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«Bill Viola. Espejos De Lo Invisible» En La Fundación Telefónica

«Bill Viola. Espejos de lo invisible» en la Fundación Telefónica

Siempre me ha resultado difícil por no decir imposible contestar a la pregunta de ¿quién es tu pintor o artista favorito? Hay tantos y de tantas épocas que ninguna respuesta me parecería acertada. Sin embargo, si me hicieran la misma pregunta sobre mi vídeo artista favorito sí que me atrevería a dar una respuesta. Bill Viola. Si bien es cierto que mi elección es realmente muy arriesgada y probablemente poco correcta, reconozco mi admiración por este artista neoyorquino que representó a Estados Unidos en la Bienal de Venecia de 1995. Ha sido capaz de construir un lenguaje mágico, efectista y embelesador a través del body art y de la performance.

La búsqueda de la espiritualidad se refleja en los temas que trata como el nacimiento, la muerte, el paso del tiempo u otras emociones. Una espiritualidad que se transmite con movimiento pero sin palabras lo que exige una atención más constante del espectador.

Juega con el tiempo y el espacio. Con el tiempo al modificar el ritmo de las secuencias y ralentizarlo hasta hacer el movimiento casi imperceptible (Slow motion) lo que te embruja y consigue la máxima atención ya que el vídeo, que puede llegar a ser confundido con una obra pictórica sólo se reconoce como vídeo tras una sosegada y concienzuda mirada. El espacio también se transforma empleando artificios que nos llevan a escenas imposibles como sus obras recurrentes en las que el agua que habitualmente simboliza calma y purificación atrapa a una persona bajo una cortina de agua.

La muestra que podemos ver en la Fundación Telefónica recoge obras que ya fueron expuestas en 2017 en el museo Guggenheim de Bilbao como “el estanque reflejante”, una de sus obras tempranas, en el que un hombre se tira a un estanque y el tiempo se detiene para luego darle otra vez movimiento y poder captar lo que ocurre sólo a través del reflejo en el estanque de forma totalmente fantasmagórica.

El estanque reflejante de Bill Viola
El estanque reflejante (1977-79)

También repite la “Habitación de Catalina”, en la que podemos descubrir la vida de una mujer en su habitación en diferentes momentos del día a través de 4 pantallas dispuestas de forma horizontal una tras otra y en diferentes estaciones del año, que se aprecian a través de una pequeña ventana sobre la que se ve el paisaje exterior. La mirada hacia ese espacio íntimo provoca una sensación de mirada indiscreta que penetra en el hogar de una mujer solitaria.

Habitación de Catalina de Bill Viola
Habitación de Catalina (2001)

Otra obra que repite y que, como la anterior, habla del paso del tiempo es “Caminando sobre el filo”. Una obra en la que se separan un padre y un hijo que toman caminos diferentes en la vida y que se representa de forma muy explícita a través de ese andar constante de ambos que parece que apenas avanzan y se encuentran a la vez lejanos el uno del otro por esa ausencia de comunicación como cercanos físicamente, una paradoja de la vida misma.

Caminando sobre el filo de Bill Viola
Caminando sobre el filo (2012)

Aunque siempre es un placer ver la obra de Viola, he de reconocer que mi primera sensación fue la de un “déjà vu” ya que muchas de las obras, como hemos mencionado anteriormente fueron expuestas hace apenas 2 años en España.

Sin embargo, hay una serie que no conocía que me causó una gran impresión especialmente por su colosal impacto visual. La serie “Mártires” fue encargada en 2014 para la catedral de Saint Paul de Londres. Consta de cuatro proyecciones que se colocan en una sala cuadrada, a modo de crucifixión y en ellas se pueden ver cómo diferentes personas son martirizadas bajo la amenaza de los elementos naturales: fuego, agua, tierra y aire.  Esas situaciones generan angustia, impotencia y estupefacción ya que sugiere que los personajes admiten su sino sin cuestionarse ni luchar contra él.

La escena en la que se encuentra el espectador en medio de la sala antes tales asfixiantes situaciones a las que no puede dejar de mirar le hace girar ante este panorama tan perturbador. El hecho de que el público no pueda hacer nada para parar estas escenas le convierte de alguna forma cómplice de la misma.

Mártires de Bill Viola
Mártires (2014)

En ocasiones parece hacer alusiones a diferentes épocas pictóricas del pasado. “El estanque dorado” recuerda a los exteriores del impresionismo, “el cuarto de Catalina” a “la hilandera” de Vermeer y la serie “mártires” a esas escenas oscuras propias del tenebrismo. Pero si bien se acerca a esta técnica con la eliminación de la voz (en la mayoría de su obra) y con la minimización de movimiento, es capaz de mostrar cómo esos exiguos movimientos consiguen un efecto desgarrador difícil de alcanzar en las técnicas estancas.

Hasta el 10 de enero de 2021

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