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¿A Qué Te Recuerdan Estos Espacios Fantasmagóricos De Giorgio De Chirico?

¿A qué te recuerdan estos espacios fantasmagóricos de Giorgio de Chirico?

  • Arte

Hemos sido testigos durante prácticamente dos meses, de esos espacios vacíos propios de la escuela metafísica de Giorgio de Chirico.

Nuestro propio entorno, incluidos los núcleos urbanos normalmente abarrotados de personas, se vaciaban como si de un mal sueño se tratara.

Y eso es lo que pretendían precisamente artistas como Giorgio de Chirico.  Pintor italiano, nacido en Grecia en 1888, que mostró su necesidad de controlar el pensamiento y las imágenes, creando una relación íntima con los sueños, pero sin importarle qué es lo que lo causaba.

El sueño gozaba de un áurea misteriosa y el arte conseguía atrapar esos instantes singulares, metafísicos, felices pero inconscientes. Se trataba de un arte de inquietud mística. Las profundas manifestaciones artísticas denotaban cierta locura.

Para él, toda obra tenía dos soledades. Una plástica que consistía en el placer de contemplación por la construcción y combinación de formas y, otra soledad, la de los propios signos, que se tornaban metafísicos, autómatas y carentes de lógica. Esta segunda soledad sólo se evidenciaba en la pintura metafísica italiana como la de Chirico. Un movimiento creado por él y por Carlo Carrà en el que su pintura representaba un mundo visionario que se entrelazaba con el inconsciente.

Podemos considerar a Giorgio al mismo tiempo intelectual y artista. Sin abandonar el estilo figurativo quiso representar elementos imaginarios y espacios inquietantes.

La Plaza de Italia de 1933, es una obra de arte metafísica con aspecto sereno. Un espacio apenas habitado con sólo dos figuras al fondo muy pequeñas, dos hombres hablando y dándose la mano. Tienen tan poco protagonismo que parecen cosificados. Dos edificios, uno frente a otro, ambos con una zona arqueada, que genera una mayor sensación de vacío. Aunque son diferentes, guardan cierta simetría que proporciona orden a la escena. Entre ellos, una escultura de una mujer recostada con aire sugerente. Al fondo, otro edificio, esta vez cilíndrico rodeado de columnas con aspecto de jaula y dos banderas ondeantes que hacen entrever una atmósfera ventosa. A lo lejos, junto a las montañas, se asoman unos árboles, ante un horizonte infinito. Allí surge el sol que crea un juego de luces y sombras.

A pesar de ser una obra compuesta de edificios, personas y objetos, la sensación es que predomina la nada. Un espacio inhóspito, con poca vida, fantasmagórico, con sombras muy marcadas de los edificios y escultura ocasionados por una luz dramática que otorga un aspecto más intrigante y onírico.

De Chirico conseguía concebir sensaciones desconocidas y siguiendo el método nietzchiano se producía el placer de experimentar esas sensaciones. Un paisaje en apariencia irreal, aislado del mundo. Un paisaje que evoca inquietudes de los estados de la mente por medio de sólidas y definidas construcciones, como esta composición de arquitectura clásica enigmática y de alguna forma amenazadora.

En el anterior artículo sobre arte, hablábamos de surrealismo con la pintura “Los amantes” de René Magritte. Pues la pintura metafísica fue precisamente predecesora del surrealismo, ya que exploraba el mundo irracional del inconsciente. Incluso algunos miembros intentaron captarle, pero él renegó del mismo.

Giorgio se mantuvo fiel a ese discurso de silencio con el que transformó la arquitectura del norte de Italia.

Un discurso de silencio tan patente hoy en todo el mundo por efecto de la pandemia.

Plaza de Italia

“Plaza de Italia” de Giorgio de Chirico (1933)

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