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La Picaresca Como Medio De Vida Y Forma De Amar En “Almas Muertas” Y “Miau”.

La picaresca como medio de vida y forma de amar en “Almas Muertas” y “Miau”.

No podía dejar pasar el día internacional del libro sin recomendar ni reflexionar sobre alguno de ellos. En este caso nos vamos a ir a Rusia…

Cuando pensamos en novela rusa habitualmente nos situamos en la segunda parte del siglo XIX, la edad de oro de la prosa rusa en la que destacaron escritores como Dostoievski o Tolstoi, que fueron grandes exponentes del realismo ruso. Sin embargo, hoy os voy a recomendar la que muchos consideran la primera novela rusa moderna: “Almas Muertas” de Nikolái Gógol.

En 1831 conoció a Aleksandr Pushkin quien le ayudó en su carrera como escritor. Se dice que incluso él le sugirió la trama de la novela que, sin duda, tiene un argumento muy innovador. Narra las aventuras del protagonista Chichikov que viaja con su cochero Selifán y su caballo Petrushka, al estilo don Quijote, a comprar almas muertas. Su objetivo era acumular una gran cantidad de almas correspondientes a siervos en su propiedad y con ellas poder conseguir que el gobierno le adjudicara tierras y consecuentemente poder pedir un préstamo. Este tipo de corruptela era posible en una época en la que apenas se actualizaba el censo y en la que los propietarios pagaban impuestos por el número de siervos que tuvieran vivos o muertos, con lo que desembarazarse de los muertos no era mala idea.

Publicó la primera parte en 1842. En 1848, tras su peregrinación a Jerusalén, decidió abandonar la literatura y dedicarse a la religión. Por esa razón, quemó la segunda parte de “Almas Muertas”. Cuando se murió, se recuperaron algunos fragmentos de esta segunda parte, pero lamentablemente quedó incompleto. Es interesante descubrir que la intención de Gógol era que la segunda parte se llamara “Almas Blancas” para revertir su versión anterior muy crítica con la clase pudiente. Sin embargo, aparentemente no consiguió darle la vuelta. Siempre volvía a la denuncia y a la corrupción. A pesar de estar incompleta, es una novela que no hay que dejar de leer.

La última vez os recomendé “Miau” y, en esta ocasión, me gustaría no sólo manifestar lo que me pareció más relevante de “Almas Muertas” sino hacer una cierta comparativa con “Miau” lo que nos ayudará a profundizar un poco más en ambas obras.

Nos aproximamos a dos mundos muy distintos en espacio (Rusia vs España) aunque no tan lejanos en tiempo (1842 vs 1888). En ambos casos hace un guiño a la novela picaresca del siglo de Oro que surgió en España y que se fue extendiendo hacia Asia Central. El protagonista principal es siempre un pícaro, pero no de estamento marginal, sino que, por el contrario, ostenta poder y riqueza. Para conseguirlo, utiliza todas sus argucias y así progresar socialmente traspasando todos los códigos éticos. Ambos describen una sociedad corrupta en la que se puede progresar a través de favores y otras artimañas muy alejadas de los propios méritos. Son una sátira de esa sociedad paupérrima, aunque lo hacen en cada caso de forma muy diferente.

Los personajes. Mientras en “Almas Muertas” la historia gira alrededor de su protagonista y utiliza al resto de personajes únicamente para describir distintos caracteres de la sociedad rusa de una forma cruel y caricaturesca, habitualmente con copiosas comidas y bien regadas de alcohol; “Miau” se focaliza en cinco personajes principales que le facilitan describir a una familia española del siglo XIX. En “Miau”, además del cuñado pícaro tenemos a una enamorada dócil e ingenua, a un suegro pesimista desengañado con el Ministerio español y víctima de la burocracia, a una mujer despilfarradora y a su hijo Luisito, que dota a la obra de gran ternura.

Argumento. Siendo el de “Almas Muertas” un argumento muy singular (no habrá otra obra literaria en la que se compren almas muertas), es algo desigual y no puede dejar de apreciarse que está inacabado. Tiene una primera parte sensacional en el que se incluyen teorías del ser humano, como el de los gordos y delgados, dotadas de gran ingenio; pero especialmente en la segunda parte va decayendo. El argumento de “Miau” es más simple, aunque sus diálogos describen con un realismo conmovedor la angustia de una familia que pasa de llevar una vida bastante sosegada a convertirse en un sinvivir tras la llegada del cuñado a casa.

El amor. En ambos casos es tratado desde una perspectiva fría y manipuladora por parte del protagonista que se aprovecha de la candidez de una mujer soñadora con ansias de ser amada. Para Chichikov no forma parte de su objetivo principal, es sólo un medio para llegar a donde se ha propuesto. Para Víctor Cadalso en “Miau”, el poder manejar los sentimientos de su cuñada Abelarda haciéndole sentir que está enamorado de ella, le ayuda a tener un apoyo en su familia política y se convierte en la línea argumental a lo largo de toda la novela.

Finales trágicos en ambos casos como desenlace a los ejemplos de amoralidad. Una tragedia en la que Chichikov tras ser sucesivamente desenmascarado tiene que salir huyendo hacia otros lugares con su cochero, su caballo, la vergüenza y el descrédito social.  Otra tragedia es la que se va gestando en la familia Miau como consecuencia del desgaste psicológico. Alcanza tal nivel de desesperación por parte de los diferentes miembros de la familia que incluso uno de ellos desea acabar con su vida.

Llama también la atención la autoexigencia de ambos autores que en ninguno de los dos casos estuvieron satisfechos con sus obras. Por un lado, Gógol que estuvo ocho años escribiéndola y no sólo no consiguió acabarla, sino que la quemó. Y, por otro, Galdós que, aunque la terminó rápidamente, la consideraba una obra ligera y de poca piedra. Bendita autoexigencia que nos permite disfrutar de dos grandes novelas realistas del siglo XIX salpicadas de sátira y de drama.

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