame Arnoux, mantiene relación con Rosanette, una señorita de compañía. Pero siempre retorna a ese amor puro, que va germinando en la propia Arnoux.

Cuando el matrimonio Arnoux tiene problemas económicos, les hace un préstamo, lo que le facilita aproximarse a ella. Se llegan incluso a confesar su amor y acuerdan un día para verse, pero ella no acude a la cita. El, destrozado, decide irse a vivir con Rosanette e intentar olvidarla.

Pero el destino quiere que se vuelven a encontrar en la casa de una acaudalada dama, la señora Dambreuse. Magnífica ocasión que aprovecha Madame Arnoux para explicarle por qué no acudió a la cita. En ese momento, como si el tiempo no hubiese pasado, se disponen a abrazarse; pero Rosanette les interrumpe para decir que está embarazada, rompiendo ese momento mágico que parecía que por fin iba a consumarse.

Va dando tumbos en el amor. Fréderic se convierte en amante de la señora Dambreuse hasta que ella quiere casarse, con lo que él decide abandonarla y retornar a su pueblo para contraer matrimonio con una vecina de su infancia, Louise, que siempre estuvo enamorada de él. Sin embargo, descubre que ya había decidido casarse con un amigo suyo, Deslauriers.

Veinte años después se vuelve a encontrar con Madame Arnoux, quien quiere devolverle el dinero prestado. En ese momento, se dan cuentan de que, a pesar de su idilio, su relación no tenía sentido y deciden no volver a verse.

Un desenlace triste, en el que sorprende la resolución, ya que cuando todo parece jugar en favor de los dos, deciden de mutuo acuerdo que nada ocurra. Sin embargo, el libro termina con una conversación entre Frederic y Deslaurier que analizan sus fracasos amorosos. La visión pesimista de Flaubert culmina la obra.

Flaubert y su “Educación sentimental” tuvieron una gran influencia en muchos escritores como Galdós, Unamuno, Azorín, Vargas Llosa. He de reconocer que a mí me recordó de alguna forma a Marcel Proust, al que, como os imaginaréis por el nombre del blog, es alguien al que admiro y de los que mejor representa mi literatura ideal. Proust fue de los escritores que reconoció sus innovaciones aunque negó su influencia. Sin embargo, yo veo en Proust su estilo descriptivo y una forma de narrar la intimidad psicológica de los personajes, de las experiencias y de la memoria que apreciamos en Flaubert.

En definitiva, yo resumiría “La educación sentimental” como una oda al amor, al amor puro e idílico, en la que los sentimientos y la psicología de los personajes se narran de una forma innovadora como no se conocía hasta entonces.

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